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La Ciudad 19 de mayo de 2026

El Estadio Mundialista enciende alarmas, pero ya habrían encontrado una “novia” con espalda financiera

Todos los entretelones de lo que es noticia en Mar del Plata.

El Mundialista ya dejó de ser solamente un proyecto demorado para transformarse en un problema político. Y de los incómodos. Porque cuando la oposición empieza a hablar de rescindir contratos, pedir una nueva licitación y hasta ironizar con que la empresa adjudicataria “tiene más problemas judiciales que Adorni”, quiere decir que el clima cambió. Lo que hace apenas unos meses era presentado como una apuesta histórica para recuperar el estadio José María Minella, el Polideportivo Islas Malvinas y todo el Parque de los Deportes, hoy empieza a parecerse más a una novela de incertidumbres, silencios oficiales y promesas suspendidas en el aire.

 

La revelación de las dificultades financieras y organizativas de Revee –la socia mayoritaria de Minella Stadium– derivadas de las causas judiciales que involucran a la firma brasileña REAG Investimentos encendió todas las alarmas. Sobre todo porque en Mar del Plata todavía no apareció lo esencial: ni el plan ejecutivo de obras ni el contrato completo firmado con el municipio. Y ahí empiezan las preguntas incómodas… Porque mientras el expediente parece moverse en cámara lenta, la concesionaria mantiene el control operativo de dos cajas importantes de la ciudad: el Mundialista y el Polideportivo. En el Concejo Deliberante ya nadie oculta el fastidio. Gustavo Pulti fue directo: sostuvo que la licitación se hizo “con inversores que no invierten” y con “una empresa que tiene más problemas judiciales que Adorni”. La frase, filosa y diseñada para viralizarse, resume bastante bien el nuevo humor opositor. También el concejal Diego García endureció el tono. Recordó que, “salvo el cerco perimetral” sobre Juan B. Justo, “nunca vimos a nadie trabajando en el Minella”. Y fue más allá: reclamó que Minella Stadium explique dónde están los casi tres millones de dólares de inversión que anunció en marzo.

 

ESTADIO 07

 

Porque ese es otro de los puntos sensibles de esta historia. La concesionaria asegura haber desembolsado cerca de tres millones de dólares en mantenimiento, reparaciones y trabajos “no siempre visibles”, aunque fundamentales para la recuperación estructural. El problema es que, políticamente, las obras invisibles cotizan poco. Mucho menos en una ciudad acostumbrada a renders espectaculares, anuncios grandilocuentes y maquetas futuristas que después suelen estrellarse contra la realidad. En el oficialismo todavía intentan bajar el tono. Hablan de procesos largos, aseguran que esperan documentación complementaria y sostienen que los tiempos administrativos no siempre coinciden con la ansiedad política. Pero el reloj empezó a correr demasiado rápido. Porque cada semana sin avances concretos agranda la sensación de que el negocio privado arrancó mucho antes que la transformación prometida. Y en Mar del Plata hay algo que la política conoce perfectamente: cuando la expectativa pública se convierte en sospecha, el costo suele pagarse caro.

 

 

 

Por eso empezó a instalarse una idea que hace apenas algunos meses parecía impensada: ¿hay margen para rescindir el contrato y volver a licitar? Algunos sectores de la oposición ya lo plantean abiertamente. Otros, más cautos, deslizan una alternativa menos traumática: salir a buscar de manera urgente nuevos inversores, “una novia para el Estadio”, que permita rescatar el proyecto antes de que el desgaste político termine por devorarlo. En las últimas horas circularon versiones de todo tipo alrededor de una licitación que, en su momento, había entusiasmado a buena parte de la ciudadanía. La promesa era ambiciosa: remodelar, modernizar y poner definitivamente en valor el Mundialista. Pero de aquel entusiasmo inicial a la realidad actual parece haber un abismo.

 

 

“Quienes ganaron la licitación están buscando desesperadamente socios o directamente vender las llaves de todo el paquete. Todo se complicó con la caída de la empresa en Brasil y también se cortó cualquier posibilidad de conseguir fondos nacionales”, describió un dirigente deportivo local que asegura conocer “la interna” de las negociaciones. Según esa misma fuente, ya hubo reuniones reservadas con empresarios locales y nacionales a quienes se les ofreció ingresar al negocio. “Hubo cheques rechazados, empleados de seguridad que no cobraron y otras anomalías”, añadió. La pregunta que empieza a sobrevolar cada conversación es inevitable: ¿quién tiene hoy espalda financiera para encarar las obras multimillonarias que necesita el Mundialista, convertido hace años en una especie de elefante blanco? Porque si algo parece claro, en medio de tanta incertidumbre, es que el negocio más rentable no está necesariamente en el estadio.

