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Boca puede vencer a River, Gallardo ya le ganó a Guillermo

El de Nuñez es un equipo, con idea de juego y la estrategia adecuada para cada partido. Los de la Ribera contraponen individualidades y peso ofensivo, "poder de fuego" como para quedarse con todo en cualquier momento.

por Vito Amalfitano

Se enfrentaron tres veces en el año. Siempre River fue más como equipo, en los tres encuentros el entrenador Marcelo Gallardo le ganó claramente “la batalla táctica” a Guillermo Barros Schelotto y solo en esta primera Súperfinal de la Copa Libertadores el corolario de esa “victoria” no fue exactamente el resultado del encuentro. Boca pudo emparejar esta vez con talento individual, el “poder de fuego” de su delanteros, y esos atributos son los que puede presentar en el Monumental para aspirar a quedarse con el máximo certamen del fútbol continental ante su archirrival. Nada más y nada menos que eso.

Es decir, Boca puede ganarle a River. Por Benedetto, por Wanchope, por todas las alternativas individuales con que cuenta. Así como River está claramente en condiciones de repetir los claros triunfos en Mendoza el 14 de marzo y en la propia Bombonera el pasado 23 de septiembre, 2 a 0 en ambas oportunidades.

Pero, de cualquier forma, y con cualquier resultado de esta Copa, Marcelo Gallardo ya le ganó a Guillermo Barros Schelotto. River es un equipo con una idea de juego. En eso ya aventaja a Boca. Y esa es la obra del largo plazo del entrenador con sus jugadores. Pero además Gallardo ensayó la estrategia adecuada para cada uno de los tres Superclásicos, lo cuál le otorgó un plus a su equipo, que maniató tácticamente al conjunto de La Ribera las tres veces.

River siempre tiene la idea de un equipo con formato clásico y búsqueda de generación de juego, a partir de inclusión de futbolistas con buen pie que enlazan con los delanteros. Gallardo nunca renuncia a ese capital. Por eso Gonzalo Martínez es clave.

El Boca de Guillermo nunca tuvo una idea diáfana. Como la mayoría de los equipos de los mellizos apuestan sí a ser verticales y explotar bien los extremos. No mucho más que eso. No le interesa tanto el dominio a partir de la posesión. Por eso renuncia a un jugador como Cardona.

Se supone que en esta primera SúperFinal y anteriores encuentros el entrenador no recurrió al colombiano porque entiende que Pablo Pérez cumple con esa capacidad de generación de juego pero le agrega dinámica y marca.

Pablo Pérez es un jugador dúctil, inteligente, pero de ninguna manera puede armar el juego tanto como Cardona ni es cierto que el colombiano no colabore con sus compañeros con otras necesidades. Todo lo contrario. Quienes han visto mucho a Cardona en la Bombonera, y en otros partidos afuera, incluso en el Monumental, saben que el 10 es capaz de poner “el culo”, el cuerpo y la cabeza para sostener la pelota y hacer descansar al resto para después descargar en todos los temibles delanteros que tiene Boca.

Pero además de las ideas perennes de juego, en las que ya se ven diferencias, y que se expresan también a la hora de elegir los jugadores que ponés en cancha, están las estrategias para cada partido. Y Gallardo siempre tuvo la adecuada para cada uno de los choque superclásicos de este año.

El domingo fue la hora del marplatense Martínez Quarta “libero” por delante de los zagueros de River. Esa inclusión, en lugar del capitán Leonardo Ponzio, fue la nueva fórmula para volver a maniatar a Boca. El marplatense, que además es claro en la salida y fue mucho más que “un quinto defensor”, liberó a los laterales para subir, porque él apareció siempre que lo necesitaron en el primer tiempo para cubrirlos, sobre Pavón sobre todo, y en menor medida ante Villa. Pero también fue auxilio para Enzo Pérez.

A partir de ahí River tuvo más volumen de juego porque, además, también quedaban más liberados Exequiel Palacios y Gonzalo Martínez, el gran titiritero en el primer tiempo para manejar los hilos de su equipo.

Todo esto ante un Boca que dejó demasiadas brechas a las espaldas de Barrios y cuyos laterales tuvieron problemas ante las subidas de sus “colegas” de River.

El error conceptual que más definió la endeblez defensiva, de funcionamiento de Boca, fue el del gol de Pratto. Un tanto de contraataque del equipo que va perdiendo ante el que acaba de ponerse en ventaja.

Pero el dominio de River no fue solo territorial, táctico y conceptual, sino que a partir de esa diferencia construyó más situaciones de gol, que en casi todos los casos conjuró con éxito Agustín Rossi, hasta transformarse en figura del partido.

Boca, en cambio, solo pudo producir tres oportunidades claras. Dos fueron gol, la tercera terminó en la gran atajada de Armani del final. Una tremenda contundencia, mucha eficacia en relación a las chances favorables con que contó. Ese es su capital para el desquite. Su poderío ofensivo. Sus variantes en ataque. Sus soluciones individuales. Como las que casi siempre aporta Darío Benedetto.

River, en cambio, puede confiar en su funcionamiento, en que es un equipo verdadero, y en las decisiones de su entrenador.

Igual, todo está abierto en esta obra maestra del suspenso. El primer tiempo terminó 2 a 2, falta el segundo, la ventaja de la localía en un Superclásico es muy relativa. River se puede quedar con la Copa por más equipo. Boca puede llevarse la Libertadores de los sueños por el peso de sus individualidades. De cualquier forma, Gallardo ya se lo ganó a Guillermo.

 

@vitomundial

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