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Opinión 27 de julio de 2026

Argentina 2027: estabilización, rebote y el desafío del crecimiento

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Por José Luis Stella

Hay cuatro clases de países: desarrollados, subdesarrollados, Japón y Argentina“.

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La frase del premio Nobel Simon Kuznets expresada en la década de 1960 sigue siendo una de las mejores descripciones de la singularidad argentina. Tal vez fue una crítica; tal vez un elogio, un reconocimiento de nuestra excepcionalidad. Lo cierto es que Argentina continúa siendo un país difícil de clasificar.

Nuestra verdadera excepcionalidad no consiste en estar “condenados al éxito”, como sostenía hace sesenta años Carlos Díaz Alejandro (frase repetida por Eduardo Duhalde), sino en nuestra capacidad para oscilar permanentemente entre extremos. Como en el fútbol pasamos con facilidad del entusiasmo a la frustración y en economía de la estabilidad a la crisis.

Existe una característica aún más persistente: cuando cambia el signo político del gobierno, el país suele reemplazar íntegramente el rumbo económico en lugar de preservar los aciertos y corregir los errores. Esa lógica pendular ha impedido construir políticas de Estado y explica, en buena medida, por qué tantas oportunidades terminaron diluyéndose.

En retrospectiva, el actual Gobierno consiguió avances macroeconómicos significativos. El ajuste fiscal fue profundo, la inflación descendió desde niveles críticos, la brecha cambiaria se redujo de manera considerable. Ayudó el respaldo de Estados Unidos y de los organismos internacionales que permitió atravesar momentos delicados. La estabilización comenzó a consolidarse sobre un tipo de cambio relativamente bajo, condición que favoreció el proceso desinflacionario aunque afectó buena parte de la actividad.

Sería un error desconocer esos logros. Sin embargo, también sería prematuro concluir que la economía ya ingresó en una etapa de crecimiento sostenido. La mejora de la estabilidad financiera todavía no logra transmitirse plenamente a la economía real.

Durante el primer semestre de 2026, la evolución de las variables financieras fue favorable. El dólar permaneció relativamente estable, la inflación volvió a desacelerarse luego del repunte posterior a las elecciones legislativas, las tasas de interés descendieron y tanto los bonos como las acciones registraron rendimientos positivos.

No obstante, la actividad continúa mostrando un comportamiento heterogéneo. Algunos sectores altamente competitivos —como la energía, la minería y el agro— generan divisas y exhiben elevados niveles de rentabilidad, aunque con escasa capacidad para absorber empleo. En cambio, rubros intensivos en mano de obra, como industria, construcción, comercio y turismo, continúan con un pobre desempeño.

La actividad económica, medida por el INDEC a través del EMAE muestra los últimos meses un patrón de “serrucho”: pequeños avances alternan con retrocesos. El consumo permaneció condicionado durante varios meses por la caída previa del salario real, la aceleración inflacionaria de comienzos de año y el encarecimiento del crédito. Recién desde mayo comenzaron a observarse señales incipientes de recuperación del poder adquisitivo.

Resulta razonable esperar para los próximos meses un rebote moderado. Los sectores que más empleo generan podrían recuperar gradualmente parte del terreno perdido, aunque todavía lejos de un proceso expansivo generalizado. La discusión económica comienza así a desplazar el foco desde la inflación para detenerse en los ingresos.

Si la desinflación logra consolidarse, el desafío será sostener la recuperación de los salarios, del consumo y de la inversión privada. Allí se jugará buena parte del éxito del programa económico. Las propias autoridades económicas y políticas (José Luis Daza, Diego Santilli) reconocen que los beneficios de la estabilización todavía llegan lentamente a la población. La economía financiera evolucionó mucho más rápido que la economía cotidiana de las familias.

