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La Ciudad 14 de febrero de 2026

El día que Rucci habló de Silvia Filler

Olvidada en el archivo de LA CAPITAL, duerme una vieja entrevista al entonces secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci. Emerge de ese texto el clima de enfrentamientos que terminaría, entre otros desenlaces, con su propia muerte.

José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT, escribe a máquina las respuestas que le formula un periodista de LA CAPITAL. Corría el año 1972.

El martes 2 de mayo de 1972, LA CAPITAL publicó una entrevista al entonces secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, alfil del exiliado expresidente Juan Domingo Perón.

La inusual foto que ilustró ese artículo impacta hoy con su densa simbología. Lo vemos a Rucci escribiendo a máquina en una oficina del hotel de la Unión Obrera Metalúrgica, ex-Royal. A su lado está el periodista Heberto Calabrese, autor de la entrevista. En una pared cuelgan las fotos de dos exdirigentes de la UOM: Augusto Timoteo Vandor y Rosendo García. Al primero lo habían asesinado en 1969 y al segundo en 1966. Rucci correría la misma suerte.

El periodista explicó en su texto el motivo de la escena que vemos en la foto: “Lejos de su mentada reticencia al contacto con los periodistas, el dirigente se avino cordial al más extenso diálogo. Claro que primero exigió el filtro de tener el interrogatorio y responderlo por escrito. “Hágalo ahora que ya se lo contesto” dijo. Y fue así. Se sentó frente a una máquina y a medida que el redactor de LA CAPITAL le extendía las preguntas manuscritas, él las respondía tecleando con dos veloces dedos”.

El “diálogo” giró inicialmente sobre cuestiones de coyuntura, como los recientes aumentos salariales que había otorgado el gobierno de Lanusse.

En el transcurso de la charla, según narró el periodista, el entrevistado dejó la máquina de escribir “…y por su propia iniciativa se abrió cordial a una conversación amplia, llana y simple”. Fue entonces cuando denunció “una campaña perfectamente orquestada para confundir y desprestigiar a Rucci como secretario general de la CGT”.

“Ayer nomás -continuó- inundaron la Avenida de Mayo con infinidad de panfletos con una fotografía publicada hace tiempo en un diario de Mar del Plata y repitiendo la absurda imputación de esta ciudad, donde murió una chica”.

La “chica” era la estudiante Silvia Filler, quien había sido asesinada cinco meses antes en la Facultad de Derecho por miembros de la Concentración Nacional Universitaria (CNU), grupo de ultraderecha que articulaba con la ortodoxia del peronismo.

La foto usada en los panfletos había sido publicada por LA CAPITAL el 17 de agosto de 1971, cuatro meses antes del crimen de Filler, en el teatro Alberdi de Mar del Plata, durante una disertación del profesor Carlos Alberto Disandro, ideólogo de la CNU. Rucci asistió a ese encuentro y ocupó un lugar en el escenario junto a Di Sandro y varios integrantes de la CNU. Dos de ellos participarían cinco meses después en el crimen de Filler.

“No entiendo -dijo Rucci en la entrevista- cómo alguien pueda pensar en que la CGT pueda haber tenido interés en provocar un hecho, un asesinato entre estudiantes. Es tan absurdo, es tan ridículo, que no merecería ni siquiera comentarlo. Pero ante la insistencia en reiterar la imputación no podemos menos que poner en evidencia la maniobra para que la gente saque conclusiones y advierta que forma parte de una campaña. Y también para que la gente adivine quiénes están realmente interesados en desprestigiar a la CGT y a Rucci y qué fines persiguen”.

El dirigente atribuyó los motivos de la campaña a que “como peronista, obedezco estrictamente las órdenes del General Perón”, y añadió: “¿Alguien puede dudar que en un acto eleccionario ganará ineludiblemente el peronismo? Si es así, pueden darse cuenta quienes, desobedeciendo a las claras las instrucciones de Perón, provocan con sus actitudes una reacción que puede interrumpir el proceso que nos llevará a las elecciones. El peronismo será gobierno en cuanto el pueblo se pronuncie en elecciones sin proscripciones y libremente. Se reiterará el glorioso día de 1946 en que como un vendaval el pueblo llenó las urnas para hacer la gran revolución nacional. Son los inmundos bolches los que intentan engañar al movimiento obrero para que transite un camino que no lo llevará a su triunfo”.

Rucci había venido a Mar del Plata para asistir en el hotel de la UOM a la asamblea general ordinaria de la Unión de Obreros Plásticos, liderada por Jorge Triacca. En el acto de cierre, el líder de la CGT se refirió a “la infiltración lenta dentro de nuestro propio movimiento de quienes se colocan la camiseta peronista y después hacen todo lo contrario de lo que dice Perón”; y luego anunció un viaje a Madrid, junto a Triacca, para reunirse con el líder del movimiento.

Faltaban diez meses para las elecciones que consagraron presidente a Héctor Cámpora, trece para el retorno del caudillo exiliado en medio de la “Masacre de Ezeiza” y dieciséis para la muerte de Rucci, que fue asesinado el 25 de septiembre de 1973, dos días después de los comicios que le devolvieron la presidencia a Perón.

Aquel día

– La guerra de Vietnam ocupaba aquel día el título de portada de LA CAPITAL. Las fuerzas comunistas -indica la información- habían ocupado la capital de la provincia de Quang Tri forzando la huída de los comandantes sudvietnamistas y de 80 asesores norteamericanos.

– También en portada, LA CAPITAL difundía “una de las primeras fotografías” traídas por los astronautas del Apolo-16, quinta misión norteamericana que consiguió alunizar.

– El delegado de Perón, Héctor Cámpora, decía en Buenos Aires: “Las elecciones deben realizarse este año porque el país no resiste más”.

– Cuatro hombres y tres mujeres armadas que se identificaron como integrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), habían copado y dinamitado un puesto de Prefectura en Dock Sud, luego de reducir y desarmar a dos suboficiales.

– Diecisiete apostadores, con 12 puntos, ganaron el pozo en la décima jornada del Prode, ganando cada uno $30.727.711. El salario mínimo era de $450, un diario costaba 60 centavos y una entrada para ver a Marikena Monti en el teatro Astral, $8.50