Un caníbal mendocino detenido en San Telmo
Lo buscaban desde 2006 por matar a un joven de 30 puñaladas. Luego le habría arrancado un tatuaje de la espalda y se lo devoró.
BUENOS AIRES - Un hombre apodado "El Caníbal", que está acusado de haber asesinado de 30 puñaladas a un joven y de haberle arrancado y comido un tatuaje que tenía en la espalda en 2006 en la localidad mendocina de General Alvear, fue detenido ayer en el barrio porteño de San Telmo.
La detención del sospechoso, identificado como Mauricio Alejandro Reyna Mulena (24), fue concretada a las 4 de la madrugada en el cruce de las calles Defensa y Chile, a cinco cuadras de la Plaza de Mayo.
El procedimiento estuvo a cargo de una comisión mixta de policías mendocinos de la Dirección de Investigaciones que viajaron especialmente a Buenos Aires, y detectives de Interpol de la Policía Federal.
Reyna Mulena, también conocido con el alias de "El Loco", encabezaba la lista de prófugos de la provincia de Mendoza y está acusado de ser el autor material del asesinato de Luciano "El Hueso" Redemí (22), cometido la madrugada del 7 de mayo de 2006 en General Alvear.
Por el caso, en su momento hubo tres detenidos en Alvear, pero todos ellos fueron juzgados y condenados por encubrimiento y en algunas de sus confesiones señalaron a Reyna Mulena como el autor material del crimen.
Según surgió del proceso, aquella madrugada Redemí regresaba de una fiesta a su casa junto a un amigo de 17 años y se encontró en el camino con "El Loco" Reyna Mulena y Sergio Baigorria.
Los cuatro fueron a beber a la bodega abandonada Upaeca y allí se desencadenó el aberrante asesinato.
En el juicio oral realizado en agosto pasado, el adolescente de 17 años que aquella noche acompañaba a la víctima contó que Reyna Mulena le pegó a Redemí una trompada, lo derribó, le aplicó una patada en la cara y, luego, extrajo "un cuchillo como el de Rambo" y lo apuñaló en reiteradas ocasiones.
Según esta declaración, "El Loco" luego le cortó a su víctima un pedazo de piel de la espalda donde tenía un tatuaje y se lo comió.
"Esto está salado", "un alma más para mí" y "comer el pellejo de tu contrincante te hace más fuerte", fueron algunas de las frases que los encubridores le escucharon decir al "Caníbal" mientras masticaba el trozo de piel tatuado que le había arrancado a su víctima.
El cadáver de Redemí primero fue dejado en una de las fosas de la bodega abandonada, pero horas más tarde Baigorria y Héctor Sepúlveda -otro joven que no estuvo presente en el crimen pero colaboró con el ocultamiento del cadáver-, lo arrastraron hasta una zona boscosa.
Allí, el 11 de mayo de 2006, la policía encontró el cuerpo de Redemí -cuya desaparición ya había sido denunciada por su madre-, enterrado en un pozo de tres metros de profundidad.
La víctima presentaba 30 puñaladas, la mayoría en el torso y en la espalda, y algunas en la cabeza y en las piernas y, además, tenía arrancada parte de la piel de la espalda.
En el juicio oral realizado en agosto del año pasado, la Segunda Cámara del Crimen de San Rafael condenó a Baigorria (21) a la pena de cuatro de años de prisión por el delito de "encubrimiento agravado", a dos años para Sepúlveda por el mismo delito y declaró responsable también por encubrimiento y mandó a un instituto de menores al adolescente que aquella madrugada acompañaba a la víctima.
"El Caníbal" permaneció prófugo dos años y ocho meses y se supo que había estado en la ciudad de Comodoro Rivadavia, ya que allí fue denunciado por amenazar a una mujer.
La Justicia dictó un pedido de captura nacional e internacional, motivo por el cual hubo efectivos de Interpol en su detención.-
