El pianista Ciro Rolón vuelve a Mar del Plata para presentar, este miércoles 20 de mayo, un concierto titulado “Del barroco alemán al nacionalismo ruso” en el Teatro Municipal Colón.
“Estoy muy contento de estar nuevamente en Mar del Plata”, señaló el músico y sobre el repertorio contó que es “un recorrido cronológico por algunas de las grandes obras de la historia de la música occidental” incluyendo a Beethoven y Chopin, y dos referentes del nacionalismo ruso: Aleksandr Skriabin y Serguéi Rajmáninov, “muy cercanos a mi corazón, últimamente desarrollé cierta afición a su música”.
“Por lo general mis programas son de bastante bravura, bastante exigentes” indicó el artista en una extensa charla con LA CAPITAL. En ese sentido explicó que “aprovecho la juventud porque sé que el día de mañana no las voy a poder tocar porque requieren un nivel de destreza física muy grande. Toco todo lo virtuoso que pueda ahora hasta que el cuerpo me dé” indicó, comparando su disciplina con la de los deportistas. “La diferencia es que el deportista, se retira. Un pianista puede seguir como profesional. Todo depende de la clase de de pianista, pero se nota mucho como merma en la capacidad física”.
Para el joven pianista, conmover al público es “básicamente, el propósito de toda mi carrera”. La trayectoria de Ciro Rolón con el piano comenzó de niño, en Cipolletti natal. Sus primeros estudios formales fueron desde los 7 años, en la Escuela Municipal, con su maestra Liliana Oregón, “una persona sumamente importante en mi vida, una madre musical de alguna manera y durante mucho tiempo fue mi representante” y luego también con el maestro Aldo Antoniacci.
Ese largo recorrido, desde haber sido bautizado el “niño prodigio” de la ciudad patagónica, hasta hoy, lo llecó al Colón, donde es maestro adjunto del Teatro Colón y pianista del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, que define como “un entorno idílico”.
Además, como parte del desarrollo de la disciplina se ha dedicado a participar de certámenes para pianistas.
El último de esos concursos fue el Pianorama Argentina, de la Fundación El Sonido del Tiempo, que tiene sedes en Argentina e Italia y del que resultó ganador. Como premio, el concurso ofrece una gira de conciertos por Reino Unido.
“Voy a participar del Festival Steinway, en el Steinway Hall de Londres y a dar recitales solistas, tanto en Londres como en Manchester y Birmingham” contó. El joven pianista aprorovechará la oportunidad para realizar una gira Europea, en el marco de la que también se presentará en España, Italia y Bélgica. “Fui invitado a grabar un disco de la obra de Muzio Clementi, un gran compositor de clasicismo y voy a grabarlo en Girona (España), en un estudio cuyo técnico de grabación conocía a Piazzolla. Va a ser un honor” compartió.
-Tenés oído absoluto. ¿Qué implica esa característica?
-Es una habilidad que fui trabajando y puliendo a lo largo de los años. Es más común de lo que se piensa. Simplemente es una capacidad de discernir ciertas frecuencias sin tener una referencia específica. Por supuesto que es una habilidad que puede ser innata, alguien que no se dedica a la música lo puede tener, pero alguien que se dedica a la música puede trabajarlo, puede pulirlo, puede tener una suerte de oído absoluto primitivo y a lo largo del tiempo, a través de clases de teoría, audio-perceptiva, pulirlo hasta el grado de que uno sea capaz de discernir cualquier frecuencia. En mi caso, puedo detectar, por ejemplo, en qué frecuencia está la sirena de cada línea de subte.
“Soy fan”
-No quita toda la disciplina y todo el trabajo y la práctica y el estudio que implica llevar adelante tu profesión.
-No, claro, es como el talento en sí mismo. Es necesario, al menos yo creo que así lo es, pero es cierto que el porcentaje es mucho menor al del esfuerzo y a la disciplina que se requiere. Por lo cual uno puede tener un talento superlativo, ser un prodigio también, pero de nada sirve si no se trabaja duro por conseguir resultados.
-Eras el primero en reservar los horarios de piano para practicar y que practicas muchísimas horas todos los días.
-Sí, bueno, soy un gran fan del instrumento al que me dedico, así que sí, el piano es un instrumento que demanda muchas horas de ensayo, particularmente muchas más quizás que otros instrumentos, porque es técnicamente muy complejo, muy difícil. Y desde chico entendí que necesitaba ensayar durante muchas horas. Aparte como me gustaba mucho el instrumento, realmente, ensayaba muchas horas. Hoy en día puedo ensayar 6 a 8 horas, 10 horas a veces antes de conciertos importantes. Y es verdad, siempre reservaba aulas desde que abría el conservatorio hasta que cerraba. Recuerdo en mi época de más obsesión cuando estaba conociendo la técnica rusa, la técnica china, estaba en el conservatorio como dos horas y media haciendo distintas variantes solo de ejercicios para el cuarto y quinto dedo.
