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La Ciudad 24 de febrero de 2026

Cobra vida la manzana del “pozo” de Constitución, preocupación de hoteleros y entre startups y nuevas bodegas oceánicas

Todos los entretelones de lo que es noticia en Mar del Plata.

foto @dronmardelplata

Durante casi una década, la manzana de Avenida Constitución al 6200, en el corazón del eje comercial del norte de Mar del Plata, fue sinónimo de promesa incumplida. Un enorme pozo rodeado de chapas, yuyos creciendo entre hierros oxidados y carteles desteñidos. Hoy, ese mismo terreno vuelve a estar en el centro de la escena. La firma constructora Criba, histórica empresa con base en Buenos Aires y más de siete décadas de trayectoria, tendrá a su cargo un nuevo desarrollo que ya no habla de mall ni de megaproyecto comercial, sino de tres edificios de viviendas y locales y oficinas en planta baja. La inversión es de un grupo de Mar del Plata “que eligió a Criba para que se lleve la marca seguramente”, según especuló un constructor con muchos años en la ciudad. “Por la dimensión del proyecto quizás los verdaderos dueños de la manzana no quieren aparecer”, deslizó, aunque reconoció que “hay dos o tres jugadores fuertes de CABA con interés en poner un pie en la ciudad, que preven hacer grandes edificios y que tienen espalda aunque finalmente terminan asociados con firmas locales. De todos modos hay que tener en cuenta que hay una serie de jugadores que vienen llegando a Mar del Plata en casi todos los rubros”, concluyó.

 

Pero para entender lo que puede venir, hay que repasar lo que nunca fue. Corría 2016 cuando el Concejo Deliberante aprobó la factibilidad para construir en esa manzana un centro comercial de gran escala. El proyecto —conocido públicamente como “Upsala Mall”— prometía nueve niveles, cocheras subterráneas, salas de cine, patio gastronómico y un centro de convenciones. La ubicación no era casual: la avenida Constitución ya se consolidaba como polo gastronómico y nocturno, con fuerte crecimiento inmobiliario. La idea de sumar un shopping parecía lógica dentro de esa expansión urbana hacia el norte. Las máquinas llegaron. Se excavó un pozo imponente. Y después… nada. El financiamiento no apareció en la magnitud esperada. El contexto económico nacional se volvió adverso. El proyecto se paralizó. Lo que iba a ser un símbolo de modernidad se convirtió en una postal incómoda: un cráter urbano en la pujante zona.

 

 

Durante años, la manzana quedó atrapada en una especie de limbo administrativo y urbanístico. La ordenanza que había habilitado el shopping seguía vigente, pero no había obra. El terreno era demasiado grande para un desarrollo tradicional y demasiado condicionado para subdividirlo sin redefinir normas. El “pozo de Constitución” pasó a integrar la lista de grandes proyectos inconclusos de la ciudad. Casi una década después, el escenario cambió. Ya no se habla de un único edificio comercial de gran escala, sino de un desarrollo mixto: locales comerciales en planta baja y tres edificios de departamentos. La lógica es distinta. Más adaptada al mercado actual. Menos dependiente de grandes operadores comerciales y más alineada con la expansión residencial del sector.

 

El norte de Mar del Plata dejó de ser solo estacional. Se convirtió en zona de residencia permanente, con servicios, colegios y oferta gastronómica consolidada. En ese contexto, el formato de viviendas con basamento comercial aparece como una solución más viable que un shopping cerrado tradicional, en tiempos donde el consumo también migró hacia otros formatos. Y allí aparece un actor de peso. La “responsable” de la obra será Criba, una constructora fundada en 1952 y con una fuerte presencia en la ciudad de Buenos Aires. No es desarrolladora menor ni empresa improvisada: es una de las compañías que ha ejecutado algunas de las obras más complejas del país. Entre sus trabajos más emblemáticos se encuentra la sede corporativa del Banco Ciudad en Parque Patricios, diseñada por el estudio Foster + Partners, un edificio de ingeniería sofisticada que marcó un hito en arquitectura corporativa. También participó en la construcción de la Alvear Tower, el rascacielos residencial más alto de la Argentina, ubicado en Puerto Madero, y en obras vinculadas al entorno del histórico Teatro Colón. Su especialidad ha sido históricamente la ejecución de grandes estructuras de hormigón armado, hospitales, torres corporativas, complejos de usos mixtos y edificios de alta complejidad técnica.

