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Ana María Picchio: “Si fuera más joven, estaría preocupadísima de que el futuro sea tan incierto”

Entre recuerdos, anécdotas y reflexiones, la querida actriz habló con LA CAPITAL antes del debut con El Secreto, este viernes, en el Teatro Atlas, junto a Gerardo Romano, Rodrigo Noya y Gabriela Sari.

Arte y Espectáculos 1 de enero de 2026

Ana María Picchio se encuentra una vez más en Mar del Plata, a horas de debutar con la obra “El secreto”, en la que comparte escenario con Gerardo Romano y con Rodrigo Noya y Gabriela Sari.

Entre ensayos de último momento, con cambios en la escenografía, dado que no era el plan original de la producción instalarse en el Teatro Atlas, la querida actriz compartió con LA CAPITAL recuerdos, anécdotas y reflexiones sobre la vida, las temáticas de la pieza –que viene de un gran éxito en calle Corrientes– y la situación laboral de los artistas.

“Si fuera más joven, estaría preocupadísima de que el futuro sea tan incierto”, confió Picchio en la charla, en la que reconoció que no es partidaria de contar sus secretos, que viene de unos años intensos y le gustaría tomarse un descanso, pero también que trabajar con Romano fue una gran motivación para hacer “El secreto”.

Escrita por el francés Eric Assous y dirigida por Manuel González Gil, la obra teatral presenta la historia de una pareja que acaba de jubilarse y vive en un elegante departamento. Aunque su vida parece tranquila, entre pequeñas discusiones y rutinas, un secreto inesperado sale a la luz y lo cambia todo. Desde este viernes, la obra se presentará de martes a domingos en el Teatro Atlas.

Ya instalada en la ciudad, para una nueva pero “inesperada” temporada de trabajo, Picchio reconoció que “tenía todo un plan para quedarme en Buenos Aires. Médicos, cosas de la casa, familia, pero bueno, se dio de otra manera y de a poquito vamos a ir poniendo las cosas en orden”.

– ¿Te había pasado a lo largo de tu trayectoria algún imprevisto similar?

– No, jamás. Nunca me pasó una cosa así, de tener que resolver algo, como en este caso que el médico no le autorizó a Brandoni a viajar a Mar del Plata y entonces Rottemberg nos preguntó “¿ustedes accederían a cambiar el plan y venir a Mar del Plata?”. Y dijimos que sí. Fue un lindo entendimiento que hubo entre todos.

– Y así llega el debut de esta obra que es bastante frenética, ¿cierto?

– Hay muchas cosas que pasan y hay mucha risa. Eso es lo interesante de este autor que toma temas serios y los pone en un estilo vodevil. Entonces, vos te reís, te reís, te reís y al final decís, ¿de qué me estoy riendo? Esto es una cosa seria. Pero es muy gracioso, todo lo que decimos cada uno, todas las situaciones.

– Los personajes están sufriendo y la gente se divierte, ¿no?

– Exactamente, es así. Cuando los actores actúan a cara de perro, es cuando más se ríe la gente.

– Y vos, ¿cómo sos con eso de los secretos?

– En realidad, yo no soy muy amante de decir los secretos. A mí me decís “que no se entere nadie” y no se entera nadie. Y los míos… tampoco. Pero lo que pasa es que los de la obra tienen otro calibre, vienen por otro lado. Pero igual, yo no los contaría porque yo creo que uno, primero, se tiene que perdonar uno las cosas que hace. Cuando se equivoca en la vida, uno se tiene que perdonar. Después, ya no importa que los otros te perdonen o no.

– ¿Qué es lo que más te gustó cuando leíste el texto, cuando te lo propusieron?

– Lo que más me gustó era la idea de trabajar con Romano. Y Romano dijo que sí, entonces calza justo. Y Gabriela y Rodrigo se enganchan perfectamente bien.

– Ya habías trabajado con Gerardo, pero no en teatro.

