La Ciudad

Astor, el nene que se llama igual que Piazzolla y asombra a todos en el piano

Tiene 6 años, es marplatense y sorprende por su talento musical. Toca ese instrumento casi desde que era bebé.

Por Bruno Verdenelli

Como si fuera una premonición, Pablo e Irina decidieron llamar Astor a su hijo. Para entonces, ninguno podía imaginar que ese nombre cargado de misticismo musical podía tener alguna implicancia en su linaje.

De eso ya pasaron seis años y ahora el nene entra corriendo a los estudios UC Dadson, se sienta al piano y con una sonrisa que ilumina su rostro comienza a hacer lo que más le gusta: tocar.

El público presente, que aguarda por la presentación semestral de los alumnos del instituto, no sale de su asombro. Las melodías fluyen como si las interpretara un adulto que ha estudiado el instrumento a fondo y durante mucho tiempo. Pero no, es tan solo un chico que juega e improvisa naturalmente. Su talento es irrefutable.

Antes de empezar su parte del show, le dice sus compañeros (todos mayores): “Al final puedo hacer un solo largo”. Las risas se multiplican.

Astor Martino sabe que lleva el nombre de un hombre legendario. Para su ciudad, Mar del Plata, pero también para la música, una de sus pasiones. “Me gusta Piazzolla: su nombre y sus tangos”, dice convencido y alegre.

Después de deleitar a todos en el escenario con un tema de Memphis La Blusera, corre a abrazar a su abuelo, juega con su hermana Indira -que tiene 4 años y toca la batería-, y agradece cada una de las felicitaciones que recibe. Más tarde, junto a su padre, habla con LA CAPITAL.

“Me gustaría ser arquitecto o inventor, y también pianista. Y bandoneonista”, se entusiasma. Y sí, porque lo primero que se le pregunta siempre a un chico, aunque quien lo haga sea un periodista, es qué quiere ser cuando sea grande.

De inmediato, Astor vuelve a la música y cuenta sus preferencias. “Beatles, Queen, Coldplay y La Máquina de Hacer Pájaros… Guns N’ Roses. Rock y blues”, señala con certeza.

También confiesa que no siempre hace los ejercicios que le da Germán Albarello, su profesor desde hace alrededor de seis meses. “Hay días que practico y hay días que no, me aburre más o menos”, indica.

Astor toca el piano casi desde que era bebé. Pablo tiene videos de su hijo con tan solo un año y medio jugando con las teclas blancas y negras de un pequeño órgano. Siempre sus reacciones a los estímulos fueron llamativas, pero en el último tiempo se agudizaron. “Tiene oído absoluto: el otro día me afinó la guitarra solo”, relata.

Y sigue: “El primer día que lo llevé a lo del profesor, me miró con una cara… Es que era muy chico. Lo hizo sentarse a tocar y ahí se quedó sorprendido. Encima, Astor lo miró y le dijo: ‘Este piano está desafinado’. Yo no sabía dónde meterme. Y entonces él le respondió que era verdad, que sonaba así porque hacía poco que lo había empezado a afinar y tardaba en ajustarse”.

Crecer rodeado de música

El propio Astor se encarga de explicar que la música es parte de su vida. “En casa tengo guitarra, armónica, bandoneón, batería, piano y flauta”, enumera. Y dice que sus amigos siempre le piden que toque algo.

Además de estudiar piano con Albarello, hace cuatro meses que es alumno de Marta Scafoglio. Ella está casi retirada de la docencia, pero cuando lo conoció aceptó enseñarle. Lo mismo había ocurrido años atrás con Joaquín Oliva, otro pequeño prodigio que enmudeció a todos al interpretar el Himno Nacional Argentino en el Colegio Idra.

“Me encantó, me divertí”, responde Astor al ser consultado sobre sus sensaciones posteriores al show. Sin embargo, en un principio no sabía que en realidad “había debutado” oficialmente en un recital.

“El pensó que era un ensayo. Cuando terminaron de tocar vino y me dijo: ‘Papá, había gente en el ensayo’. Y yo le dije: ‘¡Hijo, no era un ensayo, tocaste ante un público!’. Como que él pensaba que un recital era en un estadio”, relata Pablo, entre sonrisas por las ocurrencias de su hijo.

Si bien admira y escucha habitualmente la obra de Piazzolla, entre otros ínterpretes del tango, admite que el nombre Astor le gustaba aún más que el propio artista.

“Nosotros somos una familia de cuatro y con mi mujer buscamos estimular mucho a los nenes: no queremos generar algo de egocentrismo en ellos. Priorizamos la calidad educativa, pero la idea de la nota nos gustó para que le quede a Astor como un recuerdo”, agrega Pablo, que tiene un negocio en Cariló y pronto planea mudarse y abrir una sucursal en Brasil.

“¿Sabías que Piazzolla también se tuvo que ir de Mar del Plata a Nueva York cuando era muy chico por el trabajo de su padre?”, se le pregunta. La respuesta es una carcajada y de inmediato una pausa para bajar el nivel de la expectativa. “No, bueno, pero esto es otra cosa. Astor es un chico muy tranquilo, tiene una facilidad con el piano y su otra pasión es la arquitectura, pero lo que que siempre le decimos es que lo mejor es estudiar, que nunca se sabe demasiado”, contesta Pablo. Y es cierto. Ahora sólo es momento de aprender y de jugar.

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