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La Ciudad 27 de abril de 2016

A los 79 años falleció Néstor Alfonso, ex jefe de Fotografía de LA CAPITAL

La noticia se conoció en la mañana, y fue corriendo entre los escritorios de la redacción, se multiplicó en los whatsapp de los periodistas de este y otros medios, y a todos nos embargó la tristeza. “Falleció Néstor Alfonso”, era el mensaje corto, lacónico.
Ayer, a los 79 años de edad, tras haber sufrido un paro cardíaco, se fue Néstor Francisco Alfonso, quien durante muchos años se desempeñó como jefe de Fotografía del Diario LA CAPITAL. La “Tota”, como lo llamábamos cariñosamente, fue un hombre enamorado de su profesión y de su familia, quien a lo largo de varias décadas graficó los hechos más importante registrados en la ciudad de la cual estaba orgulloso de ser nativo.
Sufría en las temporadas con las “invasiones” de turistas, pero se quejaba para actuar ante sus interlocutores. En la esquina de “Tobago”, de Belgrano y Córdoba, estableció su parada diaria, en una mesa que tuve el orgullo de frecuentar cuando me iniciaba en esta profesión y donde en silencio uno escuchaba, disfrutaba y aprendía de esos encuentros cuando junto a otros periodistas y reporteros gráficos (fotógrafos, me corregiría) se pasaba de la política al deporte, del programa de televisión de la noche anterior al amor, de los hijos a los libros. El ritual se repetía: Néstor pagaba siempre la primera ronda de café. No importaba cuántos fueran. Ya con la “modernidad” y la llegada de la máquina expendedora de café a nuestra redacción, no varió su hábito de traer para toda su banda. Con la guita que gastó en café podría haber recorrido el planeta. Fanático del cortado en vaso, bostero y peronista, buen contador de anécdotas, ácido cuando quería -escuela de viejas redacciones-, la Tota sentía debilidad por sus hijos, Claudia, Gustavo, Karina y Natalia, y tenía la espalda bien cubierta por Doris, su esposa, quien se cansó de esperarlo con la comida ya helada. Era el último en irse de la redacción, de su “cueva” de fotografía. Cuando todo terminaba, cuando las Olivetti dejaban de escupir palabras, se encerraba a recortar los negativos de las centenares de fotos sacadas en el día, clasificarlos, ensobrarlos y archivarlos prolijamente por fecha y tema. Aún hoy seguimos usufructuando aquel laburo.
¿Cuándo estuvo Queen en Mar del Plata?, puede preguntar alguien en la redacción, y al rato aparece Gustavo Visciarelli con el sobre de negativos que alguna vez archivó la Tota en sus cajas. Joyas preservadas. Quedate tranquilo Néstor que están bien cuidadas.
Se jubiló casi con la llegada de la fotografía digital. El, un artesano del cuarto oscuro y un paciente a la hora de recibir las radiofotos, cerró ese ciclo. Como cerró prácticamente las historias en la confitería del Mundialista, tras haber sido protagonista, cada verano, de los torneos de fútbol. Media hora antes del partido se apostaba en el hall del Mundialista y, por lo general con un redactor novato, juntaba figuras y se las dejaba servidas en bandeja. “Este era goleador de Kimberley en los 70”, le susurraba al cronista, y lo ponía para la foto al lado del 9 de River que ese día no jugaba y estaba allí como espectador. El campeón de las sociales en el fútbol. Páginas enteras de LA CAPITAL se produjeron con sus fotos allí, donde entremezclaba a locales con figuras nacionales. Cuando se jubiló la confitería del Estadio ya no fue la misma.

