La Ciudad

Agustín Neme: de los llantos en España al día que Montenegro le comunicó su destino

Viajó con su familia en los inicios de la década del 2000. La experiencia lo marcó. Trabajó en la campaña de Arroyo y fue un presidente de bloque de perfil bajo. Tiene dos hijas y no le gusta la playa.

Por Ramiro Melucci

No lo podía evitar. Sucedía todos los días. Cuando volvía a su casa, Agustín Neme lloraba. “Voy a repetir el año”, les decía a sus padres mientras las lágrimas le recorrían las mejillas. Vivían en Madrid, adonde habían viajado como tantas familias en los inicios de la década del 2000. Pero Agustín sufría el desarraigo. 

Cursaba el último año de la secundaria, donde tenía materias como latín y griego, y le costaba mucho. Iba al colegio de 9 a 14 y, cuando salía, acudía a clases de refuerzos de distintas materias. Hasta de música. A pesar de que los Neme no estaban tan solos, porque una porción de la familia estaba allá, los más de tres años en España fueron duros. “A mi familia y a mí nos costó muchísimo. Dejamos en Mar del Plata a mis abuelos, a los amigos. Perdí a uno de mis abuelos acá y no pude venir a despedirlo”, recuerda emocionado.

Pudo, de todos modos, regresar para el viaje de egresados con sus excompañeros. Pero regresó a España y allá, superada la secundaria, comenzó la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid. Para lograr una salida laboral, también hizo un curso de guardavida. En eso estaba cuando acaeció una de las noches más inolvidables de su vida. Era una cena familiar que a partir de un instante dejó de ser como cualquier otra. Fue cuando su padre tomó algo con una de sus manos y se lo entregó: era el pasaje de vuelta a la Argentina.

El mayor

Neme tiene 40 años, es el mayor de cuatro hermanos y tiene dos hijas: Camila, de 9, y Juana, de 4. Suele decir que nació “en una fábrica de muebles”. No hay que tomarlo, claro, de forma literal. Pero en la fábrica de su familia pasó gran parte su infancia.

La política siempre le interesó y dice que, ya de chico, acostumbraba repetir que quería ser intendente. Cree que todo empezó cuando veía a su abuelo leyendo los diarios. “Tengo esa imagen. También me acuerdo de haber mirado los programas de Bernardo Neustadt”, cuenta. La noticia de que se iban a España la oyó cuando él asistía al colegio Esquiú. Tras la experiencia algo traumática en aquel país, regresó en noviembre de 2003, cinco meses antes de sus padres y sus otros tres hermanos.

“Al regreso estábamos peor económicamente que cuando nos habíamos ido. Pero la peleamos: armamos otro local. Laburaba con mi viejo en la mueblería a la mañana y cursaba Ciencias Políticas en Caece de 18 a 22. Ahí empecé a interesarme por lo público, pero no militaba en ningún partido político”, memora.

De las campañas a la lista

Cuando se recibió se dedicó a la comunicación política. Trabajó en las consultoras Ayala y Management & Fit. En 2013 se puso en contacto con Emiliano Giri (hoy presidente del PRO local) y, sin haber militado antes, empezó a recorrer su camino en la política partidaria.

De cara a las elecciones de 2015, el PRO buscaba afianzar las marcas locales y lo convocaron para diseñar la campaña comunicacional de Carlos Arroyo. “Fue una experiencia importante, linda, difícil”, resume.

Tras el triunfo, Arroyo asumió y una posibilidad era que Neme estuviera al frente de la comunicación del municipio. pero el exintendente “no era muy adepto a las nuevas ideas respecto de la comunicación”, evalúa Neme a la distancia.

Volvió a la mueblería y a la consultora de Mariel Fornoni. En 2017 la entonces gobernadora, María Eugenia Vidal, le ofreció ser titular de Ioma en Mar del Plata. “Acepté: fue el peor error de mi vida”, admite. “Es un puesto político intrascendente en el que no decidís nada, no podés dar respuestas. Me afectó mucho”, explica.

Un año después renunció y el que volvió a buscarlo fue Arroyo. “Le dije que no varias veces, hasta que en el último año de su gobierno me hice cargo de la gestión comunicacional del municipio”, recuerda.

Para entonces, Neme ya estaba involucrado en el PRO, su referente era el presidente Mauricio Macri y Guillermo Montenegro había elegido mudarse a Mar del Plata. En 2019 le propuso formar parte de la lista de concejales: fue quinto, el último que entró tras la elección que convirtió a Montenegro en intendente.

Dos años después, por la renuncia de Nicolás Lauría, asumió como presidente del bloque oficialista en el Concejo Deliberante, donde demostró sus aptitudes para el equilibrio y el diálogo, y nunca abandonó el perfil bajo.

En 2023, Montenegro lo ubicó en el primer lugar de la lista de concejales con el que intentaría su reelección. Ya entonces sabía que “algo podía pasar” si el intendente decidía en algún momento otro destino.

Quilmeño y bostero

Neme se levanta todos los días a las 6 de la mañana. Despierta a Camila y a Juana, las viste, les hace el desayuno y sale: a una la lleva a la escuela; a la otra al jardín. Uno de sus rituales favoritos es ir a dos veces por año a pescar pejerreyes a San Blas con su padre. También le gusta jugar al pádel, pero evita la playa. “No me gusta”, sentencia.

En su paleta de preferencias deportivas tiene un mix de colores: es de Quilmes en básquet y de Boca en fútbol. Y si alguien le pregunta por Alvarado o Aldosivi probablemente conteste Norte, donde siempre jugaron sus hermanos.

Un día diferente

El 20 de julio, Neme se preparaba para celebrar el Día del Amigo. Iba a ir a cenar con los suyos. Era sábado y, además, se cerraban las listas para las elecciones bonaerenses del 7 de septiembre. Aunque ya había escuchado rumores de que podía convertirse en intendente, no fue hasta la tarde de ese día en que lo corroboró.

Ocurrió con un llamado telefónico de Montenegro. El intendente le comunicó que a la noche anunciaría que iba a ser candidato a senador provincial y que no sería testimonial. La confirmación lo movilizó. Llamó a sus amistades y les pidió que el festejo del Día del Amigo quedara para otro día. “Ya tenía la cabeza en otro lado”, admite.

La tenía en lo que empieza hoy: el principal desafío de su carrera política. 

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