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Arte y Espectáculos 21 de agosto de 2026

Ay y un disco “atravesado por el paso del tiempo y por los tiempos que atravesamos”

El dúo de Mariana Vidal y Matías Magneres propone poesía, calma y crítica en "Adentro". Un disco que invita a escuchar y a pensar. Lo presentan en vivo este sábado.

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Mariana Vidal y Matías Magneres: "Las letras en Ay siempre fueron el eje central".

“A punto caramelo” era la expresión de las abuelas para remarcar que algo estaba en su cocción justa, ni más ni menos, con los atributos exactos de textura, brillo, sabor, temperatura. La descripción aplica para “Adentro”, el nuevo disco de Ay, dúo musical formado por Mariana Vidal y Matías Magneres que reside desde hace muchos años en Mar del Plata.

Después de una década, el grupo lanzó un material de siete canciones exquisito, intimista, introspectivo y crítico con ciertos hábitos actuales y lo presentarán en vivo este sábado 22 de agosto, a las 21, en El Galpón de las Artes.

Este tercer disco -después del primero que llamaron “Ay” y del segundo titulado “Dos”- muestra a la pareja asentada y sabia en torno a lo que desea. Primero, honestidad: “Y si en lugar de mostrarnos nos dejáramos ver”, pide la primera canción. Después, buscan un mundo sin deshumanización.

Las demás siguen en una suerte de diálogo con la poesía y la voz dulce de Mariana (autora de casi todas las letras), en la que se cuela el sinceramiento, las crisis personales, de pareja y hasta la necesidad de encontrarse y de vivir el presente. “Mejor andar de este lado que prestarle tiempo al pasado y lo que vendrá solo vendrá”, canta en “Fotos”.

Vidal y Magneres contaron a LA CAPITAL -y a dúo- que el disco, grabado en la casa de la pareja, les permitió manejar sus tiempos “de exploración y cambios de direcciones”.

“Las canciones nacieron en la primer parte de esa década, la última fue escrita a principios de la pandemia, el 17 de abril del 2020. Fue Adentro, la que le da el nombre al disco. Algunas las habíamos llegado a tocar brevemente en vivo, en versiones diferentes. Otras se empezaron a trabajar cuando entramos al estudio”, contaron.

– “Adentro” parece estar en la tradición de esos discos que piden sentarse a escuchar lo que dicen, ¿coinciden?

– Sí, las letras en Ay siempre fueron el eje central y, en general, el punto de partida, junto con la melodía, desde el cual se construye todo lo demás. Decimos algo, con música. Las canciones parecen necesitar una escucha íntima, silenciosa.

– ¿Es un disco sobre el tiempo, sobre el paso del tiempo?

– Es un disco con el paso del tiempo. Se creó en la etapa que fue desde nuestros 40 a 50 años, con el diálogo interno de esos años. Está atravesado por el paso del tiempo y también por los tiempos que atravesamos.

– “Adentro” es también crítico con la vida apurada y atolondrada que llevamos, como si los protagonistas de las canciones hubieran perdido el rumbo. ¿Por dónde empezar a dibujar el mapa de regreso?

– Quizá, por adentro, por la mirada hacia adentro. Por darle valor lo íntimo, al encuentro real, a la escucha, al silencio.

– ¿Por dónde va la deshumanidad que señalan?

– Esta era digital nos deshumanizó. Todo parece convertirse en consumo, incluso lo espiritual. Sentimos la necesidad de mostrarlo todo y al mismo tiempo perdemos de vista lo que realmente importa. Buscamos afuera respuestas que quizá estén dentro nuestro. Miramos casi robóticamente las vidas ajenas y terminamos copiando modelos, en lugar de descubrir nuestra propia voz. Hay tanta sobrecarga de información que incluso el horror dura apenas unos minutos. La vida termina pasando a través de un teléfono.

– El banjo es muy característico de Ay. ¿Le da un color antiguo a su música?

– El banjo apareció con el segundo disco. Estábamos buscando un sonido particular para incorporar, puede ser que fuera un color más antiguo, de hecho estuvimos buscando guitarras eléctricas de los años ’50, ’60. Y apareció este banjo que alguien lo vendía a un valor irrisorio. Desde entonces nos acompaña y lo usamos de manera para nada tradicional, casi como una guitarra. Terminó convirtiéndose en parte del sonido de Ay más que en un instrumento “folk”.

– ¿En la canción “Tempestad” incorporaron una guitarra eléctrica, ¿una novedad en su música?

– En realidad, en “Tempestad” aparece por primera vez una guitarra eléctrica así de distorsionada. En éste y en los otros discos usamos guitarra eléctrica, pero de manera sutil, no protagonista. En este caso la canción pedía esa rotura, esa intensión turbia y esa presencia sonora. En la puesta en vivo la guitarra eléctrica va a tomar más protagonismo, es el instrumento que va a tocar Mati, además del banjo. La guitarras acústicas y criollas las va a tocar Edu Wagner.

– Bossa nova, bolero, balada son los géneros o los encuadres de las canciones, ¿es esa la identidad de Ay?

– Sí, siempre nos costó definir nuestra identidad, pero está atravesada por toda esa música que escuchamos, que nos formó, transformó y que aparece desde un lugar consciente e inconsciente.

– El amor maduro aparece en Fotos y en Esta noche: como si fueran dos canciones espejadas. Ellos, una pareja que se vuelve a elegir. ¿Hay algo de eso?

– Es interesante el enlace entre esas dos canciones, no es algo que habíamos pensado, pero es cierto que hay algo que las une. Si le sacamos la poesía y vamos a la idea cruda, “Esta noche” dice que al final solo se trata de divertirse y “Fotos” que nos vamos a morir, así que disfrutemos. “Fotos” es una reflexión dentro de esa travesía interior que relata el disco: una introspección solitaria y femenina. La intención de poner “Esta noche” al final del disco fue darle una salida a esa travesía, una luz al final del túnel. En “Esta noche” la reflexión de “Fotos” se transforma en encuentro. Por primera vez aparece el otro, se sale del agujero interior. No es casual que sea la única letra que escribimos entre los dos, una composición que trajo Mati y yo completé. Como si después de ir hacia adentro, empezara la posibilidad del vínculo.