Estrena “Manuelita, ¿dónde estás?”, un documental sobre el vínculo de Pehuajó con el célebre reptil
Es la opera prima de la directora Déborah Narváez, quien también es docente de las carreras de cine de Mar del Plata. Investiga sobre el origen de la historia de la tortuga Manuelita, que hizo famosa la escritora María Elena Walsh. Y además, aporta su mirada sobre Mar del Plata como plaza audiovisual.
Un momento del rodaje de "Manuelita, ¿dónde estás?", con Narváez en plena investigación.
Aunque nació en Santa Rosa, La Pampa, a los cuatro meses ya vivía en la ciudad de Pehuajó junto a su familia. Tan pehuajense se siente que su primer largometraje documental indaga en uno de los mitos más fuertes de su pueblo: el de la tortuga Manuelita.
Radicada ahora en Mar del Plata, donde se dedica a la docencia de cine en varias escuelas y en la Universidad pública, la realizadora Déborah Narváez estrenará “Manuelita, ¿dónde estás?” (realizada por Musgo Cine). La película llegará este miércoles a las 20 a la sala del Espacio Incaa de Chauvín (San Luis 2849).
Antes de partir a La Plata a los 18, donde estudió realización audiovisual, Narváez vivió una infancia en la que “todo el tiempo” sonaba la historia que inmortalizó la escritora María Elena Walsh.

Otro momento del rodaje.
“No solo por la canción, sino porque la ciudad tiene una especie de idiosincrasia, con los monumentos y cómo la gente habita esos espacios públicos con las tortugas monumentales. Estuvo muy presente la figura de Manuelita”, relató, en una entrevista con LA CAPITAL.
En la película, ella aparece en cámara en el rol de una mujer curiosa que investiga sobre los misteriosos orígenes que vinculan a esa ciudad bonaerense con el reptil.
Su rol participativo, dijo, respondió a “una excusa narrativa”. La idea fue “develar e investigar un poco más acerca del mito original que existe en Pehuajó”.
“Desde que no vivo en Pehuajó, la gente me pregunta ‘y qué onda Manuelita’. Hay una teoría y un mito en la ciudad de una tortuga real que vivió aproximadamente en 1930. Era una búsqueda personal, yo tenía que aparecer como una figura que investiga y a la vez que está atravesada por una especie de obsesión acerca de sus raíces”, señaló.
“Me encantaría poner un café o bar que se llame Lucrecia, para la gente que está en el área y que tenga sus encuentros, como un espacio de reunión por fuera de la formación formal de las facultades”
Luego, al momento del montaje aparecieron las dudas. “Me parecía que me había confundido realmente, no me sentía convencida del todo por el encuentro con la cámara y la pantalla. Pero después entendí que estaba bien, porque es una película que responde a mi perfil docente, me pongo en el rol de alguien que es un puente informativo de divulgación”.
Con elementos de animación, “Manuelita, ¿dónde estás?” fue posible gracias al apoyo del Incaa, al Primer Fondo de Fomento de la provincia de Buenos Aires y a Pochoclo Rental. Además, tuvo producción de Musgo Cine e “inversión propia, de mi bolsillo”, dijo la directora.

El afiche del documental.
-¿La figura de María Elena Walsh te permite trabajar la mirada de género?
-Sí, hay un posicionamiento. Hay un personaje femenino que busca y releva la figura de María Elena y ya además, como es sabido, ella tuvo una militancia muy activa en un periodo muy complejo, más que nada en todas las agrupaciones queer y fue parte de agrupaciones feministas del país. Entonces busco información en la película a través de agrupaciones feministas que hay en Pehguajó para poder hablar de ella. Y aprovecho también en la película para hablar de cuestiones que ella hablaba en esa época.
-¿Tuviste en cuenta a la película infantil de García Ferré, “Manuelita”?
