4 de diciembre de 2017
Comentarios

Yemen sin rumbo

por Raquel Pozzi

Los miembros del grupo rebelde hutíes, conocidos también como Ansar Allah (partidarios de Dios) no sólo dieron a conocer la muerte del ex presidente de Yemen Ali Abdullah Saleh sino también a gran parte de los integrantes del partido “Congreso General del Pueblo”. Los hutíes, quienes controlan la capital, Sanná, se adjudican el asesinato como resultado de la tensa relación que Saleh tenía con sus antiguos aliados. Imágenes del ataque sufrido por el ex presidente yemení agobian las redes sociales provocando confusión en la forma que fue realizado el mismo.

La situación es cada vez más complicada y los efectos se ciernen sobre la población civil atrapada entre disparos y bombas entre el ejército aliado a Saleh y los hutíes. La justificación del accionar rebelde se centra en derrotar a las “milicias de la traición” seguidores de Saleh quienes habrían comenzado a dialogar con la coalición Arabia Saudí/EEUU actitud que enardeció a los hutíes cortando el fino hilo que unía la única posibilidad de gestionar una tregua para lograr apaciguar las tormentas. La región no sólo está atestada de terror sino también del despertar de diferentes tribus que hasta ahora mantenían posturas independentistas con respecto al conflicto. Si hay que agregar más fuego, los hutíes actúan como bomberos piromaníacos ya que además de los asesinatos perpetrados, es incierto el paradero del hijo de Saleh y parte de la familia.

Algunos portales abogan por una paz que a estas alturas se ha tornado utópica frente a la irrefrenable ira de los yemeníes que se desangran entre el hambre, la sed y las enfermedades consolados por el Movimiento Popular Ansarullah (hutíes) alardeando poder en alianza con fuerzas iraníes. El ataque con un misil por parte de los hutíes a la central nuclear en Emiratos Árabes Unidos cuyo impacto fue en las inmediaciones zamarreo a la cúpula política del Riad y apreció la oferta de Saleh de ir contra los hutíes, esa carrera fue la que le valió la vida al ex presidente y dictador de la República de Yemen.

Odios históricos

La muerte del líder de los hutíes Hussein Badr al Din al Huti en el año 2004 recrudeció el enfrentamiento contra Alí Saleh luego de la masacre en la Universidad de Saná en mayo 2011 solicitó la ayuda de Arabia Saudí exportando el conflicto y generando mayores resquemores entre la línea zaidíes (apoyado por los persas) y el sunismo wahabista (apoyado por los saudíes). La salida de Saleh en julio de 2011 y la llegada del gobierno de transición del vicepresidente Mansur Hadi con tendencia pro-norteamericana generaron terreno fértil para que otros grupos radicalizados como Ansar Al-Sharia (grupo salafista libio) y Al – Qaeda de la Península Árabiga (AQPA) aprovecharan el vacío de poder. El conflicto obligó al presidente Mansur Hadi a trasladarse hacia Aden (2da. ciudad más importante en Yemen) transformándola en la Capital “de facto” ya que Sanná (capital de hecho) está en manos de los rebeldes hutíes, lo que significa para la región la victoria de Irán y la maleable vulnerabilidad del presidente Hadi como títere de los saudí.

El panorama si bien arenga la complicación lo cierto es que Saleh coqueteó con todos los poderes de la región para mantener el suyo luego de haber gobernado desde 1978-1991 en momentos que Yemen estaba dividida en Sur y Norte hasta la llegada del efecto dominó de la primavera árabe en el año 2011 dimitiendo en julio 2011 con la llegada del gobierno de transición del vice-presidente Mansur Hadi.

La radicalización del conflicto se solidificó con la furia e indignación por parte de Saleh quien tenía a disposición arsenal importante devenido de los militares saudíes para terminar con el ejército rebelde hutí. Lejos de lograr este objetivo reavivó el rencor y potenció a sus viejos aliados al deslegitimarse Saleh por no lograr derrocar a sus antiguos amigos y flamantes enemigos. Otro costado del conflicto lo protagonizó el presidente Hadi cuando la región cayó en el peor de los infiernos, la situación insostenible obligó a Hadi recurrir a la ayuda menos deseada, una coalición árabe encabezada por los saudíes, la suerte estaba echada y Yemen se desangraba con tantos muertos.

Uno de los más desgraciados

La República de Yemen es uno de los estados más pobres del planeta con una población de aprox. 27 millones ubicado en el puesto 165 según el índice de Desarrollo Humano en función de su PIB entre los más pobres dentro de los 196 países, la falta de alimentos y el efecto pinza para desproveerlos de provisiones vitales y medicamentos generado por los árabes para acorralar a los hutíes y las tribus zaidistas ha elevado las alarmas desde Acnur ya que más de 3 millones de yemeníes abandonaron su país, 18,8 millones con necesidades humanitarias y 7,3 millones al borde de la hambruna, 2,2 millones de infantiles sufren de malnutrición aguda y más de 400 mil se encuentran actualmente en situación de malnutrición grave (SAM).

Yemen padece el peor brote de cólera y casi todos los distritos están afectados por la epidemia como también gobernaciones en riesgos de hambruna como Al Hudaydah y Taiz (cuarta parte de la población total del país). Sin agua potable, sin alimentos y sin la posibilidad de la llegada urgente de ayuda internacional, Médicos sin Fronteras afirma haber atendido miles de heridos por ataques aéreos en sus campos o mutilados por minas terrestres y francotiradores apostados en las ciudades.

Millones de personas, según MSF, requieren urgente ayuda y atención mundial no sólo por el colapso de la economía yemení sino también la desestructuración de los servicios básicos y redes de seguridad social.

Sin rumbo parte de la población festeja y la otra se escuda donde puede, nadie se reconoce porque así es la guerra en Yemen, el odio por las pérdidas, el odio por la indignidad y el odio por el odio torna la región en la más peligrosa de la aldea global no sólo desde lo militar sino desde la geopolítica donde dos de los estados poderosos como Arabia Saudita y la República Islámica de Irán mantienen la vigilancia atenta de los otros poderosos que refriegan sus manos esperando el desenlace letal que les transfiera el dominio global a expensas de millones de civiles muertos. Yemen sin rumbo, Yemen a la deriva.

(*):  Analista en política internacional.

Subir