La calle Alem pasó del ruido nocturno a una actividad diurna más ordenada
Con la reconversión de la calle Alem en actividades diurnas, debido a una nueva ordenanza municipal que entró en vigencia hace unos 3 años, desaparecieron varias decenas de bares y disminuyó el flujo de visitantes durante todo el año. "Terminaron con el corredor turístico nocturno", definieron unos. Otros destacaron que el sector está "menos bullicioso y ordenado".
"Necesitamos que controles, no que censuren. Todos podemos convivir cumpliendo con la ley", explicaron desde la tienda de ropa urbana "La Playita", testigos del surgimiento, explosión y deceso de la calle Alem como movida nocturna, ya que están instalados en la zona desde 2001.
"Cuando abrimos -dijeron- trabajábamos hasta cualquier hora, ahora facturamos 4 veces menos. Me parece que tienen que incentivar el comercio en toda esta zona, no puede ser que cierren los negocios porque, al ser tan grandes, son inviables de mantener todo el año".
En la opinión de una de las propietarias del local, en el área hacen falta "cajeros automáticos, ya que hay uno solo, bancos y algunas oficinas, como para que le den movimiento todo el año y a toda hora. En el invierno pasado cerraron muchos por la cantidad de robos que sufrieron".
Si bien reconoce que "a la mañana, cuando abrimos, ya no nos encontramos con cadáveres de botellas y suciedad", esa falta de movimiento afectó las ventas que "se redujeron. Creo que podemos convivir todos, mirá lo que pasa en Palermo, que hay un local de ropa y al lado un bar".
La gama de comercios abarca desde restaurantes, boutiques, peluquerías, los bares sobrevivientes, cafeterías, carnicería, kioscos, locales de cadenas de alfajores, librerías, casas de ropa y hasta pet shops e inmobiliarias.
"Nada es lo que era", reza un viejo adagio y es lo que parecen pensar en "Pancho Bar", ya que desde que erradicaron los bares "la zona cambió, pero para mal. Se cargaron al turismo, ya no hay noche, pensá que cerraron más de 30 bares y mucha gente se quedó sin trabajo", opinó Gonzalo.
En la panchería también fueron testigos de los cambios que sufrió Alem, ya que funcionan en el mismo lugar -sobre la calle, a metros de Quintana-. "Unos pocos hicieron negocio -señala, ocioso, detrás del mostrador a las 9 de la noche de un viernes-, que son los que se instalaron en la costa, pero nadie se acuerda de toda la gente que directa o indirectamente perdió el trabajo con el cierre de estos bares".
Como una muestra de esa metamorfosis, la clásica sandwichería bar "La Princesa" abre también al mediodía, aunque reconocieron que "la facturación bajó, casi un 65 por ciento".
Aluvión
Hace apenas una década atrás, un viernes a la noche, la esquina de Quintana y Alem era el "meeting point" de chicos y chicas, muchos de los cuales buscaban allí sus tarjetas para entrar -sin cargo con descuento- más tarde al boliche.
Mientras esperaban, compartían algún trago en los múltiples bares que se sucedían en ambas veredas, desde Almafuerte hasta Peña inclusive.
Hoy, febrero de 2014, las primeras horas de la noche muestran el paso de algunas familias, amigos adolescentes restrasados en abandonar la playa y ciertas parejas que buscan sitio para comer o cargan con bolsas de compras.
"En Mar del Plata, en los últimos años, parece que tratan de echar a los turistas. Cerraron la noche y ahora ni siquiera los dejan comprar pochoclo desde el auto, ya que enseguida empieza el policía a tocar el pito en vez de perseguir delincuentes", opina un propietario de uno de los bares sobrevivientes.
"La gente que gastaba en querer divertirse no viene más -señala otro, que también opta por el anonimato-, porque no te pueden decir que te vayas a dormir a las 4 de la mañana. Hablamos de gente grande, porque los que gastan tienen más de 30 años".
Con el cierre del corredor nocturno, la noche marplatense perdió "la mística y turistas también, que se fueron a otros sitios de la costa atlántica. En una ciudad turística, en la que el clima es inestable, tenés que dar otras opciones", coincidieron. "El traslado a la costa fue negocio para unos pocos", acotaron.
Sin cambios
En una de las parrillas que abrió en la zona poco tiempo antes de la entrada en vigencia de la ordenanza que reordenó la zona, sentenciaron que "la erradicación de los bares hizo que todo este más ordenado, un poco menos sucio, pero no nos afectó directamente porque la gente que iba a los bares no es la misma que viene a comer".
"Ahora se ven más familias, gente un poco más grande -analizaron- es como si los jóvenes hubiesen desaparecido".
Desde hace un cuarto de siglo, la heladería Italia tiene una de sus sucursales en Alem casi Saavedra, que despachaba casi todo el día. Ahora cambió, ya que "a las 3 de la mañana no queda nadie, cuando antes cerrábamos a las 6 o 7. Cambió mucho, hay menos gente y menos consumo. La juventud desapareció", señalaron Julian García y Mariano Malowany.
Desde el punto de vista catastral, las propiedades "no sufrieron cambios, mantuvieron su valor" aunque tampoco se reactivó el mercado porque "para eso es necesario que se reactive el país", opinaron desde una inmobiliaria histórica de la zona.
"Alem está más tranquilo, menos bulliciosa y no hay tanta mugre a la mañana, pero para reactivar la zona se necesita un cambio integral", consideraron.