 

 

Que una empresa de ese perfil sea parte de la manzana de Constitución no es un dato menor: implica espalda financiera, experiencia técnica y capacidad de llevar adelante obras de envergadura. La historia de ese lote es también la historia de cómo cambió la ciudad en diez años. En 2016, la expectativa era tener “el shopping propio” del norte marplatense. En 2026, la expectativa parece ser otra: consolidar un corredor urbano con vivienda permanente, comercios de cercanía y edificios que dialoguen con el crecimiento sostenido del sector. El desafío será urbanístico y político. Habrá que redefinir algunos indicadores, alturas, retiros y usos. Y, sobre todo, convencer a una comunidad que ya vio cómo una promesa quedó convertida en pozo durante años. La pregunta que flota en el aire es inevitable: ¿esta vez se concretará? El antecedente pesa. Pero también es cierto que el mercado inmobiliario de viviendas, aun con altibajos, ha demostrado mayor resiliencia que los grandes centros comerciales tradicionales. Si el proyecto avanza, la manzana que durante años fue símbolo de frustración podría transformarse en uno de los desarrollos más importantes del norte marplatense en la próxima década. Por ahora, el pozo sigue allí. Pero ya no representa un shopping fantasma, sino el punto de partida de una nueva etapa. “Lo que quieren hacer se ajusta al Código de Ordenamiento Territorial”, reconoció una fuente de la municipalidad, esperanzado también con la iniciativa.

 

 

En los jardines de Villa Victoria, distendido esperando el inicio del recital ofrecido por Juan Carlos Baglietto y Lito Vitale, el reconocido escribano sorprendía al periodista. “¿Viste todo el tema de la ley de inocencia fiscal y el capítulo de ganancias que viene con la reforma laboral? Bueno… en hotelería ya hay preocupación”, disparó, y se explayó con claridad. La ley 27.799, dijo, básicamente abre la puerta para que el famoso “dinero en el colchón” entre al sistema sin que el fisco pueda después presumir un incremento patrimonial no justificado. Y encima, con el nuevo régimen simplificado de ganancias, ya ni siquiera hay que declarar patrimonio inicial, final ni consumo. ¿Resultado? Podés agarrar los dólares guardados, comprar un departamento —incluso en efectivo con escritura pública— y nadie te va a venir a ajustar por diferencias patrimoniales.

 

 

“Y ahí no termina la cosa”, siguió explicando ya instalado en su reposera en ese hermoso espacio. “El proyecto que está volviendo al Senado prevé que el alquiler de vivienda no pague ganancias, la compraventa de inmuebles tampoco tribute ganancias. O sea: blanqueás, comprás, alquilás, vendés… y sin impuesto a las ganancias en el medio”, dijo y bien informado continuó: “¿Qué va a pasar? Más plata va a ir a ladrillos. Más construcción. Más departamentos nuevos. Y muchos de esos no van a ir a alquiler tradicional… van a ir a alquiler temporario. Y ahí es donde la hotelería empieza a mirar de reojo. Porque si hoy ya compite con Airbnb y similares, con esto la oferta se va a multiplicar. Más departamentos turísticos, más competencia en precio, más presión sobre la ocupación”. Así, se desprende de su análisis, se viene una guerra más fuerte entre hotel y alquiler temporario. El que no se aggiorne —servicio diferencial, experiencia, calidad real y precios inteligentes— corre riesgo de quedar afuera. En criollo: el mercado inmobiliario va a festejar… la hotelería, especialmente la de dos y tres estrellas, va a tener que ponerse las pilas.

 

“Ojo con esto porque ya es tema de conversación en cualquier reunión del sector”, señalaba orgulloso el directivo de Aticma sobre el artículo publicado por Clarín donde se pone el foco en algo que en el ecosistema empresario ya se viene comentando hace tiempo: Mar del Plata dejó de ser solamente una ciudad turística para consolidarse como uno de los polos tecnológicos más relevantes del país. Según el enfoque que plantea el diario, hoy la ciudad está en el podio de la economía del conocimiento, solo detrás de Buenos Aires y Córdoba. Y no es solo una cuestión de cantidad de empresas: hay exportación de servicios basados en conocimiento, desarrollo de software, soluciones digitales, talento formado localmente y un ecosistema que ya tiene cierta madurez. ¿Por qué esto empieza a ser interesante en clave negocios? Primero, porque combina costos operativos más bajos que CABA con calidad de vida alta, algo que pesa mucho en la retención de talento. Segundo, porque el trabajo remoto juega a favor: muchas empresas exportan servicios al exterior desde la costa, facturan en dólares y pagan sueldos competitivos sin necesidad de estar en el microcentro porteño. Tercero, porque cuando un medio nacional como Clarín decide poner el tema en agenda, es una señal de validación. El fenómeno deja de ser “ruido local” y pasa a ser parte de la conversación país.

