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Policiales 26 de diciembre de 2017

Una cerradura rota, falta de personal y otra previsible fuga del Batancito

El 24 a la tarde se produjo la insólita fuga de un menor del Instituto de Batán. Desde entonces lo buscan por toda la ciudad. Las falencias del “Batancito” una vez más son noticia.

Un menor de 16 años, que muestra conflictos con la ley desde muy pequeño, escapó poco antes de Nochebuena del Instituto Cerrado de Batán al aprovechar que la oficina en la que lo habían encerrado tenía rota su cerradura y que ninguno de los cuidadores estaba a la vista.

La jueza Fernanda Di Clemente ejecutó la orden de captura y lo declaró en rebeldía en el marco de la prisión preventiva que estaba cumpliendo por un robo con arma blanca cometido a principio de mes.

La forma en la que el adolescente logró evadir los controles de Batán y ganar el exterior tiene ribetes inverosímiles, aunque vale advertir que tratándose del “Batancito” todo puede esperarse, incluso aquello que escape de la imaginación.

De acuerdo a la información a la que accedió LA CAPITAL, el menor atravesaba un período de alteración psicofísica a partir de la abstinencia al consumo de estupefacientes. Desde su último encierro no había tenido contacto con drogas y por eso mostraba una conducta por momentos violentas y por otras depresiva.

A raíz de esta circunstancia las autoridades del Instituto Cerrado de Batán resolvieron enviarlo a un sector de oficinas, fuera de las celdas comunes, para evitar cualquier tipo de autolesión y de que gozara de un espacio menos restrictivo.

Sin embargo, desde algún tiempo a esta parte esa oficina tiene dañada su cerradura, de modo que entrar y salir del sector se transforma en una cuestión voluntaria.

El 24 de diciembre en horas de la tarde confluyeron dos situaciones demasiado tentadoras para el adolescente. A la falta de cerradura se le agregó la falta de cuidadores, o celadores, una combinación que vulneró cualquier resistencia interna en el menor. Tomó un par de pertenencias y se dirigió hacia el sector del patio, desde donde subió a un paredón, de allí a un techo y se lanzó al campo lindante. Otros dos menores que también estaban en la “oficina” decidieron quedarse.

Su fuga no estuvo en riesgo en ningún momento, mucho menos los minutos siguientes mientras escapaba, ya que las autoridades del Instituto de Batán notaron su ausencia cerca de las 21. Entonces siguieron con el protocolo de avisar al fiscal de turno Carlos Russo, quien no pudo formar una causa por “evasión” debido a que no existió ni violencia física contra la propiedad ni contra las personas.

La juez Di Clemente, que había dictado la prisión preventiva, fue la que declaró al menor en rebeldía y libró la orden de captura, la cual fue comunicada a las distintas dependencias policiales.

El menor había sido detenido a principios de mes en proximidades de la Villa Mateotti, donde tiene fijado su domicilio. Según se supo, esa mañana participó del violento robo contra un camionero que transitaba por la avenida Mario Bravo y debió detenerse en Talcachuno ante una falla del vehículo.

En ese momento tres adolescentes se le acercaron armados con cuchillos y lo intentaron asaltar, pero el chofer logró meterse dentro de la cabina. A pesar de que se creyó a resguardo, el camionero no permaneció a salvo demasiado tiempo. En cuestión de segundos los tres menores abrieron una puerta, golpearon al hombre y lo arrojaron al piso.

Con la idea de sustraerle lo que tuviera de valor los precoces delincuentes lo siguieron golpeando en el piso y finalmente escaparon llevándose apenas un teléfono celular.

Personal de policía de la jurisdicción que pasaba por el lugar interceptó a dos de los tres jóvenes que pretendían huir hacia la mencionada villa, ubicada a menos de 100 metros. Un menor de 16 años fue aprehendido pero poco después restituido a sus padres progenitores por no tener edad punible, mientras que el restante resultó ser el adolescente que el 24 de diciembre escapó, sigiloso, del Instituto de Menores de Batán.



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