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La Ciudad 7 de junio de 2019

El eterno dolor de un naufragio: a 29 años de la tragedia del Amapola y el Angelito

El Angelito y el Amapola se hundieron en abril de 1990. La madre de uno de los desaparecidos, uno de sus hermanos y una ex dirigente del SOIP memoran el episodio y los reclamos que promovió.

Norma Mira, con la foto del "Loco Pata" -uno de los desaparecidos del "Angelito"– junto a su madre y hermano, Olga y Sebastián Patania.

Por Ramiro Melucci

“Anoche me puse a llorar cuando veía a las mujeres del Repunte”. Olga inicia la conversación con ese comentario cargado de tristeza. Enseguida, cuando le suma el dato cronológico, sus palabras salen con una nostalgia amarga: “De lo de ellas pasaron casi dos años. De lo nuestro casi 30”.

Tiene 80 años y jura que se acuerda de todo. “Yo no me olvidé de nada. De nada”, insiste la madre de Daniel “Loco” Patania, uno de los 15 desaparecidos que dejó la tragedia de los pesqueros “Angelito” y “Amapola”, de la que el mes pasado se cumplieron 29 años y cuyo saldo se completó con un muerto.

Daniel era uno de los ocho tripulantes del Angelito, una nave de 20 metros de eslora que había salido del puerto local el 11 de abril de 1990 y llevaba como patrón a Carmelo Agliano. El Amapola tenía el mismo tamaño, pero a diferencia del Angelito estaba en malas condiciones. Partió un día después comandado por Roque Trípodi.

Llamado de emergencia

El 17 de abril a las 13.10, la Prefectura Naval recibió una llamada de auxilio del Angelito, que estaba a unas 16 millas al noreste del puerto. “En la comunicación radial se nos comunicó que el Angelito venía remolcando al Amapola, que venía con su capacidad motora disminuida, cuando se cortó el cabo que los unía. Poco después, desde el Angelito se nos informó que perdieron contacto, primero visual y luego radial, con la otra embarcación, y luego se cortó también nuestro contacto por radio con las embarcaciones”, informó entonces el prefecto Lucio Bazterrica, jefe de la División Operaciones de la delegación local de la Prefectura.

“Yo tenía 21 años cuando pasó la desgracia. Estaba con el pie quebrado. Me lo había quebrado en otro barquito, el Marisol”, recuerda Sergio Patania, hermano de Daniel, también pescador. Y no demora en apuntar: “En ese momento salían todos los barcos sin seguro”.

Una tragedia histórica

La del Angelito y el Amapola fue la segunda mayor tragedia de la historia del puerto local. La más grande había ocurrido el 29 de agosto de 1946, cuando una tormenta azotó el mar en el que numerosas embarcaciones buscaban buenos días de pesca tras una huelga que había afectado el suministro de combustible. Cinco lanchas se hundieron y se cuentan hoy 31 pescadores entre muertos y desaparecidos.

En 1990 pudo ser peor. “Esa mañana no se perdieron 50 lanchas porque había neblina”, sentencia Sergio Patania con la seguridad que le proporcionan sus 35 años de faena en el mar. “En lugar de salir a las 6, muchos capitanes decidieron esperar. La neblina se levantó a las 7.30. Entonces pusieron en marcha las lanchas y llegaron hasta la entrada de la Base Naval. Cuando vieron cómo estaba el tiempo, todas dieron la vuelta. Sólo una salió: el Aralde. Y tuvieron que ir a buscarla. Pero si la neblina se levantaba una hora antes se perdían todas las lanchas”, razona.

Amapola 04

En medio del temporal

Esa mañana, el Angelito regresaba a puerto. El “Loco” Patania, Agliano y los otros seis tripulantes de la embarcación (Alfredo Segura, Hilario Preussler, Ernesto Bolisio, Osvaldo González, Carlos Barbero y Edgardo Balbiano) estaban sanos y salvos a 40 minutos del puerto. Pero todo cambió cuando les llegó el pedido de auxilio del Amapola y todos acordaron ir a rescatarlo.

“Drama por dos pesqueros perdidos”, tituló LA CAPITAL el 18 de abril. Y subrayaba que dos pesqueros de media altura con ocho tripulantes cada uno permanecían perdidos en medio del temporal que con vientos de 80 kilómetros por hora registraba olas de 12 metros de altura. Mientras, cerca de 70 embarcaciones similares capeaban la tormenta en alta mar.

Imágenes contrapuestas

El 18 de abril fue una jornada que mezcló en dosis semejantes la alegría y la desazón. A las 10.15 amarró con sus cinco tripulantes ilesos la lancha pesquera “Teniente Coronel Romeo Aralde”. Hubo escenas de emoción en la banquina de los pescadores cuando los ocupantes de la frágil embarcación se reencontraron con sus familiares y amigos.

Pero al mismo tiempo, a pesar de que los buscaban un avión, dos guardacostas de la Prefectura y varios buques pesqueros, nada se sabía de los 16 tripulantes del Amapola y el Angelito.

Una jornada después, la misma banquina que se había llenado de abrazos y caricias por el regreso del Aralde se colmó de dolor cuando, a las 15, arribó el buque Messina I, que había trasladado a Mar del Plata el cadáver de Vicente Di Iorio, uno de los tripulantes del Amapola (los otros eran, además del capitán Trípodi, Jorge Alberto Lambrecht, Raúl Matías González, José Luis Celedonio, Miguel Cicilia, Enrique Solomín y Fabián Pardo).