 

Además, hay un efecto derrame: más tecnología implica más demanda inmobiliaria corporativa, más coworkings, más servicios profesionales, más consumo y más dinamismo económico durante todo el año. Es decir, menos estacionalidad. Eso cambia la matriz productiva, refería el directivo del sector tecnológico en charla con funcionario municipal en los jardines de la sede de la Fundación Médica de Mar del Plata, en la calle Larrea, en la agradable tarde del lunes tras haber vivido la notable experiencia de “Escenas de La Bohéme”, interpretada por solistas del teatro Colón de Buenos Aires. En términos de inversión, empieza a aparecer la pregunta lógica: ¿es momento de mirar Mar del Plata no solo como destino turístico sino como plaza tecnológica en crecimiento? “La ciudad parece estar logrando algo difícil: diversificarse sin perder identidad. Sigue siendo ‘La Feliz’, pero ahora con programadores, startups y exportación de servicios como parte del paisaje”, apuntaba el funcionario. Por lo bajo, varios ya lo están mirando. Y cuando el radar mediático se enciende, suele ser porque el proceso está más avanzado de lo que muchos creen.

 

 

En balneario del sur, en carpa en la que coincidían tres “pesos pesados” del empresariado marplatense, se comentaba que una de las bodegas más antiguas del país decidió que ya era hora de mojarse los pies. Y lo dice literalmente: Bodega López, la centenaria empresa mendocina, acaba de anunciar su primer viñedo fuera de Mendoza. La movida se dio a través de una alianza con “Pueblochapa”, un emprendimiento inmobiliario que mezcla chacras, quintas, barrio privado y —ahora sí— viñedos atlánticos. El proyecto, que lleva apenas un año desde su lanzamiento, se convirtió en el trampolín perfecto para que la bodega dé el salto geográfico que venía buscando hace tiempo. ¿Cómo llegaron hasta acá? Según contó Eduardo López, CEO de la bodega, fue una cadena de contactos entre amigos en común. Estaban trabajando en una nueva marca de alta gama —”Universo Paralelo”, la bautizaron— y de repente apareció esta oportunidad en una zona que todavía pocos habían explorado vitivinícolamente. “Hacía tiempo que queríamos tener un viñedo fuera de Mendoza, y Pueblochapa resultó el lugar ideal”, dijo.

 

 

En tal sentido, según publicó Forbes, ya están plantadas variedades como Sauvignon Blanc, Pinot Noir y Albariño, y el año que viene suman dos hectáreas más. La primera cosecha se estima para 2029. Pueblochapa no es solo un viñedo. Es un desarrollo de 110 hectáreas que ahora ofrece 32 “Villas” —de uno o dos dormitorios— donde cada propietario tiene alrededor de 500 m² de viñedo propio rodeando su casa. Y no es solo decorativo: cada año reciben unas 300 botellas producidas con sus propias uvas. Además, el proyecto suma gastronomía de peso. Patricio Nero, el creador de Sarasanegro y Furia —dos de los restaurantes más reconocidos de Mar del Plata—, va a abrir una nueva propuesta gastronómica en pleno viñedo. “Un restaurante rodeado de viñas, un proyecto de asociación de alta calidad”, adelantó López. Todo esto se enmarca en un fenómeno más amplio: el auge de los “vinos oceánicos” en Argentina. A solo tres kilómetros de Pueblochapa, sobre la misma ruta, opera “Costa & Pampa”, la bodega del Grupo Peñaflor, que fue pionera en este corredor. Ahora Bodega López se suma, y Chapadmalal empieza a sonar cada vez más fuerte como destino enoturístico, residencial y cultural. “El vino es parte de la identidad de Pueblochapa y del estilo de vida que buscamos promover, basado en la naturaleza, el disfrute y la vida en comunidad”, explicó Ezequiel Lorenzo, uno de los desarrolladores de ese lugar.