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La Ciudad 21 de abril de 2026

Tiene 88 años y hace 70 que anota en un libro cada gasto cotidiano

Desde 1957, cuando se casó, la mujer anota diariamente en sus "libros negros" cada gasto del hogar. También tiene registrado con detalles todos los viajes que hizo.

Sylvia y sus "libros negros" de contabilidad desde 1957.

Sylvia Lourdes Olivetti, cabellera plateada, “si no me pinto no salgo”, aclara, puede considerarse un ejemplar de la “generación silver”, A los 88 años vive en su casa, acompañada por sus cuidadoras, y continúa con una actividad que comenzó a ejercer en diciembre de 1957: anota, metódicamente, todos los gastos diarios en sus “libros negros”, tal como define su familia a sus cuadernos de contabilidad.

Correntina de nacimiento, llegó a Mar del Plata en 1972 y desde ese entonces vive en el mismo departamento en las inmediaciones del hospital Materno Infantil. Su hobby-actividad comenzó en “noviembre de 1957” y muestra el registro en una caligrafía prolija y pequeña que indican el mes y el año de cada erogación.

“Mi marido anotaba todos los gastos -cuenta a LA CAPITAL-, pero después que nos casamos, en octubre de 1956, comencé yo porque estaba aburrida. Mirá, mi marido ganaba 200 mil pesos, andá a saber de qué pesos”.

Sylvia contrajo matrimonio con Dardo Ruben de la Cruz, tuvieron dos hijas -Liliana y Alejandra-, que les dieron tres nietas y dos bisnietas. Una familia devenida en matriarcado.

Siempre fue ella la que manejó la economía familiar. “Mi marido cobraba y me daba el sueldo -recuerda, sentada en su living, rodeada de recuerdos en formas de fotos y platos colgados en una de las paredes-. Anoté siempre todos los gastos”.

Los primeros recuerdos están impresos en los antiguos libros de contabilidad, con renglones, y columnas que indican “Debe” y “Haber”. “Cada día que mi papá volvía del trabajo -rememora entre risas su hija Alejandra- le daba vuelta hasta los calzoncillos si le faltaban 10 centavos”.

Así de detallista con los números era o es Sylvia. “Las hermanas de mi marido decían ‘viajamos gracias a vos’”, indica.

Método

En esos registros contables aparecen el Peso Ley, el Peso Argentino, el Austral, entre otras monedas nacionales. “Cuando tenía tantos ceros -explica Sylvia- anulaba los último tres cuando anotaba porque no me entraba en los renglones”.

Con las mudanzas por distintos lugares del país, debido al trabajo de su marido, los libros contables se sumaban a las cajas y bártulos trasladados. Los formatos varían de libros contables, en un principio, a “cuadernos y libretitas para los viajes”, detalla Alejandra y cuenta que su padre antes de morir “le había comprado a mi mamá varios de esos libros de contabilidad, se estoqueó”.

En los renglones se detalla, por ejemplo, que en marzo de 1997 la familia gastó “30 pesos en diarios” cuando en ese entonces -convertibilidad vigente- LA CAPITAL costaba $1 el ejemplar.

Activa, siempre analógica -“nunca usó una planilla Excel”, confiesa su hija- Sylvia sigue mostrando cada uno de sus “libros negros”. “Mirá -invita- acá había vendido una de las máquinas de tejer por $36.500. Es que tejía para fábricas allá por fines de los ‘90”.

Además de los gastos cotidianos, en comida e impuestos, Sylvia dejó registradas las cuentas de cada viaje que emprendieron, detallando “desde el kilometraje recorrido, la cantidad de litros de nafta consumidos y cada gasto, como los pesos destinados a la visita de santuario de San Nicolás”.

Los viajes constituyeron uno de los placeres compartidos. “A Río de Janeiro fuimos 10 veces”, acota la mujer.

Además de, en la actualidad, guardar los tickets y boletas de cada consumo -“por un tiempo, después los tiro”, aclara, Sylvia marca en los paquetes de cada producto la fecha en que los compró y cuánto los pagó.

Aún hoy, Sylvia sigue a cargo de las cuentas de su hogar, y anota todo en su famoso “libro negro” aunque pague “con la Cuenta DNI o con la tarjeta de débito”.

Acepta ser metódica, “no me cuesta”, asegura, y hasta se anima a las recomendaciones financieras. “Hoy viven al día, yo no, no la voy. Hay que separar un poquito y no gastar, no hay que excederse”, recomienda.