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La Ciudad 18 de marzo de 2019

Bordón: “No le vendría mal al Gobierno tener que debatir ideas con Lavagna”

El embajador argentino en Chile destacó la figura del ex ministro de Economía. "Más allá de si finalmente es candidato o no, yo creo que ayudaría a tener un diálogo más serio", dijo. Además, habló de las relaciones con Chile y Brasil, su paso por la gestión de Néstor Kircher y la grieta.

José Octavio Bordón en el aeropuerto antes de embarcar rumbo a Chile.

por Marcelo Pasetti

El embajador argentino en Chile, José Octavio Bordón, aseguró que al gobierno de Mauricio Macri “no le vendría mal tener que debatir ideas” con el ex ministro de Economía, Roberto Lavagna.

“Más allá de si finalmente es candidato o no, yo creo que ayudaría a tener un diálogo más serio”, explicó. Y agregó: “Esto le permitiría al Gobierno mejorar lo que ha hecho y eventualmente corregir algún error”.

En una extensa entrevista con LA CAPITAL antes de regresar a Chile, Bordón habló de política internacional y destacó que las relaciones con el país trasandino se encuentran “muy bien por tres motivos”.

“El primero es el Tratado de Paz y Amistad. Prácticamente desde el retorno de la democracia en Chile hasta ahora hemos seguido una misma dirección. Más allá que hubo momentos muy activos y positivos, y otros menos intensos y con algunas pequeñas dificultades, nunca cambió el objetivo al que vamos en la relación binacional en relación a compartir de nuestras democracias, los derechos humanos y la integración”, afirmó.

– ¿Cuál son los otros dos motivos?

-Lo segundo es que realmente el gobierno argentino actual en estos tres años ha tenido una postura de buenas relaciones en término de democracia, derechos humanos e intereses, y esto ha sido muy positivo. En tercer lugar, creo que hemos trabajado muy bien con los distintos embajadores de Chile. Hay un método de trabajo. Ciertamente nos gustaría funcionar más rápido, cosa que no siempre los recursos económicos o la macroeconomía nos permite, pero hemos avanzado muy bien.

– ¿Qué han logrado durante ese trabajo en conjunto?

– Hemos logrado en estos últimos tres años un avance de diálogo muy importante entre Mercosur, nuestra relación con Uruguay, Paraguay y Brasil, o como es el caso de la Alianza del Pacífico con Chile, Colombia, Perú y México. Esta relación es muy importante porque da una idea que para mí fue uno de los dos temas básicos por los cuales yo acepté al presidente Macri, sin ser parte de su coalición política -aunque lo conozco desde hace muchos años y tenemos muy buena relación- que ha sido esta idea de una Sudamérica bioceánica.

– ¿Con la irrupción de Bolsonaro no corre peligro el Mercosur?

– Creo que no y siempre espero que no. Hay que pensar que una de las tres primeras decisiones que el presidente Macri tuvo fue la de viajar a Brasil. Si uno quiere tener relaciones permanentes con los vecinos, como dijo la ex canciller Susana Malcorra, “todos los países son importantes, pero los vecinos son indispensables”. Esto no puede tener una visión ideológica o de perspectiva. Hay dificultades, pero está funcionando muy bien. El presidente Bolsonaro recibió al presidente Macri con mucho entusiasmo. En el marco de la democracia y del respeto de los derechos humanos, yo creo que las diferencias razonables, que dentro de cada país se producen, no deben ser obstáculo para continuar el proceso de integración y amistad.

– Usted tuvo una activa participación en la democracia argentina, pasó por todos los roles y siempre hemos visto en Chile cómo cambian los gobiernos y hay una continuidad en la política. Esto es algo con lo que los argentinos nos sorprendemos. ¿Qué nos falta a nosotros en ese sentido?

– Si bien nací en Rosario y crecí en la provincia de Buenos Aires, de donde era mi padre, me siento profundamente mendocino y, por lo tanto, pasé más de 50 años yendo y viniendo a Chile. Así que puedo comparar el Chile que conocí al principio, que sufrió los mismos dramas que Argentina ante la dictadura de Pinochet como acá la de Videla. Creo que Chile se planteó un cambio sobre finales del siglo XX y principios del XXI a diferencia de Argentina.

BORDON

– ¿Cómo fue ese proceso?

-Ciertamente la dictadura por casi diez años devastó la economía chilena hasta que la tremenda crisis del 82 los llevó a cambiar. No necesariamente en un sentido positivo, pero sí en buscar estabilidad. El gobierno nuevo obviamente tenía diferencias importantes, no sólo en materia de derechos humanos, sino también en materias económicas y sociales con la dictadura de Pinochet. Sin embargo en algunos temas como la estabilidad monetaria, la apertura tiene algunas críticas pero ya estaba hecha, decidieron cambiar la política, pero respetando ciertas reglas de juego. Fue una transición mucho más ordenada, y más comparado al drama nuestro: la crisis y el drama de la derrota de Malvinas en el 82.