– Nunca habíamos trabajado en teatro, por eso yo lo elegí. Yo lo conocía y ya habíamos trabajado en “El Marginal” y “En el barro” y yo sabía que esto lo podíamos hacer muy bien.

– Venís de unos años muy intensos de trabajo.

– Estuve cuatro años sin parar, desde “PerdidaMente”, un personaje que me transformó y lo volvería a hacer en cualquier momento, pero sin parar. Ahora tengo que seguir, por lo menos la temporada en Mar del Plata hay que terminarla. Pero estoy recién operada de cataratas, imaginate cómo están mis ojos, todavía falta que se desinflamen, no me puedo pintar, pero veo bastante mejor que antes. Todavía no del todo, pero bastante mejor.

– ¿Sos de balances, de esos típicos de esta época del año?

– No. Hoy estábamos hablando justamente de eso. El único balance o recuerdo interesante y divertido es de cuando yo era muy chiquita, que mis padres me llevaban al centro a ver cómo desde las oficinas y desde los ministerios la gente tiraba todos los papeles que se habían juntado durante el año y los tiraban por la ventana. Y a mí me parecía tan divertido. Pero después no soy de proponerme ‘esto y esto lo voy a solucionar’, ‘esto lo voy a controlar’, ‘esto no lo voy a repetir’. No, esos balances ya no los hago. Tampoco hago las perspectivas, planificaciones. Yo no veo cambios radicales en mi futuro. Ahora, con tener salud, para mí ya es suficiente. Yo pido salud para todos. Y segundo, trabajo, como en este momento, que es muy difícil tener trabajo.

– ¿Te preocupa no tener trabajo?

– No me lo tomo con preocupación, pero porque tengo los años que tengo. Si fuera más joven, estaría preocupadísima de que el futuro sea tan incierto, para los actores y para el país en general. Pero especialmente para nosotros con todas las limitaciones que tenemos para ejercer la cultura.

– Sigue costando entender la importancia del arte y la cultura, pero vos siempre has sido una luchadora por la profundidad y por lo que implica.

– Sí, yo no voy a decir que uno se cansa, porque uno la lucha no la abandona. Pero es mucha la lucha. Los actores no bajamos línea. Cuando uno va al teatro, te dan ganas de vivir y conocer lo que está pasando. Porque uno va al teatro y ve su vida como en un espejo, su vida proyectada. Y uno sale alimentado del teatro, sale como nuevo. Yo veo a la gente cómo sale de nuestra obra, cómo colabora la gente con lo que ve, cuántos tienen situaciones parecidas a las que hablamos en la obra. Y el teatro, más allá de la diversión que puede causar, hace bien, hace de explicación a lo que pasa, no te deja solo. Del teatro salís alimentado, comprendiendo cosas. Es maravilloso el teatro. Y el cine, ni hablar. A mí el cine me da vuelta por todos lados. Hay que cuidar, hay que luchar para que sigan existiendo. Junto a todas las batallas diarias que uno también tiene que ir dando, en tantos ámbitos de la vida, esta es una más. Porque en este momento hay una cantidad enorme de compañeros y compañeras que están sin trabajo. Y mirá que hay espectáculos. Aquí es impresionante y los que dejamos en Buenos Aires…

– ¿La variedad, la calidad y la accesibilidad son factores que hacen que se conserve el público teatrero, que se forme nuevo público?

– Exactamente, aprender a ver, no solo disfrutar, sino entender de qué se trata o todo lo que conlleva. Y en Mar del Plata creo que el público disfruta muchísimo más que el que va a Buenos Aires. Te esperan, te agradecen, te comentan, analizan, se divierten más, están más relajados, es más cercano. En el interior también, cuando vamos de gira, sentimos eso. Como la entrega que tenemos nosotros para con ellos, la tienen ellos con nosotros. En Mar del Plata hasta me han llevado de vuelta al hotel. Yo me vuelvo caminando, pero me han dicho, de ninguna manera, la llevamos. Eso de que la gente se quede, te espere, te comente, en Buenos Aires no pasa.