Una rica trayectoria

Alfonso desempeñó su profesión durante más de 30 años, informando vía imágenes los principales sucesos locales y nacionales a los vecinos de General Pueyrredon.
En sus primeros años se desempeñó en el diario El Trabajo para luego pasar a LA CAPITAL, donde fue jefe de Fotografía durante más de 20 años.
Cubrió todos los grandes espectáculos deportivos que tuvieron cita tanto en esta ciudad como en el país durante la segunda mitad del siglo XX, como el Mundial de Fútbol de 1978 cuando presenció la final disputada en el estadio de River Plate donde Argentina se consagró campeón enfrentando a Holanda. En 1979 cubrió los Juegos Panamericanos que se realizaron en Puerto Rico, como así también los Juegos Panamericanos de 1995 que tuvieron lugar en Mar del Plata. También cubrió toda la trayectoria de quien llegó a ser campeón mundial de boxeo de la categoría superligero de la Asociación Mundial de Boxeo, Ubaldo “Uby” Sacco, quien además era su ahijado.
¡Si habrá sufrido con Uby! ¡Y cuánto se emocionó cuando se convirtió en campeón!
A los hermanos Curuchet, a Nora Vega, a Claudia Rodríguez, a todos siguió en las grandes competencias y triunfos.
En 1978, durante el conflicto limítrofe con Chile por el Canal de Beagle, Néstor estuvo presente en Mendoza cubriendo el episodio y en 1982, en el transcurso de la guerra de Malvinas, llegó hasta Comodoro Rivadavia para informar sobre la contienda bélica. A través de sus imágenes, Néstor Alfonso reflejó las dos visitas del Papa Juan Pablo II que tuvieron lugar los días 11 y 12 de junio de 1982 y del 6 al 12 de abril de 1987. El 17 de noviembre de 1972 se trasladó a la ciudad de Buenos Aires para cubrir el regreso de Juan Domingo Perón al país tras 18 años de exilio y proscripción. En la quinta entrega de los premios Lobo de Mar del año 1993 se incluyó por primera vez la categoría Reportero Gráfico. Obviamente, fue para él.
Además, el Honorable Concejo Deliberante del Partido de General Pueyrredon le otorgó el título “Vecino Destacado” de la ciudad de Mar del Plata por su larga trayectoria como reportero gráfico.

De Pierino a Maradona

Con él se aprendía. Hablaba de Pierino González y jamás se equivocaba cuando alguien lo corría con viejos equipos. “Tota, ¿quién era el 3 de Independiente en 1975?”, lo desafiaban los más grandes de la redacción, y ahí arrancaban las eternas charlas sobre las glorias del pasado, donde se prendían Segundo Cheppi, Raúl Ramírez, Luis Carlos Secuelo, Jorge Tauler, Pedro Leguizamón, José Bartha, o Roberto Colombo, las cuales podían seguir en cualquier bar, menos en la mesa del Club Mar del Plata o de La Marcianita, sus dos lugares predilectos a la hora de cenar con la familia. Allí rodeado por sus mujeres, esperaba a “Cicuta”, el diariero que con su bicicleta recorría la madrugada marplatense, y tras las eternas loas al general, se quedaba con el ejemplar de LA CAPITAL aún con olor a tinta para leerlo antes de dormirse.
Haber compartido “cierres” con él también fue un máster de periodismo. Alguna noche de invierno, de esas duras de Mar del Plata, se rumoreaba que estaba Diego Armando Maradona en la ciudad. El 10 se encontraba en el pináculo de su carrera y claro que era nota. A la una de la mañana, en su gastado Fiat, nos subió a Miguel Trezza y a mí para iniciar la cacería. Una hora después, en la costa, un poco más allá del Torreón, divisó una 4 x 4 negra. Una extrañeza en aquellos años. “Es ese”, dijo, con un instinto que no se enseñaba en la facultad, y tres cuadras más adelante estaba sacándole una foto al Diego conductor que sigo preguntándome hoy por qué frenó la marcha. Es precisamente del Gordo Alfonso la foto del primer gol de Maradona en primera; el 14 de noviembre de 1976 en el estadio San Martín de Mar del Plata.
Sus fotos blanco y negro, con el sello en el anverso consignando la fecha y su nombre, están en los cajones de centenares de periodistas y de figuras del deporte, el espectáculo, la política o el arte. Era su costumbre, su placer, regalar algunas de sus fotos. Son tesoros que nos remontan a otras épocas. Esas mismas en las que nos encontrábamos en un café del centro, sin celulares ni apuros, haciendo una pausa en el trabajo, este, el que me hizo conocer a tipos como él, quien en algún lugar, allá arriba, cortado en mano, estará juntando a personajes diversos para una foto más. Que en paz descanse maestro.

Marcelo Pasetti



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