Borges y el país en democracia
La democracia había cumplido nueve meses tras la asunción de Raúl Alfonsín. El juzgamiento de la Junta Militar estaba en manos de sus pares. El país se aprestaba a votar en un plebiscito por el conflicto del Beagle. Jorge Luis Borges visitó Mar del Plata y dialogó con LA CAPITAL. A continuación, la entrevista, publicada el 8 de septiembre de 1984.
Borges, distendido, durante el diálogo que en septiembre de 1984 mantuvo con un joven redactor de LA CAPITAL: Marcelo Pasetti.
“Los peronistas, felizmente, están peleados entre ellos y esperemos que sigan siendo torpes y chambones. Hubieran podido ganar las elecciones ya que mucha gente estaba lista a votar por ellos, pero cuando volvieron a aturdir a la gente con eso de ‘Perón, Perón, que grande sos, mi general cuánto valés”, perdieron. Podían haber ganado con programas pero no aturdiendo a la gente con boberías. Además todo el mundo sabía que eligieron mal a los candidatos, a ese malevaje que ya todos conocemos”. Tal una de las frases vertidas en la víspera por Jorge Luis Borges, uno de los máximos escritores actuales e indiscutible honra de los argentinos, que dialogó con LA CAPITAL en forma exclusiva con ese tono donde resulta arduo discernir la sorna de la realidad.
El diálogo, mantenido en el domicilio particular de la profesora Susana López Merino, en donde almorzó el escritor, se desarrolló de la siguiente manera:
-¿Cuál es su opinión ante la situación actual del país en esta etapa de democracia?
-Estamos convaleciendo de una larga enfermedad que nos lastimó durante muchos años, pero quizás logremos la salud, pero será cuestión de esperar unos diez años. Creo que nuestra esperanza no debe ser impaciente, es casi una resurrección lo que se necesita y sobre todo desde el punto de vista ético. Éticamente hay que enseñar esa ciencia olvidada en nuestro país. Pero creo que cada uno de nosotros le debe algo a la patria. Yo, políticamente no cuento, no estoy afiliado a ningún partido, no conozco a políticos así que sólo escribo.
-¿Considera usted que se ha producido algún cambio sustancial en la literatura argentina con el advenimiento de la democracia?
-No creo que tenga nada que ver una cosa con la otra. La literatura siempre es libre.
-¿Continúa con la convicción de que existe la posibilidad, como declaró recientemente, de que los peronistas puedan apoyarse en los militares para un golpe de Estado?
-Espero haberme equivocado pero siempre existe ese temor. Los peronistas felizmente están peleados entre ellos, hicieron una campaña electoral muy torpe y esperemos que sigan así. Hubieran podido ganar las elecciones con programas pero volvieron a aturdir a la gente con boberías. Además, todo el mundo sabía que eligieron mal a los candidatos, a ese malevaje que ya todos conocemos.
-¿Cuál es su opinión acerca de las Madres de Plaza de Mayo, a las que usted recibió en reiteradas oportunidades?
-Yo creo que algunas son sinceras, pero no sé si todas lo son. He recibido en mi casa a personas que lloraban sinceramente, pero desde luego que habrá muchas que obedecen a fines políticos. No importa, con que haya una sola madre sincera, una sola persona que haya perdido un hijo que no era terrorista, está bien, y las apruebo, desde luego.
(NdR: La siguiente pregunta se refiere al plebiscito que se realizaría el 25 de noviembre de 1984 para que la ciudadanía aceptara o rechazara el Tratado de Paz firmado con Chile para resolver el Conflicto del Beagle, luego de la mediación de la Santa Sede).
-¿En lo que atañe a la propuesta papal en torno al canal de Beagle, cuál es su parecer?
-Ese es un pseudoproblema que distraerá la atención de otras cosas. Debemos aceptar cualquier decisión que signifique la paz. Me parece que la idea de que todo el mundo opine a través de una consulta es un error. Quién sabe si todos los argentinos son imparciales, además si se acepta un juez se acepta de antemano su fallo.
(NdR: La siguiente pregunta se refiere a la intervención del Consejo Supremo de Fuerzas Armadas en el juzgamiento de exintegrantes de la Junta Militar por delitos de lesa humanidad, un proceso fallido que desembocaría en el Juicio a las Juntas realizado un año después por la Cámara Federal).
-¿Considera justos los juicios que se están llevando contra los militares que intervinieron en la llamada guerra sucia?
-Esa justicia es un simulacro. Si yo fuera militar pediría ser juzgado por civiles, ya que de lo contrario no estaría limpio mi honor. Los militares no han exigido hasta el momento la presencia de jueces civiles y ya tendrían que haberlo realizado. No hay ninguna razón para que una persona sea juzgada por jueces especiales. Un dentista no debe ser juzgado por otro dentista, un escritor por otro escritor, un buzo por otro buzo y un militar por otro militar. Es demasiado absurdo.
-¿Cuál es a su entender la solución para salir de esta crisis que enfrenta el país?
