Policiales

Alerta por los brotes psicóticos que acaban en graves hechos criminales

En pandemia, los profesionales notaron más casos criminales con responsables con graves trastornos psiquiátricos, que discontinuaron tratamientos y abusaron de alcohol y drogas.

Por Juan Salas

Un joven mató a su madre, la apuñaló y luego degolló a su hermana mientras dormía. Otro golpeó a su padre salvajemente con un martillo, luego intentó suicidarse y ambos fallecieron en el mismo hospital. Una mujer acuchilló a su hija de 6 años, sin saber por qué, sin recordar lo sucedido. Un vagabundo, entre delirios y acusaciones contra los dueños de una distribuidora, prendió fuego el lugar y las llamas destruyeron edificios y viviendas. Dos hombres, en medio de una orgía de alcohol y drogas, asesinaron a otro, lo prendieron fuego, sin entender luego qué pasó. Personas que dicen escuchar voces, que escapan del diablo, que consumen drogas en peligroso exceso, que no recuerdan, que no comprenden, que no pueden ser responsables de lo que hacen.

Si bien siempre han existido casos criminales en los que los responsables resultaron ser personas con graves trastornos psiquiátricos, por los que se los ha considerado inimputables para la Justicia Penal, en pandemia los profesionales han notado un incremento de brotes psicóticos, que se deben a tratamientos que fueron discontinuados y un aumento problemático de consumo de alcohol y drogas que generan psicosis.

Un brote psicótico es una aparición aguda de síntomas como alucinaciones, delirios y conductas desorganizadas que pueden darse en el contexto de diferentes trastornos psiquiátricos como esquizofrenia o trastorno bipolar (entre muchos otros). Este tipo de sintomatología produce una alteración del juicio (llamado “juicio desviado”) que es lo que determina la inimputabilidad o imputabilidad de un delito

Dentro de las posibles causas del brote psicótico, se encuentran el curso propio de la enfermedad, estresores o eventos vitales negativos, y el consumo de sustancias de manera abusiva. Los profesionales consultados concuerdan en que no es usual que se manifiesta un brote psicótico en alguien sin ninguna antecedente personal o familiar de enfermedades psiquiátricas.

Diego Otamendi es perito psiquiatra oficial de la Asesoría Pericial, en otras palabras es quien realiza las pericias psiquiátricas para evaluar el juicio de los acusados de graves hechos, como pueden ser homicidios, y quien tiene que definir si actuaron o no por un brote psicótico y si pueden o no ser imputados por el delito.

“Desde lo pericial, vemos que en lo criminal hay implicados sujetos con trastornos psiquiátricos, con antecedentes psiquiátricos y con tratamientos que, en pandemia, tuvieron una mala continuidad”, explicó Otamendi al ser consultado por LA CAPITAL.

“Hemos visto muchos pacientes que han dejado medicación, tratamiento y se ve una incidencia mayor en suicidios. Hay pacientes depresivos que han discontinuado sus medicamentos y tratamientos y casos de pacientes psiquiátricos que han cometido crímenes. En el área de salud mental hay problemas con las internaciones, que es dificultoso implementarlas, por falta de coberturas y desborde del hospital público”, agregó el psiquiatra.

Además, explica Otamendi, se registran cuadros de psicosis inducidas por sustancias. “Hemos visto cada vez más jóvenes que han hecho cuadros psicóticos por los efectos del consumo desproporcionado de sustancias como marihuana, que antes no se veía que, junto con el alcohol y la cocaína, es una de las sustancias de mayor consumo”, explicó el profesional.

La pandemia, también en la psiquiatría, representó un problema, ya que la alienación de pacientes, el poco roce social y el escaso contacto personal generó complicaciones severas a personas con trastornos psiquiátricos.

Inimputables, pero peligrosos

Un doble femicidio en un brote psicótico.

Una persona que cometió un crimen durante un brote psicótico y que no comprende la criminalidad de sus actos, es decir el desvalor de lo cometido, puede ser considerada inimputable para la Justicia Penal.

El perito psiquiatra Otamendi, explicó que si bien existe esa posibilidad de “inimputabilidad” con la que un acusado pueda conseguir una morigeración o esquivar un juicio, “no suele suceder” que alguien intente presentar adrede síntomas psiquiátricos, “no es algo sencillo”, consideró el profesional.

