Describir la criminalidad de los protagonistas del golpe de Marzo del `76, volver a asignarles adjetivos que remarquen otra vez los contornos de su silueta tenebrosa, no solo es incurrir en una suerte de redundancia ritual, sino que es uno de los lugares más cómodos en que podemos situarnos para reflexionar sobre el significado histórico de ese tiempo y de aquellos hechos. Sin embargo, hubo un marco propicio de voluntades anónimas, omisiones tácticas, reticencias útiles y negaciones persistentes que fueron tan imprescindibles como los propios protagonistas para que ocurra la tragedia. Para que el resultado de la época pueda tener la dimensión de enorme fracaso humano y nacional que tuvo no alcanza con las bestias.
Se puede pensar, con algunos fundamentos, que hubiera sido posible detener la marcha de los orquestadores del estrago (y de sus financistas e importadores asociados) si hubieran estado aislados.
Antonio Gramsci dice que “el paso histórico no lo da el hombre individual sino el hombre colectivo”.
Parafraseándolo, en un sentido de valor inverso, podría decirse que aquel paso hacia al crimen político represivo, organizado desde el poder del estado, con su correspondiente destrucción económica y cultural, necesitó de una cierta anuencia colectiva.
¿Y qué agrega decir esto? Podría ser que reflexionando en estos términos podamos ayudarnos a evitar toda forma de soslayo o desentendimiento sobre lo que nos ocurre como sociedad, tanto ayer como hoy.
Suele pasarnos que después de las euforias nos vienen las depresiones y después de los entusiasmos una suerte revancha negativa contra esos mismos entusiasmos. Muchas veces concurrimos hoy a la celebración de lo que mañana vamos a detestar. Otras, condenamos a la indiferencia aquellas causas y gestas que más tarde elogiaremos por el estoicismo con que atraviesan la etapa en que nosotros mismos miramos para otro lado.
(De estas idas, vueltas e idas podrían dar un testimonio enorme las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo).
Por eso creemos que tiene sentido el ejercicio de reflexionar la historia no solo como pasado sino como actualidad. Hoy también está ocurriendo nuestra historia. Con o sin nombre propio frente a los libros que se escribirán, estamos siendo los hacedores del paso histórico de hoy.
Al revés, aquel tránsito por el desastre y el asesinato, por la imposición de un modelo económico y cultural basado en el aplastamiento de los intereses mayoritarios de la Argentina, necesitó de mucha inconciencia indiferente, de mucha confianza sonsa en la propaganda procesista, de muchos creyendo que las cosas las arreglaban otros.
* Ex – intendente Mar del Plata período 2007-2015
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