– ¿Cuál fue la diferencia de la dictadura chilena con la argentina?

– En el caso nuestro, la dictadura no solamente nos dejó el drama de derechos humanos, la pobreza y la deuda, sino también destruido el aparato productivo y financiero argentino. Hemos avanzado mucho en términos de democracia, derechos humanos, pero lamentablemente cada gobierno que llegó generó una reacción económica y social positiva y después de un tiempo… Es como que nos enamoramos de las medidas de emergencia en todos los gobiernos, algunos con más gravedad en otros menos, entonces confundíamos las medidas de emergencia necesarias con estrategia económica a mediano o largo plazo.

– ¿Por qué cada gobierno que asume quiere refundar el país?

– Da la impresión de que cada uno que empieza piensa que funda la Argentina de nuevo y hay cambios muy profundos. Ciertamente el gobierno que se fue y el gobierno de Macri tienen diferencia profundas, pero tenemos que tratar de ver qué es lo que rescatamos aun dentro de las críticas anteriores y qué es lo que cambiamos. Espero que la vocación democrática que este gobierno tiene, más allá de las dificultades o errores económicos o sociales que hayan existido que son indudables, nos permita una campaña electoral donde más allá del enfrentamiento personal y de sentir que todos son dueños de la verdad, tengamos la capacidad de plantear hacia dónde vamos al futuro, en qué cosas disentimos y en qué cosas podemos coincidir.

– ¿Es muy difícil romper la bipolaridad en la Argentina?

– Creo que no. Nosotros de alguna manera la rompimos en 1995. El error fue que después no pudimos continuarla, por lo cual me siento parcialmente responsable por eso soy bastante sobrio y humilde a la hora de cargar culpas sobre los otros. Tengo la tranquilidad de la transparencia de vida, pero eso no alcanza. Para superar la bipolaridad, que en sí no es mala, uno no puede decir en el día de hoy después de la crisis del Brexit que Gran Bretaña o Estados Unidos son modelos, pero son países que han demostrado durante muchas décadas que tener dos grandes partidos con alternancia pero más que nada con diálogo no era algo malo para la democracia . O sea que yo no diría que la bipolaridad es mala.

– ¿Entonces la llamada grieta no es un problema?

– Lo que no es bueno es que a la hora de buscar una alternativa frente a la supuesta grieta o grieta real tratemos de crear dos grietas. En ese sentido creo que cualquier alternativa que busque romper el bipolarismo actual que existe – ya que tanto el gobierno oficial incluso con los errores que ha cometido sigue teniendo apoyo o el gobierno de Cristina que está vinculado con casos de corrupción sin precedentes en la democracia- no debe generar una tercera grieta, si no que sea capaz siendo más crítico de uno que de otro, de plantear un debate hacia el futuro.

– Usted habla de la corrupción cometida por Cristina Fernández, pero fue embajador en Estados Unidos con Néstor. ¿Era distinto?

– Yo no fui parte de la coalición, aunque lo voté a Néstor Kirchner en 2003. Me llamó la atención que me invitara a ser embajador de Estados Unidos, las razones que me dio me parecieron entendibles, fue muy pragmático. Me dijo: “A mí me conocen poco y mal, a vos te conocen bastante y bien y sé que pensamos parecido con vos y con Roberto Lavagna sobre cómo sacar el país adelante”.

– ¿Qué le pareció ese planteo?

– Me pareció un planteo sincero. Durante 2 o 3 años hicimos una tarea muy importante. Hicimos una muy buena negociación de la deuda entre el Presidente, el ministro de Economía y yo en mi rol desde Estados Unidos. Trabajamos muy fuerte y en equipo y pudimos construir una negociación seria, donde compartimos responsabilidades. La responsabilidad del Gobierno argentino, más allá de que ese gobierno no era responsable de haber mantenido la convertibilidad después de los dos primeros años, ni de generar un default político como el que se generó después que ambos nos generaron muchos problemas. Lamentablemente había una idea de mostrar como que éramos más vivos que el resto del mundo.

– ¿Para usted esas políticas no podían sostenerse a largo plazo?

– Roberto Lavagna estuvo lúcido y yo lo acompañé con la idea, y discutí respetuosamente con el presidente Kirchner en el sentido que las medidas de excepción que habíamos dicho en los tres primeros años que eran necesarias, no podían ser sostenibles en el largo plazo.

– ¿Por qué?

