Una marplatense a cargo de la logística que salva vidas en África
En el Día Mundial de la Logística, LA CAPITAL habló con Katterine Torres, marplatense y coordinadora de la cadena de suministro de Médicos Sin Fronteras en el norte de Mozambique. Desde una de las zonas más golpeadas por la violencia y los desplazamientos, contó cómo se organiza la ayuda humanitaria que permite combatir enfermedades y garantizar agua potable en medio del conflicto.
Algunas personas descansan del calor bajo la sombra de una estructura en el campamento de desplazados de Nandimba, en la provincia de Cabo Delgado, al norte de Mozambique.
Por Gonzalo Gobbi
En este instante, mientras leés el comienzo de esta nota, del otro lado del mundo, en el este de África, hay miles de personas que están siendo desplazadas de su tierra. Para muchos no es ni su primer ni segundo desplazamiento. Son familias y sociedades enteras, víctimas de violentos conflictos armados, que tuvieron que empezar de cero tres, cuatro o hasta cinco veces. Huyeron con lo puesto. Dejaron huertas, casas, recuerdos, parte de su historia… y volvieron a reconstruir sus vidas una y otra vez, en medio de la malaria, el cólera, la tuberculosis, el HIV y otras enfermedades. Resiliencia pura frente a una adversidad que no da tregua.
Afortunadamente hay organizaciones humanitarias como Médicos Sin Fronteras (MSF) que intervienen cuando el acceso a la salud se vuelve imposible. Sus integrantes brindan atención médica a poblaciones afectadas por catástrofes naturales, conflictos armados, epidemias, pandemias y enfermedades olvidadas. Y, como suele suceder, siempre hay un argentino -y muchas veces un marplatense- en algún rincón del mundo donde hace falta ayudar. En este caso, es Katterine Beteta Torres.
Katterine nació en Mar del Plata, estudió Diseño Industrial en la Universidad Nacional, se especializó en logística y supply chain en Buenos Aires y desde 2022 trabaja para MSF, donde encontró el espacio y la contención para desarrollar profesionalmente su vocación de ponerse al servicio de los demás. Estuvo en Uganda, Esuatini y Ucrania. Hoy está en Mozambique, donde cumple el rol de coordinadora de la Cadena de Suministro de la misión.
“Llegué en agosto a Mozambique y voy a estar aquí hasta el 31 de marzo”, contó en diálogo con LA CAPITAL desde Pemba, al norte del país africano. “MSF está hace más de 20 años en este país, siempre atendiendo distintas emergencias. Generalmente, cuando surge una emergencia, se hace un análisis de la situación y se decide si se interviene o no. Lamentablemente acá ha habido una emergencia tras otra. Se abren proyectos y se continúan porque los problemas son grandes”.
Actualmente Katterine trabaja en un proyecto que asiste a pacientes con tuberculosis y a poblaciones desplazadas por la violencia en la provincia de Cabo Delgado. Pero claro, esa podría ser la descripción teórica, el título; la realidad cotidiana en los campos de desplazados es mucho más cruda.
“Los grupos armados llegan a una ciudad, atacan y los habitantes escapan. El acceso a la salud es muy difícil, muy precario. Ahí es cuando intervenimos en toda una cadena de acciones”, explicó.

Personal de MSF prepara una tienda para ofrecer consultas de salud mental en el campamento de desplazados de Nandimba, en la provincia de Cabo Delgado, norte de Mozambique.
Cabo Delgado es uno de los puntos neurálgicos del norte mozambiqueño y una zona “absolutamente caliente”.
Todo este fenómeno le impactó desde que llegó. “El tema de los desplazados… Si bien ya trabajé en otros proyectos, es la primera vez que veo tan de cerca los campos de desplazados. Me llama la atención cómo la gente realmente tiene que huir con lo puesto. Y no es un grupito pequeño. Son miles de personas. Sociedades enteras”.
En esos contextos, las enfermedades avanzan en la población. “La tuberculosis, la malaria, el HIV… Y ahora estamos con un brote de cólera que empezó en diciembre y todavía continúa”, señaló.
En la provincia de Nampula, explicó, también hay un proyecto de emergencia de MSF por el cólera. “Y además hubo inundaciones muy fuertes este año. Arrasaron con un montón de lugares. Y ahora mismo hay un ciclón cerca que podría tener efectos en Mozambique. Se junta todo”, resumió.

Un promotor de salud de MSF sensibiliza a un paciente sobre el cólera en medio de un brote de la enfermedad. Aldea de Nanlia, distrito de Metuge, provincia de Cabo Delgado.
La columna vertebral
En medio de ese escenario, la logística es la columna vertebral de la ayuda humanitaria. Para poder responder rápidamente a emergencias y sostener proyectos en más de 80 países, Médicos Sin Fronteras cuenta con una red de logística profesionalizada.
Tiene tres centros internacionales de aprovisionamiento en Bruselas, Burdeos y Ámsterdam, y un gran almacén de artículos de primera necesidad en Dubái. Allí se compran, almacenan y controlan miles de productos antes de enviarlos a terreno.
Son alrededor de 5.000 artículos diferentes, organizados en 480 tipos de kits estandarizados: de primeros auxilios, cirugía, vacunación, higiene, cólera, electricidad, comunicaciones, refugio. MSF fue pionera en desarrollar estos kits en los años 80, lo que revolucionó la rapidez de respuesta en crisis humanitarias.
Pero todo ese engranaje global se concreta en el terreno, en decisiones diarias, rutas, permisos y llamadas constantes.

