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La Ciudad 12 de febrero de 2026

¿Castagnino, en qué club jugás?

Pocos meses antes de su sorpresivo fallecimiento, el artista plástico Juan Carlos Castagnino expuso en Mar del Plata 75 obras, fruto de una vida dedicada al arte. También ofreció una entrevista entrañable, donde recordó vivencias de su infancia en Mar del Plata.

Castagnino reflejó en sus pinturas un fuerte compromiso con las problemáticas sociales, herencia de su humilde infancia en Mar del Plata.

 

 

Juan Carlos Castagnino nació el 18 de noviembre de 1908 en un hotel de Luro entre España y XX de Septiembre, donde sus padres habían arrendado una habitación para que viniera al mundo, asistido por una partera.

Vivió sus primeros seis años en el paisaje rural de Camet, donde su padre tenía una herrería, hasta que en 1914 el grupo familiar -numeroso, por cierto- se instaló en Funes 1336. Cursó estudios primarios y secundarios en la ciudad y tuvo su primera aproximación al mundo del arte como empleado de la galería Witcomb, que en verano abría sucursales en Mar del Plata.

En 1928 ingresó a la Escuela Superior de Bellas Artes en Buenos Aires y también cursó la carrera de arquitectura, graduándose en 1941. Tuvo una sólida formación artística (uno de sus maestros fue Lino Enea Spilimbergo) que amplió en sus viajes por Europa, Asia y América Latina.

Castagnino reflejó en sus pinturas un fuerte compromiso con las problemáticas sociales, más allá de los espléndidos caballos o de la célebre ilustración del Martín Fierro que realizó en 1962.

El más notable artista plástico nacido en Mar del Plata hizo su última exposición local en el verano de 1971 en la Galería del Mar, que funcionaba en Rivadavia 2188. Como en una suerte de premonición, expuso obras que compendiaban toda su vida artística. Y en una entrevista, recordó su infancia:

-A partir de esta muestra que se remonta a 45 años, he tenido la satisfacción de encontrarme con muchos amigos que recordaban cuando éramos chicos e íbamos junto al cine que se llamaba “Fulerín”, que estaba en el triangulito de Guido y Luro, donde también se jugaba al fútbol. Allí se formó el Club Nación. Yo era vecino de donde se fundó el Club Quilmes. Comencé pateando la pelota de trapo, después la número 3 y luego la número 4, que eran las que se usaban. Vivía en Funes y 3 de Febrero e íbamos a jugar al triangulito, donde había que eludir al otro y también a los eucaliptus.

-Lo que requería gran habilidad…
-Sí, desde luego. Y también de chico veníamos al centro, muy cerca de aquí, donde estaba esa famosa cancha donde vi jugar al Racing de (Natalio) Perinetti y (Pedro) Ochoa. Les tenía una admiración bárbara. Me gustaban las tácticas de La Academia de aquel tiempo. Después seguí jugando al fútbol.

-¿Jugaba en algún equipo de nuestra ciudad?
-En Sudamérica.

-¿Recuerda algunos apellidos de quienes jugaban con usted?
-Recuerdo a Farro. Y después a Manolo Diez, que después se fue a jugar a Estudiantes de Buenos Aires y me llevó. Jugué algún partido en intermedia, pero después los estudios, la arquitectura, la pintura, en fin… No obstante corría carreras pedestres de 100 metros.

– Entonces en el fútbol habrá sido puntero derecho…
-Sí, era wing derecho. Me llamaban “liebre” cuando era chico porque corría muy ligero, era muy veloz. Cuando volvía a Mar del Plata, los muchachos del barrio no me preguntaban qué estaba estudiando o qué estaba haciendo, sino ¿en qué club jugás? ¿Qué simpático, no? Porque a uno lo recuerdan por otras cosas que también hacía.

-¿Algunas canchas de ese tiempo ya desaparecido?
-Bueno, la de Independiente en Pompeya y la de la Plaza España, donde me tocó jugar contra Lipton de Montevideo, aquel del vasco Cea. No se quién faltó y me tocó jugar en primera, nada menos que con los uruguayos.

“Uno se ha formado en la cancha y con la expectativa de la gente. Eso es lindo. Después, cuando uno se va formando como artista y piensa también en la expectativa de los públicos, es interesante”.

-¡Qué lindo recuerdo!
-Sí, porque incluso uno se ha formado en la cancha y con la expectativa de la gente. Eso es lindo. Después, cuando uno se va formando como artista y piensa también en la expectativa de los públicos, es interesante. Siempre hay una cosa de darse a alguien, de comunicarse, de servir… si se puede hacer un gol o colgar un buen cuadro, siempre hay una cosa…

-¿En aquel tiempo usted veía algo de arte en el fútbol?
-Sí, incluso con otros pintores y artistas comentábamos, porque la cosa popular interesa a mucha gente y hacíamos algunos ensayos sobre el fútbol como ritmo ya que indudablemente lo tiene. Yo siempre he sido apasionado del fútbol.

-¿Le inspiró algún cuadro?
-Hace unos tres años intervine en una exposición sobre el fútbol. Yo pinté un gol nocturno un tanto dramático, en el que se ve la mano de un arquero tratando de tomar la pelota. Y un barullo, una vorágine de defensores y delanteros… una cosa muy dramática, repito.

CASTAGNINO - IA color

-¿Hace mucho que no exponía en Mar del Plata?
-Unos tres o cuatro años. Pero así, una obra total, en conjunto, mucho más. Unos seis o siete años. Claro que esta es más extensa, ya que son cerca de 75 obras, que son 45 años de trabajo, de toda la vida en el mar, de mis primeras cosas que realicé. Hay un pescador de 18 años, un pibe pescador que yo también tendría su edad cuando lo dibujé. Para mí era traer un poco las cosas de la trayectoria pasada.

El Museo Municipal de Arte que funciona en la antigua Villa Ortiz Basualdo lleva el nombre de aquel niño que nació en un cuarto de hotel.

Castagnino nunca se desligó de Mar del Plata y tuvo un taller en un paraje rural, cerca de Camet, donde vivió su primera infancia. Falleció sorpresivamente en Buenos Aires el 21 de abril de 1972, a los 63 años.