Caleb Montenegro, saxofonista: “Se pensaba que Mar del Plata era una ciudad de músicos sin oyentes, yo creo que no”
"Esto que solo nace porque estamos todos juntos": ese es el espíritu que Caleb Montenegro le dio al disco "7600".
Tiene 21 años y llamó a cerca de 40 artistas para grabar su primer disco de música improvisada, que ya es un testimonio de la movida de jazz joven en Mar del Plata. Tiene ocho canciones, entre homenajes al Conservatorio Luis Gianneo y a un amigo que se suicidó el año pasado.
Como si fuera la foto de un momento, “7600” es el sonido de una comunidad y el de un presente movedizo, el de Caleb Montenegro -o Caleb Monte, como aparece en las redes sociales-. La comunidad son sus amigos y amigas músicos, con quienes gestó este disco, y su público oyente que asistió a las jam sessions de música improvisada que quedaron grabadas en el material que ya está en YouTube.
El virtuoso saxofonista de 21 años pensó el disco en un momento clave: es el testimonio musical antes de partir a Buenos Aires, ciudad a la que se fue con las ganas de estudiar más, crecer más, tocar más. Con ansias de encontrar nuevos desafíos. “Acá (en Mar del Plata) estoy muy cómodo, estoy muy contento. Pero yo quiero tocar más”, reveló, en un viaje relámpago a esta ciudad, oportunidad en la que fue entrevistado.
“7600” tiene ocho canciones: cuatro composiciones de Caleb y las demás arreglos y covers. De todas, contó, una sintetiza el espíritu con el que lo soñó. “Hay una canción, que creo que es la antepenúltima, ‘No one’s listening’, o sea ‘Nadie está escuchando’, que es un tema que no existía hasta el momento en que arrancamos a grabar. Junté a los músicos y no había idea de tema, nos dijimos ‘bueno, ¿qué tocamos?’ -recordó-. El pianista Juanpi Guzmán dijo ‘yo me invento una melodía’. Existió porque se inventó ahí”.
“Esa es una muy buena definición de la idea del disco: son temas que surgen simplemente porque yo tengo mi sonido, porque vos tenés tu sonido y entre todos armamos esto, que solo nace porque estamos todos juntos”, analizó.
—Podríamos trasladar eso a la sociedad y vivir así, ¿no?
—Total. Creo que en gran parte se gesta eso humanamente. Si no existe esa unión, si no existe ese interés en colaborar entre nosotros, no existe canción. Y canción se le puede llamar a muchas cosas: a la felicidad, al bienestar general. En nuestro caso, si no nos juntamos como músicos, no existe canción.
“Un sonido común”
Aunque estudia música desde los 8 años (también pasó por violín y piano), Caleb profundizó en el saxo desde hace “cinco o seis años”. Así se metió en el mundo de la música improvisada de Mar del Plata. “Se fueron dando muchas conexiones entre esas personas (con las que grabó el disco), con las cuales también se generó un sonido por el que yo te escucho a vos, vos me escuchás a mí y si somos tres se genera un sonido en común, ya no es el sonido de él, el sonido de él es mi sonido, es un sonido en común”.
Con esa idea dándole vueltas y con la decisión de partir a Buenos Aires, decidió encarar el disco “7600”: “Me parecía que una de las mejores maneras de sentirme despedido o sentir que yo despedía a la ciudad era poder tener un registro vigente de esas cosas que se estaban generando” en Mar del Plata, dijo en la entrevista con LA CAPITAL.
Convocó a cerca de cuarenta músicos en total para grabar las canciones. “Ninguno me dijo que no”. Como no llegaba con el dinero para el disco, se le ocurrió hacer una sesión grabada solo para Youtube. Todo sucedió en el living del docente del conservatorio Jorge Peta, en varias jornadas y con público.
“Lo único que quería que se resalte es esto de que cualquier cosa que vayamos a grabar venga del énfasis de la improvisación, del rejunte de ese sonido. El ochenta por ciento de las canciones surgieron un poco de ese lado”. El tema “Rego” está dedicado al Conservatorio de Música Luis Gianneo -donde estudió-, mientras que “Berlardo” es un blues que recuerda a un amigo, el joven músico Diego Berlardo Giménez, quien se quitó la vida el año pasado.
Sorprendido por la respuesta positiva que recibió tras la convocatoria de músicos, Caleb entendió que muchos se sintieron entusiasmados por participar. “Tuve miedo de que me digan que no por sentir porque no fuera suficiente razón como para que ellos tengan ganas de tocar conmigo. Al principio tuve esa duda. La respuesta vino por querer formar parte de algo, de una comunidad”, interpretó.
—Reflejás en el disco un sonido marplatense, una movida que está pasando ahora, ya, ¿cómo definís ese movimiento?

—Si le tuviese que explicar a alguien que no es de acá diría que es completamente juego, yo siento que estoy en el living de mi casa. Toqué en Club Tri y creo que nunca me sentí tan cómodo en mi ciudad. Al principio arranqué a tocar muy en pose de músico, parado y en un momento no me di cuenta y estaba sentado en el escenario, como un indio. Creo que Mar del Plata y los músicos de acá generan esa tranquilidad y comodidad de que todos estamos cómodos con lo que está pasando.
—¿Y hay público?
—Hay público, por mucho tiempo se pensó que Mar de Plata era una ciudad de músicos sin oyentes, pero yo creo que no. Yo creo que hay gente que la banca, que hay gente que está escuchando. De hecho, cuando grabamos el disco, aparte de los 20 músicos que hubo por sesión había 15 personas más que eran amigos, que simplemente fueron a escuchar. Entonces, si tenés la misma cantidad de oyentes que de músicos en un disco, a mí me da el parámetro de que hay gente a la que le gusta escuchar más allá de que no forme parte, o que forma parte desde otro lado. A mí me da la seguridad de que sí. No más que hay que saber contarle a la gente lo que está pasando y que entienda la importancia de lo que estamos haciendo para que ellos también puedan conectar con nosotros. Si yo te cuento lo que estoy haciendo y te cuento que estoy juntando a muchos músicos para algo hermoso, sin ser músico me encantaría ver qué onda. Me parece algo súper curioso.
—¿Qué fuiste a buscar a Buenos Aires?

—A Buenos Aires fui a buscar aprendizaje, poder obligarme a exponerme a situaciones de riesgo. Porque acá estoy muy cómodo, estoy muy contento. Pero yo quiero tocar más, tocar mejor. Quiero tocar con más gente, quiero tocar en más lugares. Y en Buenos Aires hay muchos más lugares, hay muchas más personas. Hay mucho más nivel. No porque Mar del Plata no tenga nivel, pero mientras más grande la ciudad más nivel se pide, más nivel se exige. Buscando exponerme a situaciones en las cuales quizás ya no me sienta tan cómodo pero me dé esa pauta de “che, bueno, tengo que practicar”. Buscando aprendizaje y seguir disfrutando.