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Opinión 3 de agosto de 2020

Comités Barriales de Emergencia: hacia una democracia participativa

por César Ventimiglia

Mar del Plata y Batán tienen una población cercana al millón de habitantes, con un conurbano empobrecido y una de las tasas de desocupación más altas del país. En contraposición con los barrios céntricos, los barrios populares de la ciudad, carecen de servicios públicos esenciales, escenario que la pandemia exhibió con mayor crudeza: una situación de desigualdad preexistente en nuestro municipio.

Esto es muy preocupante, porque la desigualdad es tal vez el mayor generador de violencia en una comunidad. El índice Gini o coeficiente Gini, medida económica utilizada para medir la desigualdad de ingresos en los ciudadanos de un territorio, nos señala que sociedades muy ricas pero muy desiguales, por ejemplo la de Estados Unidos, expresan indicadores de violencia (tasa de homicidios dolosos), cinco veces mayor que Portugal, país con menor ingreso per cápita, pero más igualitario en la distribución de la riqueza.

Nuestro país, obviamente más pobre que Estados Unidos, exhibe indicadores de desigualdad y de violencia similares a la gran potencia.

En este contexto, ante el deterioro producido por el Covid-19, surgen los Comités Barriales de Emergencia por iniciativa de la población, con el objetivo principal de resolver el problema alimentario en los barrios populares. Son espacios de coordinación entre los movimientos sociales, Cáritas, las Iglesias, los clubes, las sociedades de fomento y todas las instituciones estatales del barrio, en particular los Centros de Atención Primaria de Salud (CAPS) y las autoridades sanitarias

La primera reunión de los Comités Barriales se realizó a fines de marzo en el barrio Camet en la zona norte, encuentro que sirvió como disparador inicial, continuando con asambleas en los barrios Nuevo Golf y Las Heras -en el Comedor de la Hermana Marta-, posteriormente Acantilados, Las Dalias, Florencio Sánchez, Malvinas Argentinas, Newbery, Hipódromo, La Herradura y Virgen de Luján. Finalmente su funcionamiento, se expandió a más de 40 barrios distribuidos en Mar del Plata y Batán.

Organizándose finalmente en cuatro centros de distribución (oeste, sur oeste, norte y sur) donde cada uno obtiene, según la cantidad de raciones semanales, un porcentaje del total conseguido, lográndose con esta ingeniería social abastecer a todos los C.B.E.

El crecimiento de los C.B.E. fue explosivo y a solo un mes de la reunión fundacional, participaban de la iniciativa más de 500 dirigentes, militantes políticos, referentes sociales, vecinales, eclesiásticos, de género y diversidad, directivos de escuelas y referentes de salas de salud, reuniéndose semanalmente en los más de 35 centros, que funcionan en Mar del Plata y Batan.

Además, una o dos veces por semana los comités mantienen encuentros con representantes de los gobiernos municipal y provincial, intermediando entre la población afectada por la pandemia y las autoridades, actuando como canal de información. Los participantes de los Comités Barriales son ejemplo de militancia y compromiso con la población, al punto de que algunos de ellos, poniendo el cuerpo en sentido literal, han contraído el coronavirus frecuentando los lugares mas pobres.

Está claro que la pandemia fue el detonante, pero la situación de deterioro era preexistente, y si bien la necesidad alimentaria es el tema urgente y principal, la violencia de género y la violencia institucional, son también parte de la agenda y asuntos de interés y tratamiento permanente en los C.B.E.

Observando en el mapa de nuestro municipio, los barrios donde se desarrollaron los C.B.E, se evidencia el desequilibrio entre el centro urbanizado y el contorno (barrios periféricos) donde el Estado está ausente, con indicadores que expresan una indigna situación de desigualdad entre los mismos. Esto debe ser corregido por nuestros representantes, los que elegimos para que nos gobiernen, de ellos es la responsabilidad de reparar esta situación de inequidad.

Los C.B.E. expresan a una comunidad que se manifiesta a un ritmo y velocidad que no entiende de formalismos y burocracias y así como en la crisis del año 2001 nacieron las asambleas vecinales, hoy los reclamos ciudadanos, se expresan en esta novedosa forma de participación popular.

Demandan una mirada “barriocéntrica” que provea lugares cercanos, donde el poder político cobije a los que más lo necesitan. Esta respuesta inmediata ante la crisis, permite visualizar la necesidad de procurar formas inclusivas y participativas para el ejercicio de la democracia, que permitan sentirla vigente todos los días. Evidencian que sólo con el voto, no alcanza para una democracia plena.

Es imprescindible preservar los C.B.E. para que tengan continuidad una vez superada la pandemia, ya que no deben ser una respuesta coyuntural, porque representan una herramienta legítima de participación ciudadana, que ha demostrado mayor eficacia que el accionar del Estado.

La clase política está ante una oportunidad única de incorporar procedimientos de la democracia participativa, para propiciar la cercanía con el vecino y potenciar una política pública de descentralización del Estado municipal. Espero, que no la desaproveche.