– Porque teníamos una parte del aparato productivo sin funcionar, porque teníamos el consumo destruido, por lo tanto impulsar el consumo iba a reactivar la impulsión económica.

– ¿Por esas diferencias se alejó del gobierno de Néstor Kirchner?

– Pensando en una argentina con inversiones, con energía, con producción, con estabilidad, no podíamos seguir creciendo con una visión electoral al 10 o 12%. Entonces esto más allá del tema de la corrupción, que ciertamente ha sido grave y que explotó después pero de alguna manera ya estaba en ciernes, fueron los motivos por los cuales tomé distancia, pero no el único.

– ¿Cómo califica a la gestión de Néstor Kirchner?

– La verdad que el presidente Kirchner tuvo unos primeros años importantísimos, donde hizo una gran tarea con gran esfuerzo y fuerte liderazgo, que lamentablemente es como un deja vú argentino. Después que nos va bien, nos creemos dueños del país. Como fue con la convertibilidad, creemos que sirve para lo permanente y terminamos en otra crisis.

– Y ahora como sociólogo e hijo de la política argentina, ¿Cómo lo ve a Lavagna?

– Lavagna, que además es mi amigo personal, yo creo que es una figura honesta. Es un hombre que siempre ha tenido una gran capacidad de diálogo, desde su origen justicialista pero con gran capacidad de diálogo con el radicalismo, comprendió en sus tiempos también como estudiante que el mundo existe. Que si bien lo más importante, y lo que uno quiere, es nuestra cultura, no podemos vivir aislados del mundo. Tiene, junto a otros economistas, la virtud de que sabe mirar la macroeconomía desde la microeconomía, y la microeconomía desde la macroeconomía. Entonces en un país con desarrollo macrononómico hay posibilidad de desarrollo productivo y sectorial y una macro simplemente ordenada no garantiza un desarrollo productivo del empleo. Ambas cosas deben ir acompañadas.

– Entonces lo ve como un hombre valioso para el país.

– Más allá de si finalmente es candidato o no, yo creo que ayudaría a tener un diálogo y un debate más serio. Es más, yo creo que no le vendría mal al gobierno actual tener que debatir ideas con un hombre como Lavagna porque esto le permitiría mejorar lo que ha hecho y eventualmente corregir algún error.

– ¿Y con Cristina?

– Un debate con la ex presidenta, con todo el derecho que tiene a presentarse, yo creo que va a ser un debate con el pasado.

– Cuando usted fue candidato a presidente uno de los discursos más fuertes que esgrimía y que más había pegado en la opinión pública, tenía que ver con la educación. ¿Cree que el país avanzó o retrocedió en ese aspecto?

– Ciertamente la educación es clave. Siempre lo fue. Las cosas tan graves que ocurrieron, nos llevaron a una crisis muy grande. La Argentina era el país líder en educación en América latina. En una época estábamos detrás de Cuba, debíamos estar quintos o sextos. Entonces hay que trabajar y hay que pensar en dos cosas. La educación realmente tiene un rol de inclusión, que haya aumentado la cantidad de chicos que están en el sistema educativo. El problema es, ¿cómo asumimos el desafío de la cantidad, esto de que estén todos los niveles educativos y puedan acceder a la Universidad, pero al mismo tiempo cómo la hacemos de calidad y pertinente? Y cuando digo pertinente no es obligar a la gente a estudiar pero si decir: ‘Mirá estas son las alternativas’. Pero lo que no puede ser es que en un país que necesita ingenieros prácticamente nos llenamos de abogados o comunicadores sociales o sociólogos. Bienvenidos, si es necesario. Pero el país tiene derecho a poner prioridad en otras carreras y formarlos en el buen conocimiento.

— “En Venezuela lo que comenzó como una supuestarevolución terminó más cerca de una dictadura”

Al analizar la situación de Venezuela, el embajador argentino en Chile, José Octavio Bordón, afirmó que “lo que comenzó como una supuesta revolución terminó más cerca de una dictadura”.

“Es un drama no solamente por el problema que muchos países tienen, sino porque realmente en nombre de una supuesta revolución, de un movimiento que en un inicio habrá tenido un sentido realmente reivindicatorio o popular, terminó en una crisis económica social y en un proceso más cerca de una dictadura que de una democracia”, dijo. Y agregó: “Lamento que sectores que vienen del progresismo, de lo popular, creen que defender el gobierno de Maduro es defender el progresismo porque es todo lo contrario. Lo que sí creo es que tenemos una gran responsabilidad los países latinoamericanos, nosotros no podemos permitir que ocurra lo que está empezando a ocurrir. De nuevo un conflicto donde hay fuertes intereses de grandes países que están disputando en Venezuela. No hay salida de negociación con el señor Maduro”.