El cuerpo había sido encontrado a la altura de Punta Médanos (entre Pinamar y Mar de Ajó). La comunidad portuaria estaba tan conmovida que todos los sindicatos hicieron duelo y la Municipalidad emitió un decreto de adhesión.

Maniobras con las libretas

No sólo no se controlaban los seguros, como sostiene Sergio Patania, sino que tampoco se constataban las libretas de embarque. En medio del dolor Prefectura comprobó que uno de los nombres que había dado como integrante de la tripulación del Amapola en realidad no había zarpado. Se trataba de Eduardo Pedro Luis, que estaba en el sur cuando sucedió la tragedia. En su lugar había subido Jorge Alberto Lambrecht. Y Vicente Di Iorio había embarcado con la libreta de su padre. “Hay cuestiones que no están claras”, llegó a decir el subsecretario de Pesca de la provincia, Pablo Vacante.

Pero la madre del “Loco Pata” y Norma Mira, dirigente del Sindicato Obrero de la Industria del Pescado (SOIP), se acuerda sobre todo de otra declaración política pronunciada poco después de la tragedia. “El presidente Menem dijo: ‘Barco que no esté en condiciones no sale'”. El razonamiento posterior no lo dicen pero se adivina: de haberse cumplido esa orden no hubiera habido más tragedias.

Amapola 03

Encuentro con Menem

La misma semana que el puerto era pura angustia por el Angelito y el Amapola deliberó en Mar del Plata el Congreso de la Confederación de Organizaciones Turísticas de América Latina y el Caribe, que convocó a 1.500 operadores turísticos internacionales.

El presidente Menem llegó para la clausura con su esposa, Zulema Yoma. Las madres y esposas de los tripulantes desaparecidos en el mar aprovecharon la ocasión para ir a pedirle respuestas a la pareja presidencial al Hotel Hermitage. Norma Mira, que trabajaba con el secretario general de la CGT local, Abdul Saravia, intercedió para que esa reunión se llevara adelante. “Estaban totalmente desamparadas. En ese momento no podían vender los coches, no podían iniciar ninguna sucesión, tenían cortadas las obras sociales”, comenta Mira. “Las mujeres fueron con muchas expectativas. Y quedaron para otra reunión en la Casa de Gobierno”, recuerda, y reconoce que si bien aquello no sirvió para que las mujeres tuvieran las respuestas que esperaban al menos fue de utilidad para difundir lo que sucedía en el puerto. “Hubo un antes y un después de la tragedia del Amapola y el Angelito”, asegura.

Una lucha sin respuestas

“Yo nunca pude conseguir la pensión. Hice todas las gestiones, pero me dijeron que no. No me la quisieron dar”, dice Olga ya sin esperanzas. Aclara que varias de sus compañeras de lucha sí lo lograron y refuerza su queja: “Yo nunca tuve una ayuda. No cobré seguro, pensión ni nada”. “El único que hizo algo por el Angelito y el Amapola –aporta Sergio Patania– fue Abdul Saravia”. Y memora que una gestión del dirigente gremial logró que Menem enviara un barco misilístico para la búsqueda de los pesqueros. El propio Sergio fue uno de los que se subió a bordo de esa nave que terminó detectando los restos de las embarcaciones a la altura de Mar Chiquita.

Olga también remarca la colaboración del SOIP: “Norma (Mira) nos juntaba los artículos para el colegio de los chicos y para Pascuas nos traía huevos”. Pero recuerda con la misma claridad otras gestiones menos fructíferas. “Un día fuimos a Zona Sanitaria VIII a pedir leche para los chicos y nos sacaron corriendo. Otro día fuimos al SOMU y me hicieron leer un escrito que decía que todas las madres y mujeres del Amapola y el Angelito íbamos a tener gratis la obra social, algo que nunca ocurrió”.

El “Amapola”, que estaba en malas condiciones, fue la embarcación que solicitó la ayuda. El “Angelito” acudió y se terminaron hundiendo los dos.

Es verdad que no se olvidó de nada. Ni siquiera de los detalles. “Me acuerdo que uno de los de Prefectura que iba en el avión de búsqueda se lastimó un dedo. Dejaron de buscar y lo llevaron a Buenos Aires para curarlo”, dice. Y deja traslucir el reproche que las familias del Amapola y el Angelito siempre le hicieron a Prefectura: que no hizo lo suficiente para devolverles a sus hijos.

“Se rompen y salen igual”

“Cuántos recuerdos me trae a la memoria el ARA San Juan. Cuántos días de ir y venir a la Base Naval. Cuánto agradezco hasta el día del hoy al ministro Romero: puso a nuestra disposición todos los barcos de la Armada Argentina, el único que cumplió las órdenes de Menem. Pero todo en vano: 16 pescadores, todos muertos”.

El texto, referido a la tragedia del Angelito y el Amapola, lo escribió Olga “Titi” Patania en su cuenta de Facebook a finales de 2017, después de la desaparición del ARA San Juan.

El agradecimiento era para el ex ministro de Defensa Humberto Antonio Romero, que ejerció el cargo durante el primer año de la presidencia de Carlos Saúl Menem.

“Todos los barcos hundidos en malas condiciones –continuaba Olga–. Cuándo tomarán conciencia”.

La madre de Daniel Patania, “El Loco Pata”, recordaba además la “orden” de Menem a Felipe Solá, secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, para que no saliera a navegar ninguna embarcación que no estuviera en condiciones. Olga lamentó que, casi 30 años después, “se rompen y salen igual”.