Disquerías y laboratorios fotográficos de la ciudad registran una demanda tres veces mayor de productos analógicos gracias a jóvenes de 15 a 30 años. "Más que una tendencia, es un rechazo a la lógica de la inmediatez".
Por Malena Alpern
Cada vez más jóvenes eligen objetos analógicos en lugar de los inteligentes. Los locales de vinilos, cassettes y tocadiscos experimentan una demanda tres veces mayor y las cámaras digitales compiten contra el último iPhone porque ahora, la elección va más allá de la calidad de la imagen.
La impresión de fotos tal como salieron en el primer disparo y otras costumbres que parecían perdidas, como coleccionar discos de tu artista favorito, acompañan esta nueva tendencia presente entre la Generación Z.
Eduardo, del local marplatense Compacto Disquería Retro, explicó que en el verano empezó a notar que los jóvenes de 15 a 25 años se interesaban por el mundo del vinilo. El dueño de la disquería fue contundente: “La venta se triplicó”.
Eduardo, dueño del local Compacto Disquería Retro.
Opinó que “lo que influyó fue la venta de los tocadiscos modernos imitación de Winco, esos que se pueden usar con USB. Muchos empiezan así y después dan el salto a las bandejas más completas. Algunos también consiguen un Winco original de algún familiar”.
Antes de este boom, su local se llamaba Compacto: compra, venta y canje y ofrecía todo tipo de productos, pero hace un tiempo pasó a llamarse Compacto Disquería Retro. “Ahora estoy completamente dedicado a los CD, los vinilos y los cassettes, que empezaron a caminar mucho entre los pibes, están como locos buscando walkmans”, expresó.
Según lo que observa el comerciante, esta tendencia no se reduce solo a los vinilos: “Todos los jóvenes están buscando rollos y cámaras viejas, así no anden. Las llevan, las coleccionan, y las tratan de arreglar”.
Local ProLab.
Ariel, del local fotográfico ProLab, expresó que “en los últimos 10 meses hubo un aumento muy notorio en el consumo de todo lo analógico, como por ejemplo los rollos 35 mm y la impresión de fotos, mientras que el consumo de lo digital no varió”.
Puntualizó que antes revelaban una vez por semana, mientras que ahora lo hacen cada tres días. Según notan entre su clientela, los que eligen las fotos reveladas son mayormente los jóvenes entre 20 y 30 años, mientras que los adolescentes pusieron nuevamente de moda las cámaras digitales de bolsillo.
A la derecha Ariel, a su lado Ivan y a la izquierda Roberto, el dueño del local.
Por su parte, Martín, del local de música Planet Music, coincidió en que hay un público nuevo, conformado por adolescentes y jóvenes, que está empezando a comprar vinilos y CD.
Explicó que “la industria discográfica se esforzó en mostrar las conveniencias del método analógico” y que “la diferencia es muy grande, ya que el formato físico está pensado para escuchar música con un equipamiento que permite un sonido de alta fidelidad”.
Local Planet Music.
En esa misma línea, expresó que “las campañas siempre surten efecto, y que mucha gente consume a partir de lo que otros hacen”, pero que luego, la diferencia es tan grande que, si les importa la calidad, terminan eligiendo esta alternativa.
En primera persona
Agostina (28) compró su primera cámara, una totalmente analógica, en 2022. Luego obtuvo una automática y, más tarde, una mini digital que se engancha al llavero.
Explicó que se trata de buscar mayor autenticidad: “Con el celular sacás muchísimas fotos en segundos y seleccionás la única en la que saliste perfecto. En cambio, la forma analógica rescata la imperfección. Si saliste con los ojos cerrados no importa, esa es justamente la gracia”.
La primera cámara que compró Agostina.
Otro aspecto que rescata es el arte de esperar: “Tenés que terminar el rollo y recién ahí podés revelarlo. Es la sorpresa de ver qué salió, es más mágico. Es un intento de recuperar una temporalidad más lenta en el mundo de la inmediatez”.
A su vez, no descartó la sensación de melancolía: “También creo que es nostalgia de otro tiempo, de esa época de las cámaras que no tenían tan buena calidad. Tienen otro espíritu”.
Florencia (23) usa su tocadiscos desde hace tres años. Empezó a escuchar música de esta forma porque quería “ir más allá de Spotify y conocer la música física”.
Puntualmente, sintió curiosidad: “Cuando era chica había muchos CD y cassettes en casa, pero no tocadiscos, así que decidí ir por lo que no conocía”, expresó.
El tocadiscos de Florencia.
Ella notó que hay un “interés generacional de volver a lo analógico, incluso por fuera de la música. Hay mucha gente volviendo a la fotografía analógica, tanto con rollos como con revelados”.
Lo relaciona con un deseo, o una necesidad, de “salir del mundo monopolizado por lo virtual y de querer conectar con lo físico, lo tangible, tanto con la música como con las fotos. Una nostalgia de todo eso”.
Paloma (23) comenzó usando una cámara compacta, que permite sacar las fotos y luego descargarlas en una computadora. Cuando esta cumplió su vida útil, compró una digital réflex, que permite ver la imagen antes de disparar.
De esta última destacó que “tiene más configuración manual, por lo que podés configurarla para el estilo que quieras darle a la foto. Tanto la cámara como el resultado son superpersonales”. Apasionada, explicó que así permite jugar con el enfoque, la distancia y cuanta cosa quieras.
Paloma también tiene una cámara instantánea.
Más tarde se compró una cámara instantánea, que “tiene ese detalle de lo vintage, pero sale la foto en el momento”. Con estas cámaras sacás una foto y, tal como salió en el primer disparo, se imprime.
Expresó que ella elige estas opciones para “tener algo tangible por fuera del celular, ya que si no está todo ahí adentro, que es práctico, pero cuando se trata de recuerdos está bueno tener un espacio aparte, y mejor aún si se puede tocar”.
Tendencia
Lo más curioso de esta tendencia es qué ocurre cuando todo parecía estar dominado por la tecnología, en una época donde se disparan los promedios de uso de pantalla y hasta se crean series para ver en aplicaciones como TikTok e Instagram.
Esta contradicción se debe a una necesidad de mostrarle “resistencia al presente”, explicó la socióloga Valentina Puleo. Y, enseguida, agregó: “Vivimos en un contexto de sobreestimulación, hiperconectividad e incertidumbre constantes, y en ese escenario lo analógico aparece como algo más real, estable y tangible”.
La licenciada explicó que una moda “emerge cuando conecta con una necesidad latente de la sociedad, que en este caso es desacelerar un poco, sentir algo más concreto y abandonar un poco la lógica de la optimización y perfección constante”.
La paradoja: “Usamos cada vez más las pantallas, pero también buscamos cada vez más momentos para salir de ellas. Más que una tendencia, es una respuesta cultural a los límites de lo digital; un rechazo, o al menos un cuestionamiento, a la lógica de la inmediatez”, definió Valentina.