Según lo estipulado por el artículo 34 del Código Penal, los inimputables deben ser recluidos en un establecimiento adecuado para su tratamiento, que se extenderá hasta tanto el dictamen pericial compruebe que ha desaparecido el peligro de que la persona se inflija un daño a sí mismo a terceros.

Esta medida de seguridad, según las últimas resoluciones judiciales, un juez penal no puede ordenar un plazo que exceda al máximo del delito que se lo acusa de haber cometido a la persona inimputable.

Una vez que se ordena la medida de seguridad en un establecimiento psiquiátrico, se realiza una audiencia cada seis meses para realizar un seguimiento del tratamiento, en la que se define si es posible o no el alta, o si se le puede dar una prueba de 90 días de algún tipo de morigeración a la medida, como salidas transitorias.

Si en esas audiencias –o cualquier momento- los profesionales consideran que el paciente del trastorno psiquiátrico se encuentra en condiciones, recupera la libertad y no debe afrontar ningún proceso penal, ya que al momento de cometer ese delito es que había considerado inimputable.

En el caso que la persona no haya logrado superar su trastorno psiquiátrico y se llego al tiempo máximo de de la medida de seguridad, el juez penal ya no puede ordenar extender la internación y la situación del paciente –que sigue siendo peligroso para sí mismo o terceros- pasa a un Juzgado de Familia, desde donde pueden volver a ordenar la medida de seguridad.

El juez del Tribunal Oral en lo Criminal N° 1, Facundo Gómez Urso, explicó que la “inimputabilidad” de una persona es algo “problemático”, porque no depende solo de lo jurídico, sino que también de otras disciplinas.

“La inimputabilidad tiene que ver con el momento en que la persona comete el hecho. Que es distinta de la incapacidad para estar en juicio”, explicó el juez y agregó: “La inimputabilidad es la incapacidad psíquica de comprender el desvalor de lo que se está haciendo, cuando se comete el hecho”.

“Para quien no puede comprender lo qué hizo, una pena no significa nada, por eso las medidas de seguridad ponen el foco en la peligrosidad, para sí mismo o terceros”, remarcó Gómez Urso.

Demonios y drogas

Desde octubre de 2016 que Ricardo Aguirre es uno de los pacientes del neuropsiquiátrico del servicio Penitenciario bonaerense de Melchor Romero, luego de que en un brote psicótico asesinara a su hija de cinco años frente a la casa de un improvisado templo evangelista del barrio Belgrano.

“¡Me sigue un bicho y me quiere llevar! ¿No ves que me sigue el bicho?”, gritaba alterado Aguirre, tras matar a su hija Lucía de un balazo en el pecho.

Para los peritos psiquiátricos y la Justicia Aguirre sufre trastorno psiquiátricos, vulgarmente se diría que está loco, inimputable al no entender la criminalidad de sus actos, se encuentra alojado en el pabellón psiquiátrico de la Unidad Penal 34 de Melchor Romero y durante los últimos años, en cada audiencia el juez de ejecución penal Ricardo Perdichizzi llega a la misma conclusión: es un peligro para sí mismo y para terceros y debe seguir bajo tratamiento.

Lo golpearon y lo prendieron fuego vivo

Frente de la casa donde mataron a David Cabral.

En la madrugada del 20 de enero de 2019, Enrique Luengo y Jorge Pérez habían discutido con David Cabral en una casa de Arrué al 1600, un aguantadero en el que, como tantas veces, se habían juntado para tomar cocaína y alcohol. En ese contexto entre los dos lo golpearon hasta desmayarlo, lo tiraron contra un rincón y lo prendieron fuego, hasta que finalmente murió de un paro cardiorrespiratorio.

Luengo y Pérez estaban tan drogados y borrachos que no se acordaban lo que habían hecho, no entendían lo sucedido.

Tanto para el fiscal Leandro Arévalo, como para la defensa y los jueces, Luengo y Pérez son inimputables, por lo que el Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 dictó su sobreseimiento, ya que “no tuvieron capacidad psíquica para comprender la criminalidad del acto y dirigir sus acciones”.

Si bien tanto Luengo como Pérez tienen consumo problemático de drogas y alcohol, y cuentan con antecedentes psiquiátricos, los profesionales que lo evaluaron consideraron que ya no representan un riesgo alguno para sí o para terceros, por lo que los jueces Facundo Gómez Urso y Pablo Viñas descartaron la imposición de una medida de seguridad.

