El juego y la guerra: ajedrez, wei qi y la lógica del conflicto
Por Nicolás Martínez Sáez
En este momento de tensión internacional nada parece más inoportuno que hablar sobre juegos. Sin embargo, cabe recordar unas palabras del ex secretario de Estado de EE.UU., Henry Kissinger, en su libro China (2011). Allí, este temible estratega se animaba a dar una explicación lúdica del mundo haciendo una analogía entre, por un lado, el pensamiento estratégico occidental y el ajedrez y, por otro lado, el pensamiento estratégico chino y el wei qi, un juego de mesa chino conocido también como GO donde dos jugadores van colocando alternativamente sus fichas en un tablero con la intención de ocupar más territorio que el adversario. En el ajedrez, afirmaba Kissinger, se busca el control y la victoria total, es una batalla por todo o nada, en cambio en el wei qi se busca una batalla prolongada que tiene como objetivo rodear lentamente las fichas del adversario limitando sus movimientos hasta lograr encerrarlo.
La analogía no es original de Kissinger. El filósofo moderno Gottfried Leibniz, en unas Notas sobre ciertos juegos (1710), ya había realizado un planteo semejante entre estos dos juegos donde no existe el azar. Reflexionando sobre el wei qi, Leibniz sostenía que “su singular lógica, a saber, que todo se resuelva no matando al enemigo sino solo reduciéndolo a la inmovilidad (lo cual no ocurre en nuestros juegos), merecía ser recordada”. De esta manera, cuando hablaba de “nuestros juegos”, Leibniz se refería principalmente al ajedrez pero también a otros juegos de tablero y de estrategia griegos y romanos. El juego chino wei qi era la otredad radical, lo distinto pero digno de recordarse.
Hace unos días, hemos visto actuar a EE.UU. con la lógica de occidente, la confrontación directa, la inteligencia precisa y el corto plazo pero desde hace algún tiempo ignoramos la lógica del rodeo indirecto, la fuerza arrolladora del trabajo y el largo plazo con que China ha penetrado en Hispanoamérica. No es ningún secreto, o al menos así lo sugieren múltiples análisis, que el conflicto de Venezuela es, en el fondo, un conflicto entre EE.UU. y China por el control geopolítico de la región y que pone al pueblo venezolano ante la dicotomía entre un bravucón y un autoritario.
Quienes hoy se amenazan militarmente en el tablero mundial, que es nuestra Tierra, olvidan la enseñanza de Odo de Chériton (1185-1247), aquel predicador medieval que criticaba a quienes se jactaban de su nobleza: “A estos ricos les ocurre lo mismo que sucede en el juego del ajedrez, cuando las piezas son puestas en el tablero; unas piezas se llaman reyes, otras soldados, otras alfiles, otras peones. Y los hombres juegan con ellas. La que vence es considerada como buena. Pero en la bolsa [cuando termina la partida] son colocadas todas sin orden ni jerarquía”.
(*): Doctor en Filosofía.
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