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Palito Ortega: “El éxito es un plato que se debe comer frío”

El cantante se presenta el 7 de marzo en Mar del Plata. Adelantó que todos los éxitos de su repertorio sonarán en el recital que realizará en el Radio City. Y contó que, en este tiempo, va tranquilo: define nuevo disco y no deja de agradecer. “Le he peleado a la vida desde muy abajo”, recordó.

Arte y Espectáculos 24 de febrero de 2026

Por Paola Galano

Guarda la humildad de siempre, incluso la charla mantiene su hablar pausado, agradecido y siempre dispuesto a la escucha. A los 85 años, Palito Ortega repasó parte de sus éxitos, contó sobre el nuevo disco que lo tiene entusiasmado y sacó a relucir la enorme energía vital que lo tiene como protagonista en una extensa gira. Eso sí, va a su ritmo.

El próximo sábado 7 de marzo se presentará en Mar del Plata, en el escenario del Teatro Radio City (San Luis 1750). Y luego seguirá con su música por Bahía Blanca, Paraná, Jujuy, Salta, Catamarca, Lomas de Zamora, Córdoba, Junín, Cañuelas y, más tarde, llegará a Montevideo, en Uruguay.

Ya recuperado de la dolencia llamada popularmente “culebrilla”, que lo obligó a postergar un show programado para diciembre del año pasado en esta ciudad, Palito dijo tener “un ritmo de vida y de trabajo” que lo impulsa a seguir para adelante.

-¿Por qué vuelve al escenario? ¿Qué lo motiva?

PALITO TAPA

-Lo hago mucho más espaciado a lo que lo hacía antes. Trabajo un par de meses en el año; antes trabajaba todo el año. Cuando terminaba la gira acá, emprendía la gira por Latinoamérica, estaba mucho en México, o iba a hacer una película a España y hacía gira por España en la temporada.

-¿Cómo va a ser el show en Mar del Plata?

-Voy a subir al escenario y la gente va a escuchar todas las canciones y las melodías que conoce de mi repertorio. Voy a cantar algunas cosas nuevas, les voy a presentar a la gente algunas cosas nuevas que tengo. Pero esto me lo dijo (Frank) Sinatra una vez, cuando vino acá… él hacía ‘Yesterday’, algo de los Beatles, pero me decía “yo no puedo subir al escenario y no cantar lo que la gente conoce de mí, porque la gente paga la entrada para eso”. Él subía al escenario y arrancaba la banda con todo y con sus melodías tradicionales. Y yo subo al escenario y creo que tengo la obligación de cantar lo que la gente conoce, no puedo dejar de cantar ‘Sabor a nada’, ‘Viva la vida’, ‘Yo tengo fe’, ‘La felicidad’, ‘Vivir con alegría’. La gente va porque te conoce a través de tus canciones, ahora si van y no escuchan esas canciones, supongo que se van un poco defraudados.


“Los tiempos han cambiado mucho, hoy la música es consumo-descarto”.

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-¿Está haciendo un disco nuevo?

-Sí, yo siempre estoy haciendo algo nuevo, en este caso estoy grabando, estoy grabando tranquilo, me tomo mucho tiempo. Es un disco muy lindo, pero bueno, me tomo todo el tiempo del mundo. Antes no lo podía hacer porque la compañía discográfica espera que uno tenga el disco para fin de año, o espera el disco para el Día de la Madre o venía de hacer una película y querían la música de esa película rápido para editarla. Ahora no, ahora me tomo mi tiempo, me parece que si tienen que correr a alguien, son a los pibes nuevos. Yo necesito tiempo para otras cosas, como abrazar a mis nietos, jugar con ellos, me gusta la pintura, escribo, hago música, pero tranquilo.

-¿Cambió el público? ¿Qué diferencia nota entre sus comienzos y hoy?

-Yo creo que los artistas, cuando ya tienen una trayectoria, una historia como nosotros… Digo nosotros porque hablo en plural por cómo fue el comienzo, aquel Club del Clan que fue una plataforma de lanzamiento. Fue la oportunidad de llegar todos los sábados a la noche, llegábamos a la gente a través del programa de televisión, cada uno tenía una propuesta, cada cual hacía su música. Yo siempre me he caracterizado por cantar cosas mías. Nosotros pertenecemos a una época, creo yo, en que la familia tenía tiempo de sentarse frente a un televisor a ver un programa de televisión. Ahora me parece que es más difícil que unos padres le digan a sus hijos vengan a sentarse a ver este programa. Eso de sentarse una familia a ver un programa de televisión y de pronto uno presentaba una canción y la gente se acordaba y la tarareaba y se convertía después en una canción popular. Me parece que ahora ya los tiempos han cambiado mucho y, en ese sentido, tengo la sensación de que la música es más un consumo-descarto, consumo-descarto. Yo creo que mucha gente no sabe muy bien quién es el intérprete de la canción que le gusta. Y eso en mi época no sucedía, se conocía al intérprete, se conocía perfectamente al autor.