Sin embargo, si les impusieron que continuaran con su tratamiento psiquiátrico ambulatorio y que no pueden ausentarse de sus domicilios por más de 24 horas sin autorización previa.

Un inimputable detrás de un incendio devastador

Gustavo Arrativel.

Mientras la distribuidora Torres y Liva ardía, y se llevaba puesta a edificios y viviendas de la manzana, el responsable de uno de los incendios más devastadores de Mar del Plata deambulaba por el centro, con una valija en la que llevaba sus pocas pertenencias, como los elementos para armar sus dispositivos incendiarios caseros.

Pasó más de un año del incendio y Gustavo Arrativel fue declarado inimputable por peritos, algo que está fuera de debate para la Fiscalía y la defensa oficial.

El caso está a la espera de juicio en el Tribunal Oral N° 3, en el que el juez Juan Manuel Sueyro dictará las medidas de seguridad que deben tomar con Arrativel, considerado peligroso para sí mismo y terceros.

En este caso, la medida de seguridad no podrá superar el tope de pena para el delito que se le imputa, de “incendio agravado por peligro de muerte para las personas y daño en concurso material entre sí”. Es decir, como máximo el juez Sueyro podría ordenar su internación hasta 15 años.

Doble femicidio en un estado “psicótico agudo”

Matías Paz (23) se encuentra detenido por haber asesinado a su madre y luego haber degollado a su pequeña hermana, en mayo en su casa de Villa Lourdes.

Para los peritos, Yacobino y Guilano, Paz actuó en un “estado psicótico agudo, por lo cual al momento no tiene capacidad para estar sometido a proceso judicial (debe entenderse, en la actualidad)”.

De esta manera, por el estado actual de salud mental de Paz y “ante la peligrosidad que reviste para sí y para terceros” es que el fiscal Arévalo solicitó su inmediata internación en el servicio de Salud Mental del HIGA o bien en la Unidad 34 de Melchor Romero.

Matías Paz estaba convencido que había una conspiración política que quería matarlo. Así se lo había manifestado a su hermano y a su madre, pero nadie le creyó.

El 26 de mayo a la mañana, en el interior de una casa de Villa Lourdes, Matías Paz, armado con un cuchillo tipo filetero atacó a su madre, Laura Sánchez mientras estaba acostada en la cama de su cuarto. A la mujer la apuñaló 24 veces y la asesinó con una brutalidad inusitada.

Luego fue hasta el comedor, donde Zoe dormía en una cama y la degolló: en total la nena de 9 años recibió 19 puñaladas, la herida más importante en el cuello.

Horas más tardes, ensangrentado, Paz fue has el centro y se entregó en la comisaría primera, a la que ingresó a los gritos, para denunciar que “alguien” había matado a su madre y hermana.

Mató a martillazos a su padre y se suicidó

Todo parece indicar que Juan Ignacio Schuttenberg (37) mató a martillazos a su padre, Juan Mauricio (71), en una especie de brote psicótico provocado por sus problemas de adicciones de drogas, sin embargo no se podrá saber a ciencia cierta, ya que el asesino se suicidó momentos después.

El último de estos los episodios sangrientos ocurrió el pasado 14 de julio. Schuttenberg discutió con su padre y, sin controlarse, lo atacó salvajemente con un martillo, lo golpeó en la cabeza hasta dejarlo inconsciente y se fue de la casa de Andrade al 1900. Juan Ignacio subió al Volkswagen Gol y se fue a toda velocidad con un objetivo: quitarse la vida. Llegó a la costa y tomó por el Acceso Norte en dirección al Parque Camet y, al ver a una Ford Ranger la chocó de lleno.

El golpe fue tal, que los hierros retorcidos del Gol impedían la extracción del conductor. Policías y bomberos intentaron rescatarlo y escucharon lo que nadie sabe. “Mate a mi viejo, me quise suicidar”, fueron las palabras que balbuceó un malherido Schuttenberg.

Schuttenberg no estaba muerto, pero sí agonizaba en el interior de la casa cuando la policía fue a revisar el lugar. Un operativo simultáneo llevó a padre a hijo, a víctima y victimario, al Hospital Interzonal, donde finalmente fallecieron con escasos minutos de diferencia.

El hecho fue investigado por la fiscal Andrea Gómez, sin embargo con la confirmación de las dos muertes, la causa quedó sin acción penal.

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