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El Mundo 12 de octubre de 2018

El independentismo catalán se fractura en un octubre negro

Los partidos separatistas perdieron la mayoría en el Parlamento regional por el desacuerdo sobre cómo afrontar la suspensión judicial de seis diputados, acusados de rebelión por el intento de secesión.

Roger Torrent, presidente del Parlament de Cataluña. Foto: EFE | Quique García.

por Daniel Bosque

BARCELONA.- El frente independentista que hace un año colocó Cataluña al borde de la secesión con España, se fracturó esta semana por las estrategias divergentes de sus diferentes facciones mientras las bases más radicales empiezan a rebelarse contra sus dirigentes.

Los partidos separatistas perdieron el martes la mayoría en el Parlamento regional que disponían desde septiembre de 2015 por el desacuerdo sobre cómo afrontar la suspensión judicial de seis diputados, acusados de rebelión por el intento de secesión.

Juntos por Cataluña, el partido del expresidente Carles Puigdemont que sigue moviendo los hilos desde su exilio belga, quería desafiar la suspensión y permitir votar a sus cuatro diputados afectados.

Izquierda Republicana (ERC), el más antiguo de los partidos independentistas, optó por designar un sustituto a sus dos compañeros suspendidos, entre ellos su líder Oriol Junqueras, exvicepresidente de Puigdemont encarcelado desde noviembre.

Y para proteger judicialmente a uno de sus principales dirigentes en libertad, el presidente del Parlamento regional Roger Torrent, se alineó con la oposición para evitar la desobediencia de sus aliados, privándoles de esos cuatro votos.

Como consecuencia, el gobierno catalán de Quim Torra se quedó con un apoyo de 61 diputados sobre 135 y, aun contando los cuatro escaños del pequeño partido de izquierda radical CUP, los independentistas no alcanzan la mayoría absoluta.

Muestra de su debilidad no consiguieron aprobar ese día resoluciones sin valor jurídico pero altamente simbólicas para el movimiento como la defensa del derecho a la autodeterminación.

Juntos hasta el juicio

“No nos dividirán, iremos hasta el final”, lanzó el miércoles el presidente Torra en el Parlamento regional donde la oposición vislumbra ya el colapso de su gobierno y un adelanto electoral.

El ejecutivo de coalición de Torra se conjura para aguantar al menos hasta la sentencia del juicio por rebelión contra la antigua cúpula independentista, entre ellos nueve encarcelados y siete exiliados.

El juicio debe comenzar a principios de 2019 y las largas condenas que se esperan para los acusados pueden reagrupar el movimiento.

“No sé si pueden durar tantos meses”, afirma el profesor de políticas de la Universidad Autónoma de Barcelona, Oriol Bartomeus.

“No diría que el gobierno caerá seguro pero está en una situación peligrosa, no tanto por no tener mayoría sino por la división interna, porque está claro que los dos partidos no se entienden”, añade.

La relación entre la progresista ERC y el centroderechista PDECAT de Puigdemont, ahora integrado en Juntos por Cataluña, fue siempre espinosa: se necesitaban mutuamente para avanzar hacia la secesión pero competían por liderar el movimiento.

“Ahora es una vuelta de tuerca más: no es solo competencia electoral sino dos visiones estratégicas distintas”, señala Bartomeus.

Y la llegada de Pedro Sánchez al gobierno español, con un mensaje más dialogante, ahondó las diferencias, añade.

Los “puigdemontistas” creen que la única manera de obtener algo de Madrid es mantener viva la tensión mientras que ERC apuesta por dialogar y calmar la situación hasta ampliar los los apoyos a la independencia (47% en los últimos comicios).

Las bases se rebelan

Activista procedente del independentismo más radical y sin experiencia política antes de asumir la presidencia, Torra hace equilibrios entre ambos.

Por un lado negocia con el gobierno de Sánchez, que sigue rechazando un referéndum de autodeterminación, pero por el otro practica un discurso encendido, llamando a la movilización permanente de los suyos para hacer real la república proclamada fallidamente el 27 de octubre de 2017.

Pero la impaciencia se apodera de los más radicales: en varias manifestaciones del 1 de octubre, aniversario del referéndum ilegal de autodeterminación, se pidió su dimisión e incluso se intentó asaltar el Parlamento regional.

Un año después de haberse enfrentado a los policías enviados por Madrid para impedir la votación, los militantes independentistas chocaron esa noche contra la policía regional de Torra, que horas antes había animado sus protestas.

Y la poderosa asociación ANC, artífice de las masivas manifestaciones de los últimos años, ya ha marcado un ultimátum: o el gobierno presenta antes de 2019 una estrategia para hacer efectiva la república o pierde su apoyo.

AFP-NA