 

 

Si aparece un socio con verdadera capacidad de inversión, la prioridad probablemente sea el Polideportivo. Y las razones son evidentes. El Islas Malvinas funciona, genera actividad y tiene agenda confirmada. De hecho, acaba de ser sede del recital homenaje a Soda Stereo y ya tiene anunciado a Fito Páez para octubre. El flujo de eventos, recitales y espectáculos convierte al Poli en una unidad de negocios mucho más atractiva y menos riesgosa que el deteriorado Mundialista. A la vez, también trascendió el interés de un grupo empresarial chino dispuesto a invertir en gastronomía y entretenimiento dentro del Parque de los Deportes, aunque por fuera de lo que representa específicamente el estadio y el Polideportivo. El problema sigue siendo el mismo: ¿quién pondrá los millones de dólares necesarios para revivir el Minella? Los actuales concesionarios, cuando anunciaron aquella supuesta inversión inicial de tres millones de dólares, llegaron a afirmar que, “con viento a favor”, el fútbol grande podría regresar el próximo verano. Hablaron de cambiar todas las plateas, reemplazar el techo, construir nuevos accesos y palcos e instalar iluminación moderna. Hoy, frente a las versiones sobre la desesperada búsqueda de socios o incluso la intención de “vender las llaves” de la concesión, pensar en un estadio completamente renovado en el corto plazo empieza a sonar más a utopía que a proyecto concreto.

 

 

Y hay otro dato político nada menor: al desconocerse todavía el contenido completo del contrato firmado con la Municipalidad, tampoco puede establecerse con precisión cuáles son las obligaciones asumidas, los plazos comprometidos ni las eventuales cláusulas de salida. “La Municipalidad le dio la concesión a una empresa con capitales brasileños. Si esto cambia de manos, ya no estamos hablando de la misma licitación. Cuando podamos acceder al contrato, habrá que leer muy bien la letra chica”, deslizó un concejal opositor, que no dudó en calificar como “escandaloso” el escenario que hoy rodea al proyecto. Mientras tanto, el Minella sigue ahí. Gigante, vacío y cada vez más simbólico. Como una postal perfecta de las promesas que en Mar del Plata siempre parecen estar a punto de arrancar… pero nunca terminan de empezar. Porque el verdadero ruido político no lo genera solamente la demora, sino la sospecha de que el corazón de la licitación –la recuperación del Minella– puede terminar siendo el eslabón menos atractivo del negocio. Y cuando esa percepción empieza a instalarse, hipótesis que ya circula con fuerza en la política local, el debate deja de ser técnico y pasa a ser completamente político.

 

En las últimas horas, empezó a tomar fuerza un nombre en medio de las conversaciones reservadas que se vienen desarrollando en la ciudad de Buenos Aires alrededor del futuro del proyecto. Se trata de Marcelo Figoli, empresario con fuerte peso en la industria del entretenimiento y los medios, fundador y CEO del Grupo Fénix, una de las compañías más importantes del país en producción de espectáculos, management artístico y contenidos. Figoli construyó en los últimos años una estructura empresarial con presencia en recitales internacionales, festivales, representación de artistas y medios de comunicación. Su grupo estuvo vinculado a grandes shows y giras internacionales en la Argentina y América Latina, además de expandirse hacia radios, plataformas y negocios asociados al entretenimiento masivo. Pero además, desde hace tiempo viene avanzando sobre otro terreno: el desarrollo inmobiliario y los proyectos urbanos ligados al entretenimiento y la experiencia premium.

 

 

 

Quienes participaron de aquellas charlas recuerdan que incluso antes de la licitación, Figoli había dejado trascender que el desafío del Mundialista le resultaba atractivo. La posibilidad de transformar el Parque de los Deportes en un polo multifunción –con espectáculos, gastronomía, espacios comerciales y desarrollo inmobiliario– encaja bastante con el perfil de negocios que viene explorando. En distintos ámbitos empresariales, se lo describe como un jugador con capacidad de articulación, vínculos internacionales y acceso a financiamiento privado, tres elementos que hoy aparecen como indispensables para rescatar un proyecto cuya escala excede claramente una simple remodelación deportiva.

 

 

No casualmente, en las últimas semanas su nombre comenzó a mencionarse cada vez con más frecuencia en reuniones reservadas y conversaciones políticas vinculadas al futuro del Minella. Sobre todo porque, más allá del estadio, el verdadero activo parece ser todo el ecosistema del Parque de los Deportes y las posibilidades de explotación comercial que ofrece en una ciudad con enorme potencial turístico y de entretenimiento durante todo el año. Por ahora no hay confirmaciones oficiales. Apenas conversaciones, versiones y movimientos silenciosos. Pero en una historia donde casi todo se volvió incertidumbre, la aparición de un jugador con espalda financiera cambió el clima alrededor del Mundialista. La pregunta que ya empezó a circular en el círculo rojo marplatense es inevitable: ¿será Marcelo Figoli el hombre que termine manejando el futuro del estadio y del Parque de los Deportes?