11 de January de 2016

San Lorenzo, un club que busca sobrevivir a los tiempos modernos

En las décadas del '60 y '70, sus equipos llenaban estadios y el club tenía una enorme vida social. Pero con el paso del tiempo todo cambió. Ahora alquila sus instalaciones y sólo hay 120 socios. "Sobrevivimos porque no perdemos la ilusión y la esperanza", dice Eduardo Luenzo, secretario de la institución.

El secretario de San Lorenzo, Eduardo Luenzo, junto a Juan Montoya, socio histórico de la institución.

Pablo Falcone

Twitter: @pmfalcone

En las décadas del '60 y el '70, sus equipos de fútbol no paraban de ganar campeonatos y los hinchas llenaban estadios. Llegaron a ser más de 20 mil el día que vencieron en el antiguo estadio San Martín al River de J.J López y "Mostaza" Merlo. Los éxitos adentro de la cancha eran respaldados por un club fuerte. El buffet estaba lleno y era el lugar donde los más grandes se juntaban a jugar a la cartas y a tomar el vermú cuando salían de trabajar. Los jóvenes se ocupaban de armar los bailes que no quería perderse nadie de la ciudad.

San Lorenzo supo conocer la gloria deportiva y social. Pero, con el paso de los años, todo cambió: en el club donde llegó a haber 12 mil socios, ahora sólo hay 120; las instalaciones se alquilan y el fútbol es deficitario.

San Lorenzo tiene su sede social en Peña 2950 y su villa deportiva sobre la ruta 88. Esos sos los dos pilares para que el club pueda seguir funcionado. "Las instituciones se han transformado en una inmobiliaria y no somos la excepción", cuenta Eduardo Luenzo, secretario y dirigente histórico de la institución. Lo dice porque el club ahora tiene que alquilar sus instalaciones para poder juntar plata. Así es como funcionan el gimnasio -fue modernizado por un acuerdo con el club de rugby San Ignacio-, la escuela de danza, de patín y el buffet. En la villa deportiva, los 150 chicos que integran las categorías del fútbol infantil juegan a la pelota todos los fines de semana. Los que pueden pagan los cuota, los que no pueden, no. "Preferimos tenerlos dos horas adentro pateando y no que estén en la calle", dice Luenzo. En "El Santo" también está el estadio donde juega el equipo de primera. De las épocas cuando los clásicos con Kimberley llenaban canchas sólo quedan los recuerdos. "El fútbol de Mar del Plata es deficitario. Los clubes sostenemos la liga y no recibimos nada a cambio", explica Luenzo. Para conseguir ingresos extras, la cancha es alquilada a equipos de primera división que vienen a hacer la pretemporada a la ciudad y a veces a clubes marplatenses. "Alquilar una cancha sale 1.500 pesos. Es más barato que todos los esfuerzos que se hacen por mantenerla", se lamenta Luenzo.

Con todos estos ingresos, más algunos aportes que los socios hacen de sus bolsillos, el club puede sobrevivir.

"La plata que juntamos alcanza para ir navegándola. A veces llegamos a la orilla y a veces nos quedamos a los 200 metros. Muchas veces tenemos que ser administradores de pobreza. Sobrevivimos porque no perdemos la ilusión y la esperanza", cuenta el secretario.

San Lorenzo se fundó el 1 de agosto de 1921 y desde la década del '40 su sede está en la calle Peña. Los años de gloria quedaron atrás como para la gran mayoría de los clubes de la ciudad. ¿Los motivos? Son muchos. Pero, en resumen, la gente ya no va a los clubes. "Las piletas y los gimnasios son actividades privadas que también nos compiten. Todo eso también hace que se pierdan los pocos socios a los que todavía les puede gustar venir a un club. Si no le das nada, no vienen. Y el club fuerte es aquel que tiene socios", dice Juan Montoya, socio histórico de San Lorenzo. Fue jugador, dirigente y hoy es el socio más antiguo con vida. "Antes hacías un encuentro en la institución y te dejaba plata. Hoy apenas se podés empatar", se lamenta.

La gente de la institución se fue yendo en los últimos 25 años. Antes, el club era el lugar donde los chicos del barrio se criaban. Pero todo cambió. "Esta fue nuestra casa, pero hoy los pibes no vienen", dice Luenzo para explicar los motivos por los que la institución ya no es lo que era. Las copas y trofeos de los años de gloria que lo rodean en el segundo piso de la sede del club son las huellas de esas épocas.

Otra de las preocupaciones de los dirigentes es la falta de recambio. "No vienen nuevas generaciones, pero el club no puede quedar acéfalo. Luchamos por transmitirle el compromiso a los más jóvenes pero es difícil", cuenta el secretario del club.

Historia de película

La historia de San Lorenzo -y de la mayoría de los clubes de la ciudad- parece sacada del guión de "Luna de Avellaneda", la película de Juan José Campanella, donde un club de barrio busca resistir al paso del tiempo y volver a los tiempos de gloria. Pero en realidad, el club sólo sigue viviendo por el esfuerzo de algunos de sus dirigentes y, al final, termina desapareciendo. "El que la hizo fue un adelantado. Va ser difícil que los clubes sigan subsistiendo. Con el paso del tiempo va a ser cada vez más complicado", dice Luenzo.

San Lorenzo sigue viviendo por las historias que se escribieron durante sus 94 años de vida. Luenzo aún se emociona cuando cuenta que la sede que hoy tiene el club se pudo comprar porque un socio hipotecó su casa para salir de garantía. "Esas son cosas que te mueven el corazón", dice con los ojos vidriosos. Y revela el secreto de por qué, a pesar de todo, no se rinden. "Yo no puedo tirar a la mierda todo el esfuerzo que hicieron ellos por el club. Tenemos una responsabilidad histórica con esas generaciones. Esos tipos me enseñaron una frase: al club no hay que pedirle nada, sólo hay que darle".

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