Una “saladita” a metros del mar: la feria donde se vende desde ropa hasta choripanes
Apostado en la playa Bristol, hay un mercado sin control que llega hasta la pileta cubierta. Se puede comprar indumentaria de todo tipo, souvenirs, regalos y comida a precios inferiores a los de los comercios habilitados.
La denominada "Saladita" se ubica en la playa más céntrica de la ciudad.
Una especie de mercado a cielo abierto funciona a metros del mar y del Skate Park de la Bristol, en el que se pueden conseguir desde ropa deportiva hasta trajes de baño, pasando por zapatillas y camperas de abrigo hasta los tradicionales souvenirs de Mar del Plata. A su vez, sobre la Rambla —desde el Casino Central hasta pasar la Pileta Cubierta, a metros del Torreón del Monje—, se suceden los puestos de comida rápida y una miniferia con percheros instalados en la vereda.
Con precios incomparables a los de los negocios habilitados, incluso muchos de ellos ubicados a pocos metros de distancia, las prendas deportivas de marcas no oficiales se convierten en un gran imán para los transeúntes, ya que los shorts de la insignia del cocodrilo cotizan a $20.000 y los que tienen impresa la famosa pipa a $15.000, al igual que los de las tres tiras.
Las “chanclas” de goma —de distintas marcas ilegales— cotizan desde $18.000, de acuerdo al modelo, mientras que las zapatillas de las tres tiras se consiguen desde $50.000. La variedad de prendas incluye minifaldas y shorts animal print desde $20.000, “en todos los talles”, informa al pasar una de las vendedoras, mientras que las gafas de sol se pueden comprar desde los $5.000 y las que tienen aumento pueden costar el doble.
La feria a cielo abierto —considerada por muchos como “La Salada de la Feliz” por el tipo de mercadería que comercializa— se extiende a lo largo de unos cien metros, entre el edificio del Casino Central y el primer pasillo que conduce a la playa Popular, a la altura de la peatonal San Martín. En el mercado a cielo abierto los puestos se suceden en un angosto pasillo doble mano, por lo cual no es demasiado apto para claustrofóbicos y se asemeja a los pasadizos existentes en las villas de emergencia.
Los acentos de muchos de los vendedores denotan que no son nacidos en el país, tal es el caso del hombre que vende gorras para protegerse del sol desde $12.000 con el logotipo del cocodrilo impreso al frente.
Con acento caribeño, una joven ofrece vestidos desde $15.000, cuyo valor va en aumento a medida que cambia la tela y el modelo.
En uno de los mostradores que ofrecen artículos electrónicos —como los parlantes pequeños desde $39.000 y auriculares desde $20.000— los vendedores también son extranjeros.
Entre el ir y venir de los visitantes circulan sin cesar —al menos el sábado a la tarde— dos hombres corpulentos, con gorro estilo piluso y remera gris con la identificación del Sivara (Sindicato de Vendedores Ambulantes de la República Argentina) que ante la consulta de este medio proponen redirigirla a la sede central, aunque dicen desconocer quién es el secretario general.
Deslealtad
Además de los stands de indumentaria, a lo largo de todo ese sector de la Rambla funcionan los puestos de comida rápida como panchos —desde $3.000 a $3.500, con aderezos y papas pay—, hamburguesas completas (queso, cebolla, lechuga, tomate y huevo) entre $6.000 y $7.000 y los choripanes entre $6.000 y $7.000 la unidad, “con salsas a elección”, explicó uno de los vendedores.
Los conos de papas fritas se venden por $5.000 y los paquetes de garrapiñada a $2.000 (mil pesos más los de pochoclo).

En uno de los barcitos de la Rambla consideraron que “los puestos móviles de venta de comida que están acá enfrente son competencia desleal. Es todo un gran tongo”.
Desde detrás de la caja registradora de otro de estos establecimientos, legalmente habilitados, opinaron que “nadie controla nada”. “Imaginate la cadena de frío de esos productos”, aventuraron.
“Este despelote viene desde hace años —añadió el hombre— y aparece la protección de un sindicato. Decime qué derechos protege un gremio cuando todo lo venden en negro. Eso es la Saladita”.
No solo se comercializan productos de indumentaria, sino también de índole artesanal, como tobilleras y muñequeras desde $2.000 o los típicos souvenirs, como lobitos de mar que cambian de color de acuerdo al clima o la “estrella culona”, furor este verano, a razón de $4.000 la unidad.
“También tenemos ofertas de tres por $10.000 y se pueden combinar con llaveros”, detalló el vendedor.
A pocos metros de la Pileta Cubierta se suceden los percheros portando camperas invernales que imitan a una reconocida marca, cotizando a $39.000 la unidad. Los juegos de playa para los más chicos —balde, palita, rastrillo y una pelotita, los más básicos— parten de los $4.000, mientras que la lona para descansar sobre la arena está a $5.000.
Los vestidos, símil hilo o bambú, parten de los $15.000, aunque los que portan “más diseño” pueden alcanzar los $45.000.
María Inés y su marido Manuel miran, caminan y no se deciden. La pareja llegó desde Corrientes el pasado 15 y se despedirá de la ciudad este lunes. “Estamos viendo qué les llevamos a los nietos —contó la mujer—. La verdad que muy linda no queda la feria acá, no va con el paisaje hermoso de Mar del Plata, pero los precios no tienen competencia”.
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