-En el caso del piano, eso es muy importante porque a diferencia de otros instrumentos, vos a tus giras no podés viajar con tu piano, con el que ensayás siempre, que conocés del derecho y del revés. ¿Cómo es esa relación con los pianos de los diferentes lugares a los que tenés que ir a presentarte?
-Bueno, muy buena pregunta. Lamentablemente los pianistas clásicos no podemos transportar nuestro instrumento como a lo mejor sí lo hacen los tecladistas de música popular. Tocamos esencialmente en instrumentos acústicos, grandes pianos de conciertos, pianos de cola, podría ser vertical en alguna ocasión, aunque es raro. Son instrumentos muy grandes para transportar, entonces lo normal es que tengamos que tocar el piano que se nos presenta al llegar al auditorio, que puede ser muy bueno como no tan bueno. Me ha pasado muchas veces de romper incluso cuerdas en medio de un concierto, más de lo que quisiera. Pero sí, es un trabajo conocerlo, conocer el pedal, hasta dónde baja, las teclas, porque a veces la altura es unos milímetros más alta o más baja, más ancha o más estrecha, y todas esas pequeñas cosas influyen en la interpretación en el concierto. Es parte de ser profesional el poder acostumbrarse y adaptarse a cada piano que nos toca.
-¿Cómo es ese primer encuentro con un piano nuevo? ¿Con uno que no has tocado nunca?
-Es sentarse y yo suelo tocar algunas escalas, algunos arpegios rápidos, para sentir un poco el peso del instrumento. Lo que más me importa es sentir el fondo del teclado. Hay lo que se llama el plano del teclado descendido, que es, si yo bajara todas las teclas del piano, tiene un tope. Yo busco ese piso para poder más o menos regular la presión que ejerzo en cada tecla.
-¿Desarrollaste una especie de autotest para luego saber cómo ejecutar ese instrumento?
-Sí, claro. No solo yo, creo que todos los pianistas tenemos nuestra manera de calentar el instrumento. Algunos tocan algo del programa que van a tocar, otros tocan simplemente acordes, otros arpegios, cada uno tiene su método. Yo simplemente trato de probar en esos primeros segundos el piano en todas sus posibilidades, desde la nota más aguda a la nota más grave, en rápido, en lento, el sonido más fuerte que se puede sacar, el sonido más piano, o sea, más suave. Es muy importante también por la acústica de la sala, ¿no? Una sala con mucha reverberancia va a requerir menos uso del pedal, el pedal derecho, que es un pedal que mantiene la sonoridad.
Entonces, si es una sala con mucha reverberancia, voy a necesitar usarlo menos. Si es una sala más seca, digamos, que absorbe mucho más, voy a tener que usar más pedal. Son todos parámetros que uno va ajustando a medida que se acerca al concierto.
– Dijiste que sos fan del instrumento, te dedicás desde los 5 años, has dedicado prácticamente tu vida con una gran disciplina, ¿deja abiertos lugares para distracciones, para otras cosas, dedicarse tanto al tema?
-Sí, en mi caso tengo la fortuna de poder decir que tuve una infancia normal. A ver, se sabe de casos, de quizás prodigios en Medio Oriente, donde la exigencia es tal, de parte de su entorno, que tienen poco tiempo para socializar o realizar otras actividades. Yo si bien admito que he tenido que privarme de muchos aspectos de una infancia común y corriente, en el sentido de que quizás tenía amigos que se juntaban a jugar al fútbol o a los videojuegos y yo quizás me quedaba en casa estudiando piano porque se acercaba un concierto o tenía que tocar un repertorio muy difícil y desarrollé una madurez muy temprana, eso no implica que haya estado aislado de estos acontecimientos importantes en la vida de un niño. También hago deporte, me gusta muchísimo la natación, nadé en la selección de mi provincia, me encantan los deportes, como a mis hermanos, como a mis padres, me gusta el ajedrez, me gusta dibujar, tengo un perfil de dibujante incluso donde hago encargos de dibujos realistas. Así que tuve la suerte de poder hacer otras cosas además de tocar el piano, por suerte.
Intercambio y competencia sana

-¿Y cómo es la relación con los pianistas o las pianistas de tu generación? ¿Hay intercambio? ¿Hay relación?