-Usted conoció a los grandes cantautores del mundo de los años 50 y 60, ¿qué recuerda de ellos?


“Sería egoísta de mi parte pedirle más a Dios, a la vida”.


-Como Doménico Modugno, por ejemplo, con quien tuve la suerte de trabajar en toda Italia. Hice una gira con él y hablábamos mucho. Era un hombre que tocaba la guitarra muy simplemente y me decía que él se inspiraba en la calle, porque en la calle hay un montón de colores, de ruidos, de sensaciones diferentes y uno vuelve cargado de todo eso y si uno tiene la posibilidad de expresarlo a través de la pintura o de la música, es bárbaro. Es una fuente permanente donde uno recoge cosas para poder expresarlas. Creo que uno es, a lo mejor, un observador un poquito más agudo que lo normal. Yo presto mucha atención cuando salgo a la calle, le presto mucha atención a los movimientos, a los ruidos. La felicidad, por ejemplo, es una canción que nació en la calle. Yo escuché un auto, las bocinas de un auto. Cuando llegué a mi casa, tomé la guitarra y la escribí enseguida. Yo traía un poco esas dos, tres notas, las traía de la calle.

-¿Los artistas detectan lo que está pasando?

-Sí, sí, y hay una cuota de imaginación también porque cuando uno lee a los grandes escritores, uno se da cuenta de que pueden tener influencia de su paisaje, de su infancia, un poco del clima que han vivido, pero hay mucha imaginación. Y la imaginación es muy rica porque le agregan cosas fantásticas. Yo empecé muy chico con la música, con instrumentos de percusión y después estudié guitarra y un poco de piano. Lo primero era intuitivo en mí. Y el hecho de escuchar mucha música también, música variable. En el norte escuchamos mucho folclore, estaban muy de moda Los Chalchaleros, Los Quilla Huasi y tantos grupos importantes del folklore argentino, o Yupanqui o Falú.

Simplemente, soy un obrero, un trabajador de la música y le agradezco a Dios y a la gente todo el tiempo por la suerte de haber tenido la posibilidad de proyectarme a través de mi música, de haber tenido la oportunidad de hacer mis canciones, de viajar por el mundo, hacer mis películas, tantas cosas que puede hacer.

-¿Qué es el éxito?


“Le he peleado a la vida desde muy abajo”.

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-El éxito es un plato que se debe comer frío. Porque es muy lindo, es muy atractivo, pero no hay que engolosinarse y no hay que intoxicarse tampoco con él, porque ahí uno se pierde. El éxito es mucho aplauso, muchas caricias, y ahí uno se puede confundir un poco. Uno tiene que tener claro bien quién es, cuáles son sus virtudes, cuáles son sus límites y no apartarse de los valores. La amistad, el amor en general, la familia. Yo he tratado, por respeto, por educación de mis padres, de ser siempre respetuoso con la gente y saber que el éxito es lindo en la manera que uno puede disfrutar bien, y que es muy tentador en muchas cosas, pero tampoco hay que pasarse. Yo prefiero proyectarme en el tiempo y no en el espacio. No me gusta abarcar demasiado, me gusta ir despacio, despacio, despacio, y la verdad, me dio resultado.

-¿Siente que en algún momento el éxito lo perdió?

-No podría decir que no, porque el éxito es muy complicado. Tal vez en algún momento me equivoqué en algunas cosas. Pero bueno, es sobre todo cuando uno no está muy preparado todavía para manejarse en ese mundo, o en este mundo vertiginoso, porque uno puede llegar a perder de vista los valores y los valores son generalmente lo que pasa por las cosas humanas. He tratado de no apartarme de eso, y aunque haya cometido errores, porque todos los tenemos, pero gracias a Dios puedo viajar por el mundo y sé que siempre va a haber un amigo que me esté esperando con los brazos abiertos.

-¿Qué le falta hacer?

-Sería egoísta de mi parte pedirle más a Dios, a la vida. Mis orígenes son muy humildes, yo nací en un hogar muy humilde en un pueblito en Tucumán. Ya había hecho varios trabajos ahí y un día le dije a mi padre que me quería venir a Buenos Aires a trabajar para ayudarlo un poco más. Y bueno, él me sentó, me habló con un amor inmenso y me aconsejó. Yo armé las poquitas cosas que traía en una valijita de cartón, me subí a un tren y me vine y llegué a Retiro. No sabía para dónde ir. Ese es mi comienzo. ¿Cómo no voy a estar agradecido a Dios y a la Virgen y a la gente por todo lo que me pasó? Le he peleado a la vida desde muy abajo.