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La Ciudad 14 de febrero de 2026

Carlos Malfa: “La esperanza nos tiene que acompañar siempre, no hay que perderla nunca”

Rodeado por amigos, el obispo emérito de Chascomús dialogó con Nino Ramella y recorrió parte de su vida. Actualmente reside en Tierra Santa.

"Me siento muy feliz de estar en Mar del Plata, donde están mis raíces", dijo Malfa.

El padre Carlos Malfa se mostró feliz de estar en su ciudad natal, donde disfrutó de unos días en este verano, ya que actualmente vive en Tierra Santa.

“Soy muy feliz allá, aun en medio de la guerra, que es de una crueldad y perversión inimaginable. Hay una presencia cristiana muy fuerte. La Iglesia católica es minoría, pero no es problema ser minoría si tenés algo grande y bueno para decir y entregar. Y los cristianos lo tenemos”, le contó a LA CAPITAL.

El obispo emérito de Chascomús -ciudad en la que vivió durante más de 20 años- hoy ejerce el servicio pastoral como misionero en Tierra Santa y reside en la Basílica de Getsemaní, en el Monte de los Olivos. Si bien antes de cumplir los 75 años presentó su renuncia (tal como lo establece el Código de Derecho Canónico) por adelantado al papa Francisco, el expárroco de San Juan Bautista decidió quedarse a servir en Jerusalén. “El obispo termina un determinado cargo, pero la misión no termina nunca. En eso trabajo”, explicó.

Así, cada vez que puede, vuelve a Mar del Plata, donde nació, se educó en la Escuela 95, en Don Bosco y en la Universidad Nacional (se licenció en Psicología), y ejerció como sacerdote también en la parroquia Nuestra Señora del Rosario. “Me siento muy feliz de estar en Mar del Plata, donde están mis raíces, mis muertos, las cosas que más amo”, afirmó.


Malfa 03


Antes de la charla “Carlos Malfa, un marplatense sin fronteras” que brindó ayer en el café del teatro Auditorium Centro Provincial de las Artes, aseveró: “La esperanza nos tiene que acompañar siempre, no hay que perderla nunca”.
“La firmeza inquebrantable de la esperanza nos tiene que acompañar. Los cristianos tenemos razones para esperar y vivir en la confianza. Y hay que procurar hacer todo el bien que podamos, lo demás va y viene”, insistió.

Alegrías

Previo a la tertulia, que contó con la interlocución de Nino Ramella -“un ateo irredimible”, según su propia definición-, el padre Malfa se reunió con el director del teatro Auditorium, Vito Amalfitano. “Con Carlitos nos conocemos hace muchos años, bautizó a mis dos hijos más grandes”, contó.

Ya frente a un público en el que estaban muchos de sus amigos de la ciudad, Malfa recordó su infancia —”feliz, vivíamos con muy poco”— que transcurrió en el barrio Don Bosco “o de la vieja estación”, recordó. Después de agradecer a todo el personal del teatro Auditorium y a su director, también presente, Ramella lo consultó sobre la existencia de la identidad marplatense. Malfa la comparó “con el mar: tiene que ser fuerte, profunda y sin horizonte”.

“Tal vez la identidad de la ciudad tenga que ver con todos los que vinieron a la ciudad y la adoptaron y aportaron su diversidad, por sus historias, sus riquezas, sus proyectos e hicieron lo que Mar del Plata es hoy”, añadió.

Malfa recordó su juventud en la ciudad y a sus maestros —”la educación es el único camino para la transformación verdadera”, señaló— y a sus amigos, muchos de los cuales ayer dijeron presente. Haciendo gala de su sociabilidad reconoció que “de todos los ámbitos de mi vida conservo vínculos”. Y, en ese sentido, aseguró: “Es más sabio y humano tender puentes que levantar muros” y —como si hiciera falta— confesó que “soy más del abrazo que del insulto”.

Carlos Malfa fue ordenado sacerdote en 1978, en la Catedral local por monseñor Rómulo García, obispo de Mar del Plata. También se desempeñó como secretario privado del primer obispo local, monseñor Enrique Rau, y continuó con el segundo obispo de Mar del Plata y luego cardenal, Eduardo Pironio. Además, fue presidente de la Comisión Episcopal de Ecumenismo, Relaciones con el Judaísmo, el Islam y las Religiones de la Conferencia Episcopal Argentina y miembro del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (Santa Sede-Ciudad del Vaticano), entre otros cargos. Se licenció en Teología en la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma y, en su estadía en la Ciudad Eterna, fue alumno del Pontificio Seminario Lombardo.