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Salud 13 de marzo de 2026

Comer para trabajar: la mala alimentación, un riesgo silencioso en el trabajo

Un estudio del Observatorio de la Deuda Social de la UCA revela que más del 80% de los trabajadores argentinos enfrenta dificultades para alimentarse durante la jornada. Especialistas en medicina laboral advierten que esta situación aumenta accidentes, reduce la concentración y afecta la productividad.

La conversación sobre seguridad laboral suele centrarse en cascos, arneses y protocolos. Sin embargo, un factor básico y silencioso está ganando relevancia: la mala alimentación.

Según un informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, en colaboración con Edenred, el 83,5% de los asalariados argentinos enfrenta vulnerabilidad alimentaria durante su jornada laboral. Muchos trabajadores se ven forzados a saltearse comidas o a consumir alimentos con bajo valor nutricional.

Para los especialistas en medicina laboral, el impacto es directo. Federico Martín, director médico de Praevida, explica: “Un trabajador que no ha consumido los nutrientes necesarios tiene sus capacidades cognitivas y físicas disminuidas. La fatiga, la falta de concentración y la reducción del tiempo de reacción son consecuencias directas. En entornos donde una fracción de segundo puede marcar la diferencia entre un susto y una tragedia, no podemos ignorar este factor”.

Las estadísticas nacionales refuerzan esta alerta. Durante 2024, la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) registró más de 359.000 accidentes laborales y enfermedades profesionales. Aunque cada siniestro tiene causas múltiples, los expertos señalan que la malnutrición contribuye a crear un entorno de riesgo.

“La seguridad laboral debe entenderse de manera integral”, agrega Martín. “De nada sirve contar con el equipo de protección más avanzado si la persona que lo utiliza no está en condiciones óptimas para operar o tomar decisiones críticas. La prevención moderna debe mirar hacia adentro: a la salud integral del trabajador”.

El estudio también señala posibles soluciones. El 80,4% de los encuestados manifestó interés en recibir un aporte de su empleador para la alimentación. Esto evidencia que los trabajadores buscan alternativas concretas y que las empresas pueden intervenir de manera estratégica.

Entre las medidas recomendadas se destacan:

Diagnóstico nutricional: Evaluaciones médicas periódicas para identificar malnutrición, fatiga crónica o deficiencias de nutrientes.

Educación y concientización: Capacitaciones sobre cómo la nutrición impacta en la concentración, la seguridad y la productividad.

Infraestructura básica: Espacios con heladera y microondas para conservar y calentar alimentos. El estudio mostró que entre quienes carecen de estos recursos, el 72% se saltea comidas.

Apoyo económico directo: Subsidios, comedores internos o vouchers para alimentos, que reducen ausentismo, disminuyen accidentes y mejoran la productividad.

La vulnerabilidad alimentaria deja de ser solo un problema social para convertirse en un factor crítico de la salud y la seguridad laboral. Garantizar una alimentación adecuada no es un gasto, sino una inversión estratégica en el capital más valioso de cualquier empresa: sus empleados.