Opinión

A pesar de las bombas… no nos han vencido

Por Eduardo Javier Niella 

La Corriente – Unión por la Patria

Hoy se recuerdan los sucesos trágicos ocurridos en la tarde del 15 de abril de 1953, pasaron 71 años.

En un artículo periodístico escrito para “La Nación” el 3 de junio de2003, Antonio Francisco Cafiero señalo: “Hugo Gambini en su libro Historia del peronismo (página 217), había manifestado: ‘Ese 15 de abril de 1953 fue una de las jornadas más estremecedoras y sombrías de la época historiada. Los inocentes que murieron como consecuencia de las bombas colocadas por un grupo terrorista de la oposición y la actitud vengativa de los incendiarios demostraban hasta qué punto el enfrentamiento político se había convertido en una batalla cada vez más feroz.’ Comparto esta apreciación, pero no la interpretación de Gambini. Máxime, porque fui testigo presencial de aquellos episodios y puedo dar cuenta de sus orígenes y consecuencias.

Gambini pasa por alto la gravedad de esas circunstancias y se dedica a resaltar la tan criticada expresión de Perón, inmediata al estallido de las bombas, en respuesta al griterío de la muchedumbre que reclamaba ‘¡Leña! ¡Leña!’: ‘Eso de la leña que me aconsejan, ¿por qué no empiezan ustedes a darla?’ Esta reacción debe ser también ubicada en su correcto contexto. Es psicológicamente entendible, aunque no políticamente justificable, que ello produjera expresiones indignadas e instintivas.

Sin embargo, Perón atemperó inmediatamente su discurso: ´Aunque parezca ingenuo que yo haga el último llamado a los opositores para que se pongan a trabajar en favor de la República, a pesar de las bombas, a pesar de los rumores, les vamos a perdonar todas las hechas´; ´a estos bandidos los vamos a vencer produciendo. Por eso hoy, como siempre, la consigna de los trabajadores ha de ser ‘producir, producir, producir’. […] Les agradezco esta maravillosa concentración y les ruego que se retiren tranquilos.’ ¿Era ésta una forma de incitar a la multitud, como dice Gambini, para que hiciese ‘tronar el escarmiento’?

Aquellos vientos sembrados en la tarde del 15 de abril trajeron estas tempestades posteriores. Debo decirlo: fueron los peronistas los que pagaron el tributo más alto a esta ordalía. Porque la violencia tuvo dos caras. La del peronismo, durante la época de la proscripción y del exilio (1955-1973), se caracterizó por una suerte de jactancias verbales y el ataque a bienes físicos simbólicos, por cierto, muy valiosos y respetables. En cambio, la del antiperonismo se caracterizó por el terrorismo brutal y el desprecio al valor de la vida humana.

Los peronistas fueron insolentes. Pero el antiperonismo rezumaba odio. Los peronistas alardeaban: los antiperonistas fusilaban.”

Cuenta Juan Manuel Abal Medina padre, en su libro “Conocer a Perón” págs. 193 – 195: “Perón quería que, en la reunión que se realizaría el 20 en el restaurante ‘Nino’, Balbín dijese algo: ‘No hace falta que sea un pedido de perdón, pero sí que sea algo sobre las bombas de 1953 y del 16 de junio de 1955, porque en los hechos hubo radicales notorios y nosotros estamos haciendo todos los acercamientos. Ayer me abracé con Balbín y no parece haber mayor reciprocidad. Prepare con (Facundo) Suárez dos o tres frases posibles y vea qué se puede obtener.

Al salir… Perón iba muy serio y en silencio. Comenté que la reunión había sido un éxito, y él dijo que, en efecto, era un avance, pero agregó: ‘Yo le encargué al amigo Solano una gestión similar a la suya y ya ven… Ni una palabra. Nosotros venimos teniendo todos los gestos de pacificación y acercamiento, hasta he abrazado a Balbín, y ellos no son capaces por sus problemas internos o por lo que sea, de pedir perdón por las cosas atroces que han hecho contra el Pueblo peronista… me apretó el brazo y me dijo: aunque seamos tan distintos, tan distintos, seguiremos trabajando por la paz y la unión de los argentinos.”

Releer la historia a luz de la mirada de sus protagonistas sirve para completar la comprensión del drama pasado, pero sobre todo para revalorizar el potencial del presente y plantear los desafíos del futuro.

En efecto a tantos años de ese acontecimiento y sus consecuencias en la historia argentina contemporánea, que nos ha tocado protagonizar venimos a proponer a todas las fuerzas políticas democráticas consensuar un rumbo que permita al país reencontrar su destino soberano y encaminarse al desarrollo inclusivo.

Así como en 1983 al retorno de la democracia la dirigencia acordó un “Nunca Más” a las interrupciones del orden constitucional y las violaciones de los derechos humanos, hoy es fundamental que la dirigencia argentina se juramente en no aceptar políticas que nos someten mediante acciones de odio a la dependencia estructural y condenan a nuestro Pueblo al subdesarrollo.

El curso de la historia no está escrito de antemano, depende de nosotros forjarlo entre todos, a partir de alianzas claves entre los actores del campo nacional, la construcción de confianzas mutuas y la elaboración de un plan concreto de acción que persiga el objetivo común de las políticas de estado.

Concluimos volviendo a citar a Antonio Francisco Cafiero: “La unidad y la concordia que propiciamos vuelve grandes las cosas pequeñas y empequeñece las grandes cosas, yo sé que hay muchas diferencias, pero es la Nación que así lo requiere. “

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