-Soy el único argentino que no tiene una solución prevista. Es una situación muy difícil y sólo podremos salir mediante un acto de fe. Creo que si somos hombres éticos, o si tratamos de hacerlo, tendremos que salvar a la patria y por ende al mundo. Yo no tengo la solución. Si me ofrecieran la suma del poder público como a mi pariente Rosas yo renunciaría inmediatamente porque no entiendo nada de política. Entiendo quizás algo de literatura, no estoy muy seguro tampoco.
-¿Cómo se explica eso de que entiende “algo de literatura”?
-A mí personalmente no me gusta lo que escribo. Me he resignado a lo que escribo, pero eso no quiere decir que lo apruebe. Cuando era joven yo quería ser como Lugones, como toda la gente de mi generación, pero ahora he renunciado a esa misión y me he resignado a ser Borges.
-¿Hasta qué punto es perniciosa la censura?
-Hay un caso en que fue útil, cuando prohibieron ese filme absurdo que se llama “La intrusa”, pero fuera de ese caso particular que me benefició a mí y a Christensen, me parece absurda. Cada uno debe juzgar lo que quiere ver o lo que no quiere ver. En este caso particular, el de “La intrusa”, introdujeron elementos del todo ajenos a mí; por ejemplo la homosexualidad, y además esa película está llena de gente nada friolenta porque continuamente están desnudos y no se sabe por qué.
-Usted escribió que toda obra intelectual es finalmente inútil. ¿También considera que su obra es inútil?
-Sí, pero no me queda otro destino, ya que mi destino es el de escritor. Aunque no me gusta lo que escribo, ¿qué otra cosa puedo hacer sino seguir escribiendo? Trato de olvidar el pasado, de mirar hacia el porvenir y de pensar en mis próximos libros. Por lo pronto me he comprometido a escribir cien prólogos lo cual me obliga a seguir viviendo algunos años más aunque he abusado ya de la longevidad.
Hace poco cumplí 85 años y me avergoncé mucho. Mi madre cumplió 99 años pero cuando llegó a los 95 me dijo: “Caramba, se me fue la mano”. ¡Estaba tan avergonzada de cumplir esa edad!
-¿Y usted por qué se siente avergonzado?
-Porque me parece que es abusar del tiempo.
-En la poesía “Remordimiento” usted escribió: “He cometido el peor de los pecados que puede cometer un hombre. No he sido feliz”. ¿Por qué motivo no ha sido feliz?
-Ese poema yo lo escribí a la semana de la muerte de mi madre y pensé que me hubiese sido más fácil ser más bueno con ella. Cuando mi madre murió sentí mucho remordimiento por no haber sido feliz, no por mí sino por las personas que quería.
-¿Borges, en que fundamenta sus críticas tan asiduas al “Martín Fierro” de José Hernández?
-Yo he criticado el hecho de que se lo lea como una epopeya, que se crea que el “Martín Fierro” es un hombre ejemplar. Lugones en 1915 dijo que “Martín Fierro” era una epopeya y que el personaje era ejemplar, y quizás muchos males de nuestra historia procedan de esa curiosa interpretación de Lugones. Si hubiésemos elegido el “Facundo” como nuestro libro, quizás nuestra historia hubiese sido otra, y sin lugar a dudas mejor.
-¿Le teme a la muerte?
-A veces me siento un poco desdichado y me pregunto el por qué. Espero que la muerte me borre totalmente y si me equivoco y no me borra, emprenderé otra vida que no tiene porqué ser menos grata que ésta. A mi edad la muerte puede esperarme en cada esquina. Tengo que seguir viviendo algún tiempo para cumplir con los compromisos.
Además quiero contarle que uno de los mayores defectos de este país es que hemos tenido una de las más breves historias del mundo. Nuestra historia apenas cuenta con dos siglos, y sin embargo todos los días hay un aniversario. No se puede caminar porque tenemos muchas estatuas. Vivimos recordando un pasado oscuro en donde tuvimos dos dictaduras, la de Rosas y la otra que no quiero acordarme. Recuerdo para este caso una frase de Oscar Bach que decía “la historia es una serie de crónicas policiales”.
Aquel día
– Aquel 8 de septiembre de 1984, LA CAPITAL tituló su portada con el allanamiento en el estudio de Guillermo Walter Klein (exsecretario de programación de Alfredo Martínez de Hoz), en el marco de la investigación
por la estatización de la empresa Italo Argentina. Hallaron documentación de partidos políticos y organismos de derechos humanos.
– Se informaba que el Banco Central había aplicado una devaluación del 3.9 % en la paridad cambiaria del peso argentino, al llevar para las transferencias el tipo comprador a $7.963 cada 100 dólares. El paralelo cotizó a $108.
– Se anunciaba un 23,8 % de aumento en el precio del boleto de micro, que llegaba así a los $16.
– Quedaba confirmado que el presidente Raúl Alfonsín llegaría a Mar del Plata el jueves 13 para inaugurar la segunda reunión del “Consenso de Cartagena” entre países latinoamericanos sobre la deuda externa, impulsado por la propuesta argentina para coordinar posturas frente a los acreedores internacionales.
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