En el frente externo aparecen factores que pueden jugar tanto a favor como en contra. La suba internacional del precio del petróleo derivada del conflicto entre Estados Unidos e Irán que tuvo una pausa, a la espera de un acuerdo que no se concretó, incrementó el ingreso de divisas provenientes del sector energético, aunque al mismo tiempo elevó internamente el precio de los combustibles y agregó presión sobre la inflación doméstica.

La evolución de ese conflicto seguirá siendo relevante. Si las tensiones geopolíticas mantienen elevados los precios internacionales del petróleo, Argentina recibirá mayores ingresos de divisas por exportaciones energéticas. También hay que seguir con atención la nueva suba de aranceles que el gobierno de EEUU impone a los países amigos (10%) y al resto entre ellos Brasil (37,5%).

Mientras tanto, la política monetaria continúa administrando una transición compleja. El Banco Central procura sostener tasas de interés reales positivas para evitar una nueva dolarización de los excedentes financieros, en un contexto donde la normalización del mercado cambiario todavía está incompleta. Entre abril de 2025 y mayo de 2026, los particulares (mal llamados personas humanas) compraron 38.675 millones de dólares a un ritmo de casi 2.850 millones mensuales con un pico de 5.130 millones de dólares en septiembre de 2025 previo a las elecciones legislativas.

Una de las razones por las que el gobierno quiere suprimir las PASO, como advierte en economista Luis Secco es porque un mal resultado, generaría la dolarización de carteras y si bien el sistema está más fuerte que en 2025, hay pesos en el sistema, en plazos fijos, bonos, dolarizables por alrededor de U$S140.000 millones lo que podría significar una corrida hacia el dólar que generaría una crisis cambiaria.

Las reservas internacionales siguen constituyendo uno de los principales puntos de vulnerabilidad. Frente a una importante masa de activos en pesos potencialmente dolarizables, cualquier deterioro de las expectativas puede traducirse en nuevas presiones cambiarias. En este punto, la política vuelve a ocupar un lugar central.

A medida que se acerquen las elecciones presidenciales de 2027, los mercados observarán no sólo las variables económicas sino también la probabilidad de continuidad del programa. Si perciben que las principales líneas de la política económica tendrán continuidad, la estabilidad podría sostenerse. Si, en cambio, reaparecen dudas sobre un nuevo cambio brusco de rumbo, la demanda de cobertura cambiaria podría incrementarse rápidamente.

En materia fiscal, el panorama también presenta algunas paradojas. Junio mostró un deterioro transitorio y el gobierno cerró el mes con déficit fiscal explicado en buena medida por factores estacionales —como el pago de aguinaldos y el diferimiento de algunos ingresos tributarios como la postergación del impuesto a las ganancias—, aunque el resultado acumulado del semestre continúa siendo superavitario.

El desafío ya no parece ser únicamente alcanzar el equilibrio fiscal, sino sostenerlo en el tiempo sin afectar la recuperación de la actividad.

La economía argentina llega así al tramo previo a las elecciones de 2027 con luces y sombras. La estabilización macroeconómica constituye un logro importante después de muchos años de desequilibrio. Sin embargo, el crecimiento, el empleo y la mejora de los ingresos todavía avanzan con demasiada lentitud como para hablar de un cambio de ciclo plenamente consolidado.

La pregunta que comienza a reemplazar al debate sobre la inflación ya no es cómo estabilizar la economía, sino cómo convertir esa estabilidad en crecimiento sostenido.

El desafío más profundo trasciende al actual programa económico. Argentina necesita romper con su histórica lógica pendular. Ningún país construye desarrollo duradero si cada administración desarma totalmente lo realizado por la anterior. La verdadera política de Estado consiste en conservar aquello que funciona, corregir lo que no y evitar empezar de nuevo cada cuatro años. Si el país logra abandonar esa dinámica, la estabilización alcanzada podrá transformarse finalmente en crecimiento. De lo contrario, volveremos a confirmar, una vez más, la singularidad que Kuznets describía hace más de medio siglo.