Policiales

Condenaron a 18 años de prisión a un hombre por haber abusado de dos niñas

Los hechos ocurrieron entre 2012 y 2017 en su casa del barrio Bernardino Rivadavia. Una de las víctimas es la hija de su expareja, mientras que la otra era amiga de la menor. Los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 tuvieron en cuenta el sufrimiento posterior de las nenas y los traumas que les generó.

Un hombre de 51 años fue condenado por el Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 a 18 años de prisión por haber abusado sexualmente de la hija de su expareja y de una amiga de la víctima, cuando ambas tenían entre 9 y 13 años.

Los jueces Javier Viñas, Facundo Gómez Urso y Juan Galarreta consideraron a Darío G. -su apellido no se expondrá para no revictimizar a las niñas al poder identificarlas- culpable de los delitos de “abuso sexual con acceso carnal agravado por haber provocado un grave daño en la salud mental de la víctima, por ser cometido por un encargado de la guarda de una menor de edad y en aprovechamiento de situación de convivencia preexistente en concurso ideal con corrupción de menores agravada” y “abuso sexual con acceso carnal”, ambos en concurso material entre sí.

El fiscal Leandro Arévalo, en su alegato, había solicitado 21 años de prisión para el condenado; mientras que su defensa había puesto en crisis la materialidad de ambos hechos, cuestionado la inexistencia de testigos y la autoría de su representado, por lo que solicitó su absolución y, en casa de una condena, que se ajustara a los mínimos legales.

Darío G. es un camionero que tenía una doble vida: por un lado una familia con hijos en Trenque Lauquen y, paralelamente una pareja estable en Mar del Plata, madre de una de las víctimas. El hombre tenía un departamento en el barrio Bernardino Rivadavia y, si bien no convivía con su pareja, alternaban una semana en cada domicilio y, en muchas ocasiones, cuidaba a la hija de la mujer mientras ella iba a trabajar.

Según quedó acreditado en el juicio, las vejaciones ocurrieron entre 2012 y 2015, cuando la nena tenía entre 9 y 12 años. Darío G. aprovechaba la ausencia de la madre de la menor para abusarla en reiteradas ocasiones: en un primer momento dichos abusos consistieron en actos de tocamientos en sus partes íntimas, también en enseñarle a hacer cigarrillos de marihuana e invitarla a fumar, en exhibirle películas pornográficas hasta que, finalmente, la accedió carnalmente. Todo siempre en el departamento del hombre, en el barrio Bernardino Rivadavia.

El condenado también tenía amenazada a la niña, a quien le dijo en más de una vez que si llegaba a contar algo nadie le creería o que si hablaba iba a dejar de ver a su madre y tendría que vivir con su padre.

En la sentencia, los jueces tuvieron en cuenta que “la reiteración de tales actos y su extensión en el tiempo alteraron el normal desarrollo psico físico de la sexualidad de la niña, por haber sido iniciada prematuramente en ella, dichas circunstancias potenciaron la generación de un daño psicofísico, que se vio demostrado en conductas de autoflagelación, como así en el consumo sostenido de marihuana”.

El otro de los hechos por los cuales fue condenado ocurrió entre fin de 2016 y principio de 2017, cuando Darío G. abuso de una amiga de la hija de su expareja en una tarde que quedó a solas con la menor, mientras la otra víctima había salido a hacer un mandado.

El llanto y dolor de las nenas

“Darío me violó”, fueron las palabras que A. le pudo decir a su madre en 2018, luego de que la mujer la encontrara con psicofármacos antidepresivos entre sus pertenencias. La nena le pudo contar que el hombre abusaba de ella desde los 9 años y que le decía que era un secreto entre ellos y que no le debía contar nada a nadie. Cuando la menor habló faltaban tres meses para su fiesta de 15, por lo que su madre decidió esperar a después de esa fecha para presentar la denuncia. Antes de presentarse en la comisaría de la mujer, fueron a ver al papá de la nena, quien inmediatamente le creyó y la apoyó incondicionalmente para que denunciara al hombre.

“Se trata de una adolescente vulnerada desde niña. Es posible que haya habido fallas en el cuidado de parte de los adultos responsables, el padre se ausentó y alejo de las responsabilidades de la crianza. Existen evidencias que recorrió al menos 1 episodio depresivo mayor con ideas suicidas sin cuidados ni tratamientos adecuados ni que algún adulto lo detecte al principio. Lo anterior hace pensar que no fue una niña suficientemente protegida. La experiencia traumática afectó etapas del desarrollo normal, trajo consecuencias severas en la salud mental y en la interacción social, familiar y de pareja. A. requiere tratamiento interdisciplinario que aborde los múltiples problemas de salud mental que padece. La madre requiere asesoramiento y acompañamiento sobre el estado de su hija”, consideraron los peritos que brindaron sus testimonios profesionales durante el juicio.

Para los peritos que entrevistar a M., la otra nena abusada, en Cámara Gesell, su relato fue coherente, lógico, no disgregado y sin productividad delirante. “La niña logró realizar un relato pormenorizado, claro y sin contradicciones de los hechos contextualizados en tiempo y espacio, compatible con maniobras abusivas de índole sexual. No se evidencia tendencia a la fabulación ni se advierten elementos que hicieran pensar en que haya sido vulnerable a la sugestión de un adulto”, remarcaron.

Daño sostenido y traumas

Los jueces Viñas, Gómez Urso y Galarreta consideraron como agravantes en la condena que Darío G. hubiese usado estupefacientes para facilitar la realización de sus actos, los múltiples problemas de salud que ha generado a la menor A. y la extensión del daño causado con la necesidad de llevar acabo un tratamiento integral por lo padecido, además de los daños que la niña se causó y sus tendencias suicidas.

Además, valoraron el sufrimiento de M., quien mantuvo silencio durante un tiempo acerca del hecho y el aprovechamiento del imputado de la confianza de la madre de la víctima.

 

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