-Sí, la película de Ferré no podía dejarla de lado. En principio para los pehuajenses fue muy concurrido su estreno. Me lo acuerdo mucho porque era la primera vez que veíamos en la pantalla la representación de nuestra ciudad hecha de dibujitos animados. Y la visita a esa película también está acompañada por una reflexión sobre cómo fue construir para María Elena Walsh el guion junto a Ferré, relación y distancia que se encuentran con la versión original de la canción del ’78, porque son distintas y también son distintas las construcciones de perfiles de personajes de las Manuelitas. No es la misma Manuelita la de la canción que la Manuelita que está en la película de Ferré. Hay reflexión también acerca de cómo van evolucionando los arquetipos según las épocas.
-Manuelita se fue a París, vos también te fuiste de Pehuajó. ¿Entablás alguna relación de espejo entre el personaje y vos?
-Sí, totalmente. Ya lo asumo. En principio lo charlaba en terapia y ahora ya lo tengo muy claro. Digamos que es un alter ego la figura de Manuelita, porque tenía este ímpetu viajero y en cierta forma, en la película justamente ella es una aventurera que quiere conocer el mundo y se va a París para conocer el mundo. En la canción busca embellecerse con el viaje y en la película busca la aventura y expandir su mundo. Y me encuentro con esas resonancias conmigo y con el hecho de migrar dentro de la provincia, la distancia y esa sensación de desarraigo que hace que yo también vuelva, me siento representada porque siempre me tira de Pehuajó, es mi lugar: está mi familia, mi crianza, las calles pequeñas, es andar caminando sola sin peligro, hay una libertad tan linda.
-El cine argentino atraviesa un momento de disfanciamiento por parte del Estado Nacional a través del Incaa. ¿Cómo ves esta coyuntura?
-Es curioso estrenar en este contexto en el que estamos, de reducción de todo lo que sea un apoyo al cine nacional en términos de financiación y también por la docencia y lo que ocurre con las Universidades públicas. Siento que es un momento para escribir, para no desanimarse y también para empezar a pensar en otros tipos de diseño de producción que no tengan la necesidad de contar con la financiación del Estado. El Estado tiene que apoyar sí o sí al cine nacional y ofrecer financiamiento, pero el perfil que hoy está buscando el Instituto (de Cine) todavía no está muy claro. No hay que desanimarse, hay que escribir, pensar bien las formas de poder generar sistemas de coproducción y pensar qué tipo de cine queremos hacer. La ficción tiene sus complejidades pero tenemos grandes maestros y maestras que han hecho cine con muy bajos recursos, entre amigos y con una cámara y que han hecho grandes películas y muy profundas, como el caso de Cassavetes o de Agnés Varda. No hay que dejar de sentir la pulsión por la autoría. Hay que estar más conectado con poder escribir historias, con ganas de decir cosas, que se siga pensando en construir discursos audiovisuales.
-Das clases en la Malharro, en la Enerc, en la Universidad Nacional, ¿cómo ves a Mar del Plata de cara al cine? ¿Qué falta?
-Hablamos de una ciudad que tiene carreras muy jóvenes si la comparamos con otras ciudades como Buenos Aires o La Plata, donde estudié. Mar del Plata tiene también realizadores de hace mucho tiempo que han logrado hacer películas muy buenas pero hay una situación que tiene más que ver con la constancia y la disciplina de un trabajo que no es pago. En principio cuando nosotros escribimos una película tenemos que tener mucha disciplina y rigor de escritura, de reescritura, de correcciones, asesorías. Falta la pata de la producción ejecutiva. Celebro que se haya conformado una asociación de productores maplatenses. Es un trabajo muy a pulmón para poder organizarse. Y en los estudiantes se nota mucho una necesidad más bien de ser técnico. No hay un gran perfil de autores, hay un perfil más bien de gente que quiere ser camarógrafa, o directora de fotografía o directora de arte, o eléctrico. Lo que menos veo en las tres carreras es el deseo por escribir y el deseo por decir algo, de contar una historia porque hay una pulsión, una obsesión que necesitás sublimar y sí o sí te va a mover y vas a dar con el motor para que se concrete un proceso. Y después hay algo que también siento que falta, que es un espacio de contención y de comunidad audiovisual en términos más de lobby natural. Me encantaría poner un café o bar que se llame Lucrecia para la gente que está en el área y que vaya allí y que tengan sus encuentros, como un espacio de reunión por fuera de la formación formal de las facultades.
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