Katterine Beteta Torres es coordinadora de la Cadena de Suministro de la misión de Médicos Sin Fronteras en Mozambique.
“Uno de los desafíos grandes acá es la seguridad”, admitió Katterine. “Cada vez que tenemos que enviar un camión de una ciudad a otra con equipamiento o insumos, hacemos un operativo enorme. Se definen rutas, días, horarios, documentos. Tenemos un equipo de seguridad al que informamos el movimiento. Ellos contactan a referentes en distintas ciudades y ven si realmente es posible y cuál es la mejor ruta. Es algo que se prepara con mucha anticipación”, describió la coordinadora de la Cadena de Suministro.
Cuando llega el visto bueno, el camión sale. “Pero al chofer se lo llama cada tanto para saber qué sucede en cada punto del mapa. Es un trabajo muy minucioso”, reconoció la marplatense.
En estos camiones se envían todo tipo de insumos. “Puede ser un tanque flexible de agua porque estas poblaciones no tienen acceso a agua potable. Se hace un pozo y luego la distribución, entonces enviamos tanques, cisternas. También carpas, generadores para tener electricidad, medicamentos, equipamiento de todo tipo”, señaló.
En el Día Mundial de la Logística, que se conmemora este 16 de febrero, Katterine remarcó: “La logística es lo que hace que el proyecto pueda funcionar. Es clave para avanzar, para tomar decisiones, incluso para tener internet y electricidad. A veces hacemos el chiste de que tranquilamente se podría hacer ‘Logística sin Fronteras’, porque el trabajo es bastante grande para que el proyecto médico cumpla su misión”.
Es, en definitiva, logística que salva vidas.

Un miembro del personal de MSF realiza una sesión de psicoeducación con niños en el campamento de desplazados de Nandimba, en la ciudad de Mueda, provincia de Cabo Delgado, en el norte de Mozambique.
El miedo, los vínculos y los cambios
Médicos y especialistas en logística se preparan durante años para llegar a una zona de emergencia como Mozambique. Pero, ¿cómo se manejan las emociones como el miedo o el afecto que se construye en el lugar? “Yo de por sí soy medio así, de mandarme”, respondió con una sonrisa.
“Creo que estamos acá porque nos mandamos, sin miedo. Pero al mismo tiempo me da seguridad MSF, que tiene muchísimas reglas de seguridad. Eso se repite en todos los países donde hay organizaciones como MSF, Naciones Unidas o Unicef. Las medidas son muy importantes porque somos los que más al frente estamos”, dijo.
Los padres de Katterine viven en Mar del Plata, donde la esperan. “El tema de la seguridad es algo que me deja tranquila y que también les transmitimos a nuestras familias, que lógicamente siempre se preocupan”, describió.
Pero por otro lado, si de la dimensión humana se trata, aparecen la empatía, el acercamiento al otro, los vínculos. Allí emergen sentimientos ambiguos para expatriados como Katterine.
“Es lindo porque todo el tiempo conocés gente y culturas nuevas. Pero el momento de las despedidas… es difícil. Te encariñás con el lugar y con la gente. Cuando el proyecto termina y te tenés que ir, a veces sabés que podés volver y otras no. Y volvés a arrancar de cero en otro lugar”, describió.

Un miembro del personal de MSF habla con Bertina Ernesto en el campamento de desplazados de Lianda, cerca de la ciudad de Mueda, en la provincia de Cabo Delgado, norte de Mozambique. Madre de siete hijos, Bertina se vio obligada a huir de su ciudad natal en el distrito de Nangade hace tres años después de que hombres armados la atacaran.
La sensación de estar frente a conflictos que parecen interminables también pesa. “Eso es casi para tratar en terapia”, reconoció. “Tenemos muchas charlas los fines de semana, sobre todo los domingos, cuando nos juntamos con otros expatriados. Nos preguntamos si le vemos salida o solución”, señaló.
Ese es un punto clave. Y en esa línea recordó la visita de una coordinadora que había trabajado allí unos 20 años atrás. “Me decía: ‘Yo sé que te cuesta verlo, parece siempre igual, pero hay cambios reales; esto antes era muy diferente’. Y cuando ves los porcentajes de muertes o de natalidad, ves diferencias. Están mejorando. Pero claro, lleva años, décadas. Los cambios se ven a largo plazo”. Esa es una chispa que sostiene la compleja tarea humanitaria un día a la vez.
A veces, sin embargo, la frustración asoma. “Vengo unos meses y cuando me voy lo veo igual que cuando llegué… Pero ahí es donde cobra más fuerza la importancia del trabajo en equipo y el trabajo sostenido en el tiempo”, indicó Katterine.

