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Arte y Espectáculos 6 de marzo de 2023

“Crónicas de Anchorena”, la realidad a través del “espejo deformante” del humor

"El individuo empático está siempre propenso a comprometerse con eso que ve o que escucha", define Walter C. Medina, que recurre a la ironía y la sátira para realizar una "pintura" social de las pequeñas ciudades balnearias.

Walter C. Medina.

Bien podría situarse en su Necochea natal, pero también en cualquiera de las pequeñas localidades balnearias cuya fisonomía cambia radicalmente según sea temporada alta o temporada baja. En “Crónicas de Anchorena“, el periodista y escritor Walter C. Medina vuelve a recurrir a la ironía y la sátira, para “pintar” la realidad a través del “espejo deformante” del humor.

Este nuevo trabajo fue realizado de manera independiente y artesanal, como se evidencia en la simplicidad de la edición. Fue impreso con la colaboración de la Biblioteca de Autores Locales dependiente de la Secretaría de Cultura de Necochea y, además, está disponible en formato e-book a través de la editorial Autores de Argentina.
“El individuo empático está siempre propenso a comprometerse con eso que ve o que escucha”, señala Medina en una charla con LA CAPITAL, sobre el material en el que se inspira para construir a los personajes y situaciones que dan vida a esta historia polifónica.

También señala, haciendo gala de su ironía, que “algún lector podría preguntarse si se trata de la obra de un desquiciado -y en las primeras páginas tendría la más absoluta de las certezas-“.

“El recurso del humor en la literatura, mejor dicho, el género en sí mismo, ha estado históricamente bastardeado por algún sector conservador. Si bien el humor ha estado siempre presente dentro de la narrativa, las producciones correspondientes a este género no tuvieron buena prensa hasta la aparición de autores que se dedicaron plenamente a escribir humor. Sin embargo, desde la Antigüedad, pasando por la Edad Media, el Renacimiento, hasta llegar a nuestros días, el humor ha sido una constante en la literatura universal. Y en todas estas etapas los narradores mostraban la realidad, aunque vista a través de una suerte de espejo deformante. Y esto es lo que intento en mis libros”, define el autor, que cuenta con otras publicaciones, tanto en Argentina como en España.

– Volvés a situar la acción en una ciudad ficticia, pero reconocible…

– Anchorena, una ciudad balnearia condenada a esperar a las temporadas de verano para lucir el esplendor del que carece durante diez meses al año; una ciudad que con la pujanza de sus pobladores permanentes aspiró alguna vez a convertirse en la predilecta del turismo de elite, pero que a mediados de los años ‘80 comenzó a experimentar un retroceso en todos los sentidos. Una localidad que quedó a mitad de camino entre ciudad y balneario.

– ¿Hay una continuidad o profundización de estilo, de búsqueda conceptual, de agudizar la mirada sobre determinada comunidad?

– No necesariamente. La vida en las ciudades balnearias de la Costa Atlántica argentina, exceptuando Mar del Plata que goza de “vida” y ofrece variadas posibilidades socioculturales y recreativas durante todo el año, es similar. Existe una quietud -por llamar de alguna manera al silencio que las caracteriza desde marzo a diciembre- común en todas ellas. Claro que esto no ocurre exclusivamente aquí. He tenido la posibilidad de visitar algunas ciudades balnearias europeas fuera de temporada y no hay grandes diferencias. La mirada en “Crónicas de Anchorena” no se posa necesariamente en ninguna ciudad de la costa en particular. En todo caso, será el lector quien asocie los parecidos y diferencias que pueden existir entre Anchorena y cualquier otra ciudad balnearia de la Costa Atlántica.


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– ¿La polifonía enriquece, suma a esa pintura social?

– En mi opinión, los textos literarios caracterizados por la pluralidad de voces y la diversidad de actores enriquecen, suman a lo que muy acertadamente llamás “pintura social”. Cada personaje es sujeto de su discurso y no objeto del discurso. Como creador de esa pintura, pretendo que sean esas múltiples voces las que conformen cada espacio del lienzo. En “Crónicas de Anchorena” el narrador queda relegado a un segundo plano; casi te diría que podría incluso prescindirse de él.

– ¿Cómo te nutrís para darle forma a los personajes? ¿Sos observador? ¿Qué situaciones, contextos, te llaman la atención?

