“Cada vez tenemos un público más joven viendo Parque Lezama”
Compone a un anciano mentiroso que se inventa muchas vidas. Dice que, además de reírse, los jóvenes que asisten cada noche espían los dilemas que tendrán cuando lleguen a viejos. "Los ancianos se sienten con mayor necesidad de estar vivos, de estar activos y de tratar de no ser un peso para su familia", reflexiona.
Después de seiscientas funciones realizadas en Buenos Aires y en otros escenarios ubicados en todo el país, Luis Brandoni intenta seguir dotando de frescura a su personaje de León Schwartz, un anciano fabulador, que se inventa tantas vidas como las que hubiera querido vivir y que despierta risas entre los espectadores que asisten a ver “Parque Lezama” (Teatro Mar del Plata).
“Nuestra tarea es tratar de mantener fresco al espectáculo, que el público no entrevea que hay seiscientas representaciones previas a las que él está viendo, esa es nuestra tarea, la hacemos con gusto. Y una función por día es perfecto para poder medir el esfuerzo y para hacerla cada vez como si fuera la primera”, cuenta el humorista, que comparte protagonismo con Eduardo Blanco y ambos están bajo las órdenes de José Luis Campanella.
León y el personaje de Blanco se encuentran imprevistamente en un parque, cada uno con sus vidas a cuestas y sus personalidades. El primero hablador como pocos, el segundo miedoso, retraído, tímido. Entre ambos nace una relación conflictiva, de necesidad y contención.
Este verano, la obra en la que también participan los actores Viviana Puerta, Germán Rodriguez, Mariano Reynaga, Federico Llambi y Celeste Gerez cosechó varios premios. Varios Estrellas de Mar y el Premio José María Vilches vistieron su recorrido por Mar del Plata, ciudad a la que este mismo elenco había llegado en octubre último en el marco de una gira nacional.
Brandoni vive esos logros con satisfacción. “Estamos muy contentos, además porque es un espectáculo que nos gusta hacer y del que estamos orgullosos. Estamos halagados y contentos porque, además, se presenta febrero más auspicioso que enero. Mejor no podemos estar”, indica el comediante, que desde hace años suele apostar al verano marplatense con diversos espectáculos, desde la recordada “Justo en lo mejor de mi vida”, pasando por “Extraños en un tren” y “Conversaciones con mamá”, por citar sólo las últimas piezas en las que se lo vio actuar.
“Es probable que en mayo estemos en el teatro El Liceo de Buenos Aires”, comentó, mientras echó luz sobre cómo fue armando a este representante de la tercera edad que no tiene una buena relación con sus hijos y que parece, en principio, mantener frescos los ideales de la izquierda obrera de su primera juventud.
-Las muchas vidas que transita su personaje también pueden ser entendidas como una metáfora del oficio del actor, que se mete en muchas vidas también. ¿Coincide?
-El actor no miente, finge personalidades. Ese es su oficio, su trabajo, lo que pasa es que nosotros somos el instrumento que tocamos nosotros mismos, el instrumento del actor es uno mismo. El envase no varía mucho, lo que varía son las características personales, los modos de conducirse, pero esa es la gracia de poder interpretar personajes que son distintos a uno.
-¿Sigue entrenándose como actor?
-No, yo el oficio ya lo aprendí, lo aprendí hace mucho, me cuido para estar en mi mejor condición física, me cuido mucho durante las funciones. Lleva un esfuerzo de concentración y de cuidar el espectáculo, lo que es suficiente como entrenamiento.
-Un aspecto interesante de la pieza es que arroja una mirada respecto de los viejos, su mundo, sus charlas, sus recuerdos.
-En ese sentido, la obra tiene algunas cosas mentirosas, primero el ámbito donde transcurre. No es un living, ni una oficina, ni un dormitorio, es el Parque Lezama. Segundo los protagonistas son dos octogenarios, lo cual no es frecuente. Se ve a dos ancianos y a sus problemáticas, el dilema que mi personaje tiene con su hija, una de las cuatro que se hizo cargo del padre y que padece las locuras y los disparates que se le ocurren a este hombre. Al mismo tiempo, el autor hace un alegato a favor de los viejos, que en general es recibido con fuertes aplausos. Los más curioso de todo esto es que cada vez tenemos un público más joven viendo el espectáculo. Son jóvenes que acompañan a mayores, que comparten la platea y que sienten la misma emoción. Acaso vean en los viejos lo que todavía nunca supusieron que iba a pasar en los adultos mayores, como por ejemplo hablar de amor o hablar de sexo y de proyectos y de esperanzas.
-Es decir, el público joven se anticipa lo que viene en la vida.
-La gente se siente muy reconfortada, sale mucho mejor de ánimo a cómo entró.
-Los viejos suponen todo un tema a abordar en un mundo en el que la vida se va alargando cada vez más.
-Claro que sí. Los ancianos se sienten con mayor necesidad de estar vivos, de estar activos y de tratar de no ser un peso para su familia. Esa es una de las angustias más grandes. Esta obra demuestra que es posible y termina con un estado de ánimo alzado. Por otro lado, es muy infrecuente ver a dos octogenarios fumando un porro.
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