-Somos una comunidad muy de nicho, yo suelo decir, el piano clásico de por sí es un nicho, si bien es el mundo en el que me muevo, y se siente extraño salir de la burbuja, digamos, en el sentido de juntarme con personas de otras profesiones, tratamos de que sea una comunidad, compartir cosas en común, anécdotas de conciertos o contactos de salas, directores de orquesta, por supuesto, tengo muchos amigos músicos. Es lindo poder relacionarse con otros, y aprender de otros, más allá de la competencia que existe y es sana, algo muy importante en el desarrollo de un músico. Una de las razones por las que yo me voy trasladando de ciudad en ciudad, es justamente para aprender también de otros colegas que se dedican a lo mismo y nutrirse mutuamente.
-Son distintas maneras de evadir un poco lo solitario que es dedicarse a esta disciplina.
-Sí, claro, es una disciplina muy solitaria, sin lugar a dudas, puede llegar a serlo en gran medida incluso. Es decisión de cada uno saber cómo relacionarse con otros en caso de necesitarlo. La razón de estas soledad es porque estas obras requieren un nivel de concentración e introspección muy particular, son obras que atraviesan un abanico de sentimientos y emociones muy grandes, entonces la soledad es necesaria para poder encerrarse en ese mundo que significan estas obras. Pero creo que es importante mantener un equilibrio entre la soledad del instrumentista y la vida social que necesita un ser humano para desarrollarse.
-En el vivo ¿cómo se maneja esa instrospección, esa concentración?
– La mayor problemática en este tipo de música es cuando la gente aplaude entre movimientos. Los movimientos son estos fragmentos en los que están divididas estas obras. Por ejemplo, una sonata de Beethoven tiene tres movimientos. Termina el movimiento y a veces es muy espectacular y la gente quiere aplaudir. Pero no tiene que aplaudir todavía porque hay unos segundos de intervalo antes del segundo movimiento que suele ser totalmente distinto o contrastante. El aplauso distrae porque uno está en una especie de trance y el silencio es muy importante en la música, no solo el sonido, sobre todo en el en el ámbito de la música clásica y realmente se usa mucho. Hay obras que tienen muchos segundos de silencio que están en la partitura y hay que respetarlos.
-¿Cómo puede darse cuenta alguien que no conoce, que no tiene que aplaudir?
-Mirando el comportamiento corporal del músico, si alejó la manos del piano, si las bajó o todavía siguen en el aire o si se va a parar, a veces el músico incluso mira al público también. La idea es que el público se vaya educando, por eso estoy a favor, digamos, de llevar música clásica a diferentes públicos, a otras generaciones, a público más juvenil o bien a otros espacios geográficos, que no sea solamente algo de los grandes teatros líricos del país, sino que se puedan organizar más conciertos en centros culturales, en anfiteatros, en Europa hace mucho esa clase de cosas.
– Además de los silencios, las emociones, lo enérgico, lo más melancólico también conviven.
– En los conciertos trato de pasar por distintos estados, lo hago por el concierto y también por mi integridad física, porque necesito una obra que me ayude a que mis manos vayan solas, obras que las tengo tan tocadas que las puedo hacer con los ojos cerrados, que tengo tan incorporadas que puedo estar hablando con alguien y a la vez tocarndo
Y eso me sirve respirar y recuperarme de otra en la que quedo muy agitado. Este miércoles por ejemplo voy a tocar la sonata Apasionata de Beethoven, es muy complicada y termino liquidado después. Por eso pongo una pieza corta, tranquila, Pero por lo general mis programas son de bastante bravura, bastante exigentes. Aprovecho la juventud porque sé que el día de mañana no las voy a poder tocar porque requieren un nivel de destreza física muy grande. Así que aprovecho y toco todo lo virtuoso que pueda ahora hasta que el cuerpo me dé. Como los deportistas, la diferencia que el deportista, se retira un pianista puede seguir como profesional. Todo depende de la clase de de pianista, pero se nota mucho como merma en la capacidad física.
-Y ¿cómo cuidás tus manos, tus articulaciones?
-Sí uno tiene una buena técnica debería evitar todo tipo de lesión. Una buena técnica evita, por ejemplo, muñecas rígidas, que es es la principal causa de tendinitis. La articulación más importante yo diría para tocar el piano es la muñeca. Uno piensa los dedos. Los dedos sí son muy importantes, pero lo más importante es la muñeca porque transmite energía a todos los dedos. y sí, una buena técnica es una técnica relajada o que permita tensionar y relajar.
la técnica es 50%. En general se habla de la interpretación, el sentimiento, todo eso, pero nada de eso sería posible si no tenés una buena técnica.