– Cualquier evento cotidiano, aunque parezca nimio, posee en sí mismo una introducción, un nudo y un desenlace. Se tejen pequeñas grandes historias en cualquier esquina de barrio, en la parada del colectivo, en la panadería. La condición para ver cierta posibilidad literaria en esos pequeños eventos que suceden a nuestro alrededor a cada instante es la empatía, que lleva consigo la sensibilidad. Se puede observar un hecho de la naturaleza sin que se nos mueva un pelo si lo único que nos moviliza es nuestro propio ombligo. Sin embargo, la sensibilidad, que es condición ‘sine qua non’ de quien goza y padece de la empatía, hace que el individuo empático esté siempre propenso a comprometerse con eso que ve o que escucha, sin que necesariamente sea un hecho que ataña a su propia vida.

– ¿Creés que la cualidad de ciudad turística es particular? ¿Ofrece más perfiles interesantes a la hora de inspirar las situaciones de la novela?

– No necesariamente, aunque en una ciudad cosmopolita que ofrece grandes distracciones, se teje toda una maraña de situaciones que quizás se pierden en el barullo característico. En los pueblos de la costa, por ejemplo, quedan mucho más expuestas las intimidades y hay mayor propensión al chusmerío. Y esto sucede mucho más aún fuera de temporada, cuando los días lánguidos del invierno se tornan noche hacia las seis de la tarde y la ciudad presenta un aspecto fantasmagórico. Diría que es casi inevitable el deseo de salirse de uno mismo para concentrarse en lo que hace el de enfrente, el de al lado o el de la esquina. Mi abuelo solía llamarlas “ciudades vidriera”; ciudades en las que los avatares personales no podían evitar quedar expuestos a la mirada y al juicio ajeno.

– ¿Sos vos Wado Mena?

– No y sí. Personalmente, creo que cualquier creación artística es autorreferencial, aunque no se esté manifestando nada personal. La elección misma del tema del que se va a tratar en, por ejemplo, una novela ya es un hecho autorreferencial, porque se elige desde lo que se siente. De modo que, partiendo de esa premisa, te diría que Wado Mena podría parecerse a mí, aunque hay que considerar que, aun siendo el personaje principal de “Crónicas de Anchorena”, es el único que no aparece en ningún pasaje de la novela. Y al quedar los rasgos de su personalidad a merced de las interpretaciones y los prejuicios que sobre él se tejen en el nudo de la historia, no cabe mayor posibilidad de que se trate estrictamente de mí. Pero seguramente nos parecemos en algo, sí.

– ¿Cómo surgió la definición “existencialismo de garaje” para referirse a esta obra?

– En el prólogo, el director de la Biblioteca de Autores Locales (de Necochea), Arturo Serrano, se refirió a los tintes de existencialismo que adornan la novela. Fui yo quien le agregué “de garaje” y así quedó en la crítica literaria que se publicó en España. Y yo creo que es una buena definición. Más que nada por respeto a los grandes existencialistas que si llegaran a leer “Crónicas de Anchorena” me denunciarían por mala praxis.

– ¿Cómo fue el trabajo independiente que fuiste llevando a cabo y el acuerdo con la Municipalidad para lograr la edición e impresión?

– Es cien por ciento artesanal. No hay mayor factoría que la participación de la editorial para presentarlo en las tiendas y librerías online. De modo que habrá pasajes mal orquestados, errores de puntuación, desorden gramatical; en fin, un caos digno de quien crea de manera independiente. El apoyo para lo que será la presentación de “Crónicas de Anchorena” lo recibí de la Biblioteca de Autores Locales, que depende de la Secretaría de Cultura de Necochea. Fue mi anterior novela, “Atrapa ratas” (2022), la que recibió el soporte de la Secretaría de Cultura en su totalidad. “Crónicas de Anchorena” no pasó por la tutoría de un corrector, lo que se hizo fue adaptar el manuscrito a formatos ebook y epub para su comercialización. Pero la novela está escrita, como decía mi abuelo, “a la que te criaste”. En cuanto al contenido, estoy convencido de que algún lector podría dudar, preguntarse si se trata de la obra de un desquiciado. De ser así, yo le diría a ese mismo lector que leyéndola disipará cualquier duda. Es más, en las primeras páginas tendrá, en este sentido, la más absoluta de las certezas.



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