La Ciudad

Campanella: “La cultura es una de las pocas cosas que todavía nos da orgullo como país”

El director y guionista presentó en Mar del Plata la obra "Empieza con D, siete letras" y, en una extensa charla con "Agenda Real", el programa de streaming de LA CAPITAL y Canal 8, habló del teatro, la grieta, la inteligencia artificial, Mafalda y el desánimo social que atraviesa a la Argentina.

Juan José Campanella se presentó en Mar del Plata con la obra “Empieza con D, siete letras” y reflexionó sobre la cultura, la polarización política y los cambios tecnológicos que atraviesan al cine y la sociedad.

Con una mezcla de humor, reflexión y preocupación por el presente argentino, Juan José Campanella volvió a Mar del Plata para presentar “Empieza con D, siete letras”, la obra teatral que protagoniza Eduardo Blanco y que llega a la ciudad tras una exitosa temporada en Buenos Aires y el inicio de una gira nacional.

En una extensa charla con “Agenda Real”, el programa de streaming de LA CAPITAL y Canal 8, el director de “El secreto de sus ojos” habló de casi todo: el teatro, la irrupción de las plataformas, el fenómeno de la inteligencia artificial, el regreso de Mafalda, la crisis cultural, la polarización política y el clima de desánimo que percibe en la sociedad argentina.

Lejos de mostrarse relajado por la experiencia acumulada durante décadas de carrera, Campanella confesó que los estrenos todavía le generan un nivel de ansiedad difícil de manejar.

“Cada vez peor. Los estrenos me enferman directamente”, admitió. “Uno ensaya solo y pierde totalmente la dimensión de si las risas funcionan o no. La prueba con el público es tremenda”, explicó sobre la obra, una comedia dramática que explora el choque generacional y cultural entre un hombre de 67 años, recientemente viudo, y una mujer de 40 con una mirada completamente distinta sobre las relaciones y la vida cotidiana.

El director sostuvo que el humor ocupa un lugar central en sus historias porque permite acercarse a temas complejos sin caer en la resignación. “Cuando los problemas nos parecen demasiado grandes tendemos a evitarlos o a rendirnos. El humor baja al villano del poder y nos anima a enfrentarlo”, reflexionó.

En ese sentido, explicó que gran parte de sus relatos nacen simplemente de observar cómo cambiaron la vida cotidiana y los vínculos sociales en los últimos años. “A nuestra generación le entregaron un mundo nuevo y se olvidaron el manual”, graficó.

Durante la entrevista también se detuvo en las transformaciones que produjeron las plataformas digitales y las redes sociales en la manera de consumir contenidos audiovisuales. Para Campanella, la revolución tecnológica actual sólo puede compararse con la aparición de la imprenta.

“Estamos viviendo un cambio enorme. Antes el cine generaba impacto social. Hoy las películas llegan a tu casa a las dos semanas y eso modifica totalmente la experiencia”, analizó. Sin embargo, destacó que existen dos actividades que lograron resistir el impacto de la virtualidad y el consumo fragmentado: el turismo y el teatro.

“El teatro sigue siendo presencial. El público también dirige a los actores con sus risas, con sus silencios y con su energía”, señaló.

Mafalda para las nuevas generaciones

Uno de los momentos más esperados de la charla apareció cuando se refirió a la adaptación audiovisual de Mafalda, el histórico personaje creado por Quino y cuya serie animada prepara actualmente para Netflix.

Campanella reveló que el proyecto llegará en 2027 y reconoció el enorme desafío emocional y artístico que implica trabajar sobre un ícono cultural tan profundamente arraigado en la identidad argentina.

“Si esto hubiera llegado al principio de mi carrera hubiese sido paralizante”, confesó. “Somos fans de Mafalda desde chicos. En mi sentido del humor hubo dos influencias enormes: Quino y Les Luthiers”, agregó.

Según adelantó, la serie mantendrá el espíritu original de los personajes aunque adaptado al lenguaje audiovisual contemporáneo. “El desafío no es el cambio de época sino el cambio de medio. Que vos escuches a Mafalda y digas: ‘esa es Mafalda’”, explicó.

Pero más allá de los proyectos artísticos, una de las definiciones más contundentes de la entrevista estuvo vinculada al lugar de la cultura en la Argentina actual. Campanella expresó su preocupación por lo que considera un creciente desprestigio social hacia la actividad cultural y cuestionó los discursos que presentan al financiamiento estatal de la cultura como un gasto innecesario.

“La cultura no es una cosa elitista. La cultura es el tango, es Sandrini, es el rock nacional, es Mafalda”, afirmó. Y advirtió: “Que la gente le tome bronca a la cultura es hacer que le tome bronca a su propia identidad”.

“La sociedad se está hartando de la pelea”

Para el director, la Argentina conserva todavía un enorme prestigio artístico incluso en medio de las crisis económicas y políticas recurrentes. “Argentina es el faro cultural de Latinoamérica. El teatro argentino es único”, sostuvo.

En varios pasajes de la conversación, Campanella se mostró especialmente preocupado por el nivel de confrontación política y social que atraviesa no sólo al país sino también al mundo. Señaló que la grieta dejó de ser una discusión ideológica para convertirse en una herramienta permanente de construcción política.

“La sociedad se está hartando de esto. La gente quiere tranquilidad, no pelearse con el hermano o con el amigo”, expresó. Y agregó que las posiciones moderadas parecen quedar cada vez más desplazadas frente a discursos extremos que terminan monopolizando el debate público.

También describió el presente argentino como “una crisis de desánimo”, marcada por ciclos constantes de ilusión y frustración colectiva. “Tenemos expectativas enormes con cada cambio político y después caemos en una depresión absoluta cuando las cosas no salen rápido”, analizó.

En el tramo final de la entrevista, el cineasta habló sobre la inteligencia artificial y relativizó parte de los temores que hoy existen en torno a su utilización en la industria audiovisual.

“No me preocupa como herramienta”, aseguró. “Que cualquiera pueda hacer una película me parece fantástico. Tener la herramienta no garantiza el talento”, resumió.

Con la misma mezcla de ironía y lucidez que atraviesa buena parte de sus películas, Campanella dejó en Mar del Plata una reflexión que fue mucho más allá del teatro y del cine: una mirada crítica sobre el presente argentino, pero también una defensa apasionada de la cultura como uno de los pocos espacios capaces de seguir generando identidad, orgullo y encuentro colectivo.

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