La mirada en la Justicia y en el paisaje mundial
Panorama político nacional de los últimos siete días
Javier Milei.
El reemplazo de Mariano Cúneo Libarona en el ministerio de Justicia, ocurrido esta semana, es un episodio de mucha importancia política, actual y potencial. Que Cúneo abandonaría la cartera no era ningún secreto: quiso hacerlo a fines del año pasado y fue contenido por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, que le pidió que permaneciera en el puesto hasta marzo.
Karina Milei necesitaba tiempo para desplazar de Justicia la influencia que ejercía (y aspiraba a ampliar) el consultor Santiago Caputo, quien a través de Sebastián Amerio -número dos de Cúneo Libarona- manejaba de hecho el ministerio mientras preparaba el terreno para que Ameerio pasara a dirigirlo de jure.
Otra victoria de Karina
Ahora la secretaria general de la Presidencia consideró que había llegado el momento, colocó como ministro a Juan Bautista Mahiques (distinguido miembro de una familia de lo que podría definirse como “la casta judicial”) y reemplazó a Amerio en el segundo escalón por un hombre de su estrecha confianza, Santiago Viola.
La hermana del Presidente parece decidida a devolver a Santiago Caputo al rol estricto de consultor del que el Presidente no quiere desprenderse, pero simultáneamente a apartarlo del manejo de instrumentos institucionales que le habiliten manejo político. Caputo todavía controla con hombres propios la ex SIDE y ARCA, la ex AFIP.
Como una forma de aligerarle el mal trago, Mahiques le ofreció a Amerio el cargo de jefe de los defensores del Estado (y este aceptó).
Más allá de la nueva victoria de Karina Milei en la puja con Caputo, la designación de Mahiques parece indicar que el vértice libertario ha decidido acelerar su aterrizaje en el Poder Judicial aprovechando el impulso de la victoria electoral y su reubicación como fuerza principal en el Congreso. El nuevo ministro tiene entre sus prioridades cubrir las 580 vacantes (jueces, fiscales y defensores) que existen hoy en los tribunales federales. En última instancia se requiere el acuerdo del Senado para los candidatos, lo que permite abrir un amplio campo de negociaciones con otros bloques, sin excluir al espectro peronista, que tiene fichas para participar en el juego aunque se encuentre decaído y disperso.
La Corte, más tarde
Al final de ese sendero se vislumbra algún trapicheo para designar jueces en la Corte Suprema, que funciona por ahora sólo con tres de cinco integrantes. Mahiques afirma que no hay ninguna prisa para esa búsqueda, ni tampoco para la del Procurador, el jefe de los fiscales. Se trata de cargos que deben ser elegidos con mayoría de dos tercios en la Cámara Alta, razón por la cual todavía aparece como condición excluyente la aprobación del bloque peronista. Probablemente en función de esa circunstancia se toma muy en cuenta el antiguo vínculo que une al flamante mininistro con el senador Eduardo Wado De Pedro, uno de los operadores predilectos de la señora de Kirchner en asuntos judiciales.
Para Mahiques, lo primero es lo primero: designar conjueces para las cámaras federales que están incompletas, cubrir los cargos faltantes en las cámaras con magistrados elegidos y llenar los juzgados y las fiscalías vacantes. Con semejante disponibilidad tendrá que satisfacerse a candidatos propios, a propuestas de los aliados legislativos y seguramente empezar a compensar por adelantado a la oposición los acuerdos futuros por los cargos más altos. Se trata de la renovación de tejidos del sistema político, ahora a cargo de la fuerza principal, el mileísmo.
Cornejo y el empleo
Como se ha dicho, el oficialismo quiere ocupar territorio rápidamente, porque sabe que este será un año difícil y definitorio para su ambición de alcanzar la reelección en 2027. Los problemas se presentan en el campo del empleo, del consumo y de la producción.
Esta semana un gobernador aliado del Poder Ejecutivo, el mendocino Alfredo Cornejo, puso los reflectores sobre el tema del empleo cuando celebró que su provincia, Mendoza, “vuelve a destacarse en el mapa productivo del país”. El mérito del que se ufana el mandatario es haber disminuido “sólo 0,6 por ciento” el número del empleo privado desde diciembre de 2023. Festejar una caída del empleo como un logro ilustra patéticamente la situación. En efecto, ,Mendoza consiguió así el tercer escalón de un podio en el que también aparecen Neuquén y Río Negro, aunque estas dos provincias muestran mejoras efectivas (3,4 por ciento, 0,7 por ciento) en laas que se nota la influencia de Vaca Muerta. Así, la expresión de Cornejo destacaba , en rigor, que en 22 de 24 distritos ha habido en los dos últimos años caída del empleo privado. De esos 22, Mendoza es el menos afectado, pero el mal es general y abarca de Córdoba (2,4 por ciento de caída) a Buenos Aires, (-3,4 por ciento), de Santa Fe ( -5,7 por ciento) a Misiones (-8,8) o Santa Cruz -16,2 por ciento)..