Campo de desplazados en la provincia de Cabo Delgado: el equipo de Salud Mental hace actividades de recreación y dinámicas para los niños.
¿Qué parte del trabajo humanitario creés que está más invisibilizada?, le consultó LA CAPITAL. La marplatense respondió: “El acceso a la salud en cuestiones mínimas. Medicamentos, vacunación, partos con insumos básicos. En nuestros países eso está resuelto. Acá no. Y después el impacto de los conflictos armados. Eso impacta muy negativamente en los países africanos donde he trabajado. Es una guerra de poder interna donde los habitantes resultan ser víctimas”.
“La gente trabaja en sus huertas, en la cosecha y la siembra… chambas, como le dicen acá. Pero los grupos armados arrasan con todo. Se llevan todo, roban. Y la gente huye y tiene que volver a empezar. Hay personas que arrancan de cero tres, cuatro, cinco veces en su vida”, agregó y comentó: “Es muy difícil de asimilar”.

Residentes del campamento de desplazados de Lianda, en el distrito de Mueda, se reúnen antes de una distribución. Lianda es el campamento más grande en términos de superficie y número de residentes, con más de 3.000 familias desplazadas al 13 de octubre de 2025. Muchas han llegado recientemente desde Mocímboa da Praia, huyendo de la última ola de violencia que ha afectado repetidamente a la ciudad desde principios de septiembre.
Un largo viaje
En lo personal, su camino empezó mucho antes de subirse a un avión rumbo a Mozambique. “De chica me parecía genial, como el niño que quiere ser astronauta, hacer este tipo de trabajo humanitario del otro lado del mundo. Aunque no sabía bien cómo era”, recordó.
Katterine hizo sus primeros voluntariados en Mar del Plata, viajó al Chaco y a distintas provincias, y luego a otros países, como Sudáfrica. “Estudié Diseño Industrial, pero me di cuenta de que me gustaba más la parte industrial, la organización de la producción. Dejé un tiempo la carrera y me fui a hacer unas materias de Ingeniería Industrial. Pero un profesor me dijo: ‘No arranques una carrera de cero ahora; terminá la que estás haciendo y después especializate’. Fue un buen consejo”, contó.
Terminó la carrera, hizo una maestría en supply chain en el ITBA y siguió trabajando como voluntaria. “Al viajar vi la enorme tarea que hacía MSF. Vi que era un trabajo profesional, que necesitabas una carrera. Apliqué por LinkedIn, lo cual hoy es normal, pero con el tiempo supe que años atrás tenías que viajar hasta España para llegar a una oficina de Médicos sin Fronteras. La tecnología nos ha acercado en ese sentido. Y después fue como cualquier trabajo: te piden condiciones, currículum, experiencia”, dijo.
Su familia, admitió, ya está “acostumbrada” a su trabajo. Y esa palabra se volvió clave: trabajo. Hace unos años ya no se trata de un voluntariado. Hoy dedica su vida a esa misión que comenzó como un sueño y se volvió una profesión, un camino.
El 31 de marzo, su tarea en Mozambique llegará a su fin, siempre y cuando ninguna “emergencia” obligue a correr la fecha. A la vez, “ahora en marzo va a nacer mi primera sobrina, así que quiero volver a Argentina al menos un mes para disfrutarla”, comentó, sabiendo que en el territorio de conflicto, el trabajo sigue; y que en su casa, la esperan.

En los primeros 15 días de la intervención, los equipos de MSF trataron a 380 niños por malaria, la infección más común entre los menores en el centro temporal de reasentamiento en Chiure, en el sur de la provincia de Cabo Delgado.
Resiliencia
Como muchos otros integrantes de Médicos Sin Fronteras, Katterine no solo ha visto realidades que el mundo a veces prefiere no mirar. Estuvo -y está- allí, poniendo el cuerpo y la cabeza para sostener, desde la logística, una tarea que literalmente salva vidas.
En este recorrido complejo, que pronto la llevará a un nuevo destino en otra parte del mundo, se detiene a pensar en una palabra que atraviesa todo: resiliencia.
“Veo acá a la gente que empieza una y otra vez… es algo muy fuerte que todavía tengo que procesar. Porque desde un lugar muchísimo más privilegiado, a mí también me pasa esto de empezar de cero cada vez que arranco un proyecto nuevo. Vengo pensando mucho en eso. En que sabemos que va a volver a pasar, que hay que volver a empezar”.
Desde Pemba, en el norte de Mozambique, esta joven marplatense organiza rutas, planifica envíos y garantiza el acceso al agua potable, la electricidad y los medicamentos para miles de familias desplazadas. No aparece en las fotos de los quirófanos ni en las campañas de vacunación. Pero sin esa cadena silenciosa y precisa, nada de eso sería posible.
En el Día Mundial de la Logística, su historia marca a fuego que detrás de cada vida salvada hay una cadena invisible que empieza mucho antes de que el médico tome el pulso. Y que, incluso en los lugares más golpeados del planeta, también late un pedacito de Argentina y de Mar del Plata al servicio de los demás.
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