El País

A 50 años del secuestro de Aramburu

La primera acción de Montoneros que abrió el negro período de la violencia política en Argentina.

El ex dictador Pedro Eugenio Aramburu. Montoneros haciendo su presentación en sociedad con su secuestro y posterior ejecución tras un “juicio revolucionario”. Un pequeño pueblo del interior de la Provincia de Buenos Aires. Una venganza por el golpe de Estado contra Juan Domingo Perón. Esos fueron los ingredientes de un hecho del que hoy se cumplen 50 años y que dio comienzo a la larga y oscura etapa de la violencia política en la Argentina.

29 de mayo de 1970. Ese día se cumplía un año del Córdobazo, el mítico levantamiento popular contra la “Revolución Argentina” de Juan Carlos Onganía; también se celebraba el Día del Ejército; y pocos sabían que esa fecha había sido elegida para la primera gran operación pública del grupo de la principal guerrilla peronista.

Vestidos con uniformes militares, Fernando Abal Medina y Emilio Maza se acercaron hasta el departamento “A” del octavo piso de Montevideo 1053, en el barrio porteño de Recoleta y donde residía la familia Aramburu: junto a ellos también estuvieron Ignacio Vélez y Carlos Capuano Martínez, quien ofició de chofer.

Con la excusa de que iban a brindarle custodia al dictador, ferviente antiperonista, su esposa, Sara Herrera, los dejó pasar y se fue a hacer compras a un comercio cercano.

En escasos minutos, los encargados de la primera etapa de la “Operación Pindapoy” lograron llevarse a Aramburu a bordo de un Peugeot 504 blanco, que iba custodiado por una camioneta Chevrolet en la que viajaban Carlos Gustavo Ramus, Norma Arrostito y José Sabino Navarro.

Rápidamente, el auto fue “descartado” en una plaza detrás de la Facultad de Derecho y el militar retirado fue pasado a la camioneta y más tarde a una Gladiator 380, a bordo de la cual fue llevado a la estancia “La Celma” de la localidad bonaerense de Timote, un pequeño pueblo a 389 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires.

La noticia del secuestro llegó a las esferas militares casi con la misma celeridad con la que Aramburu era conducido hacia su “juicio revolucionario” para enfrentar la acusación que le hacía Montoneros en nombre del Pueblo argentino: “108 cargos de traidor a la Patria y al Pueblo y de asesino de 27 argentinos“.

Horas más tarde, en el barrio de Colegiales apareció el primer comunicado de la organización guerrillera peronista: “Perón vuelve. Comando Número 1. Al pueblo de la Nación. Hoy, a las 9,30 horas, nuestro comando procedió a la detención de Pedro Eugenio Aramburu, cumpliendo una orden emanada de nuestra conducción, a los fines de someterlo a Juicio Revolucionario. Oportunamente se darán a conocer las alternativas del juicio y la sentencia dictada”.

Luego de unas ocho horas de viajes, secuestradores y secuestrado llegaron a Timote: los miembros del Tribunal montonero realizaron el juicio y, el 31 de mayo, decidieron “condenar a Pedro Eugenio Aramburu a ser pasado por las armas en lugar y fecha a determinar”.

Asimismo, indicaban que le iban a “dar cristiana sepultura a los restos del acusado, que solo serán restituidos a sus familiares cuando al Pueblo Argentino le sean devueltos los restos de su querida compañera Evita“, que por ese entonces estaba enterrada en el Cementerio Mayor de Milán bajo una lápida con el nombre de “María Maggi de Magistris”.

“Al Pueblo de la Nación: La conducción de Montoneros comunica que hoy a las 7.00 horas fue ejecutado Pedro Eugenio Aramburu. Que Dios Nuestro Señor se apiade de su alma”, rezaba el cuarto comunicado, fechado el 1° de junio de 1970.

Tras la ejecución, las caras de algunos de los participantes del “Operativo Pindapoy” fueron difundidas en un afiche por la Policía Federal, que así logró obtener las primeras pistas.

Al ver las fotos de los militantes montoneros, un banco de la ciudad santafesina de Vera avisó a la Policía local que Mario Firmenich y Ramus habían estado allí para solicitar un crédito, en cuyos documentos habían informado como domicilio la estancia bonaerense.

El dato pasó de Vera a la ciudad de Santa Fe, desde allí avisaron a la Jefatura de la Policía Bonaerense en La Plata, donde advirtieron de la situación a la Comisaría de Carlos Tejedor, que tenía jurisdicción sobre Timote.

Sin embargo, cuando los uniformados llegaron a La Celma sólo quedaban vestigios del paso de un grupo de hombres por la casona, en cuyo sótano se había dado muerte a Aramburu.

En un accionar planificado y ejecutado con suma precisión, así como alimentado por la venganza por el derrocamiento de Perón, la proscripción del peronismo, el secuestro y ocultamiento del cadáver de Evita, Montoneros dio comienzo a su historia y, a su vez, a una período de casi 15 años en los que la violencia política fueron algo cotidiano y que dejó heridas que aún no cierran en la Argentina.

NA.

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