Sin duda el problema del empleo se perfila como uno de los temas de 2026 y habrá que ver si la recién aprobada reforma laboral incide en mejorar el paisaje.
El apoyo empresarial es crítico
Los cierres de empresas, sus dificultades comerciales y financieras son el trasfondo de la cuestión del empleo. Un sector importante del mundo empresario viene alertando sobre las asimetrías a las que se ven constreñidos: apertura indiscriminada de la economía, altas tasas de interés, pesada carga impositiva, caída del consumo por achicamiento del mercado interno y una política cambiaria que mantiene sobrevaluado el peso y agrega complicaciones para competir. A muchos de los dirigentes de empresa que reclaman un emparejamiento de la cancha, el gobierno los somete a la crítica y a la mofa.
El disgusto por ese maltrato alcanzó a la mayoría de las entidades patronales, desde la Unión Industrial a la poderos Asociación Empresaria Argentina que, pese a compartir explícitamente la política oficial (“equilibrar las cuentas públicas, evitar la emisión monetaria espuria, reducir paulatinamente la participación del gasto público en el PBI y continuar disminuyendo la presión tributaria sobre el sector formal”, reclamó “un diálogo constructivo y respetuoso entre el gobierno y el sector privado de modo de remover los obstáculos al desarrollo, así como de generar condiciones cada vez más favorables para la concreción de inversiones productivas en diferentes sectores de la actividad económica”,
Los empresarios se esfuerzan en no disgustar al gobierno, pero empiezan a plantear límites y a reivindicar un programa que no deje de lado al sector productivo. La UIA expresó su “preocupación por la situación de diversos sectores industriales y de distintas provincias. Muchas empresas, especialmente pymes, están atravesando una situación crítica, con bajo nivel de actividad, alta presión fiscal, dificultades para financiarse y caída del empleo.” Y agregó: “el respeto es condición básica del desarrollo. Respeto hacia quienes producen, invierten y generan empleo en todo el país”..Es un año donde todos los sectores ajustarán sus posicionamientos.
El año electoral de Trump
El gobierno, que ha conseguido impulso y ayuda de sus vínculos internacionales –señal de una mayor integración al mundo- debe asimilar ahora las consecuencias de la guerra lanzada por sus dos aliados principales, Estados Unidos e Israel contra Irán. El año último Milei encontró en Washington el punto de apoyo que les permitió ganar la elección de medio término y reequilibrar su gestión en un momento crucial.
El paisaje internacional suscitado por el embate contra la República Islámica se vuelve turbulento y puede afectar a la Argentina, Varios bancos de alcance global (JP Morgan, Barclays, Citi, Wells Fargo, Morgan Stanley, Bank of America), al tiempo que ensalzan los logros del país en materia de inflación y equilibrio fiscal, lo describen entre los más vulnerables del mundo a un eventual shock financiero global,
Este no es un año electoral en Argentina, pero sí lo es en Estados Unidos, donde Donald Trump se juega el control del Congreso en las elecciones de medio término de noviembre. La guerra con Irán, aunque puede parecer un paseo para Estados Unidos dada su abrumadora superioridad militar y económica (sumada a la de Israel) puede demandarle costos internos, dependientes del tiempo en que consiga sus objetivos y de las consecuencias ulteriores (qué orden prevalecerá después de la guerra).. La República Islámica obviamente no puede derrotar a Estados Unidos, pero podría resistir lo suficiente como para desatar presiones internas sobre el gobierno de Trump y sobre el Partido Republicano, así como mayores reticencias de sus aliados si se extendiera el desorden generalizado del comercio y la producción globales que se ha experimentado en una semana de guerra.
El jefe de la Casa Blanca ha expuesto con claridad su objetivo: quiere la rendición incondicional de Irán y quiere gobernar desde lejos una transición a través de un procónsul elegido por él “como con Delci Rodríguez en Venezuela”.
La enorme diferencia de magnitudes (particularmente en el campo militar) entre Estados Unidos e Irán genera la expectativa de que ese final anunciado por Trump sea muy rápido. Sus aliados, sus adversarios y sus competidores, están tomando el tiempo. También lo están haciendo la opinión pública del mundo y, sin duda alguna, los ciudadanos electores en Estados Unidos.
El gobierno de Javir Milei tiene cosas que ganar o perder en las urnas estadounidenses de noviembre.
