El Tribunal Oral en lo Criminal N°2 lo halló culpable de los asesinatos de María Angélica Rossi y Elizabet Othondo, cometidos en 2023. Los jueces dieron por probada la acusación de la fiscalía y lo condenaron por dos homicidios doblemente agravados.
El Tribunal Oral en lo Criminal N° 2 condenó a prisión perpetua al albañil Jonathan Darío Cáceres por los asesinatos de las jubiladas María Angélica Rossi y Elizabet Othondo, cometidos entre mayo y junio de 2023.
El veredicto fue dado a conocer este viernes por los jueces Federico Cecchi, Roberto Falcone y Alexis Simaz, quienes lo consideraron autor de dos homicidios doblemente agravados.
Para la fiscalía, durante el juicio oral realizado la semana pasada quedó acreditada la responsabilidad de Cáceres en ambos crímenes. En su exposición final, Salas sostuvo que el acusado actuó para asegurar su impunidad luego de robar a las víctimas y lo describió como una persona con una “personalidad perversa” que “no siente culpa por lo que hizo”.
Uno de los elementos centrales de la acusación fue el hallazgo de rastros de sangre de las víctimas en prendas secuestradas durante un allanamiento en la habitación del imputado: en unas zapatillas marca Fila se detectó ADN de Rossi y en un pantalón de jogging gris se encontró material genético de Othondo.
Durante el juicio, Cáceres había negado los cargos. En su declaración sostuvo que no se encontraba en los lugares de los hechos en las fechas de los asesinatos y afirmó que esos días estaba trabajando o realizando otras actividades. También cuestionó el procedimiento mediante el cual fue detenido.
La defensa oficial, a cargo de Claudio De Miguel, había solicitado la absolución del imputado o, en forma subsidiaria, que se lo condenara por el delito de “homicidio en ocasión de robo”. Además, planteó supuestas irregularidades en el procedimiento de detención.
Sin embargo, el tribunal consideró acreditada la acusación de la fiscalía y resolvió imponer la pena máxima prevista por el Código Penal.
Los asesinatos
El 5 de mayo de 2023, en la casa de María Angélica Rossi en el Bosque Peralta Ramos, los investigadores encontraron una evidencia clave entre los restos del incendio que había sido provocado tras el crimen. Sobre el piso de la cocina quedó impresa en sangre la huella de una zapatilla deportiva.
La marca fue reconstruida digitalmente por especialistas y comparada con bases de datos de suelas comerciales. El análisis determinó que correspondía a una zapatilla marca Fila, modelo Trend.
Semanas después, durante un allanamiento en un hospedaje de La Pampa al 1300, la policía secuestró en la habitación de Jonathan Darío Cáceres un par de zapatillas idénticas, lo que fortaleció la acusación.
La investigación tomó aún más fuerza tras el segundo crimen. El 2 de junio de 2023, Elizabet Othondo fue atacada en el patio de su casa. El agresor la obligó a ingresar nuevamente a la vivienda, la golpeó y buscó dinero y objetos de valor.
Antes de huir, también intentó provocar incendios en distintos sectores de la casa y dejó abiertas las hornallas de gas. La autopsia determinó que la muerte se produjo por una laceración cerebral.
Las dos causas comenzaron a vincularse cuando los investigadores detectaron que en ambas viviendas había trabajado previamente un techista y que Cáceres había sido uno de sus ayudantes.
A ello se sumaron otros elementos: el teléfono robado a Rossi se activó en antenas del macrocentro cercanas al lugar donde vivía el acusado y un video lo mostraba, un día después del primer crimen, con una herida sangrante en la mano.
También se recuperaron objetos robados en ambos hechos. La computadora de Rossi apareció en manos de una mujer que la devolvió al reconocer los datos de la víctima, mientras que un allanamiento posterior permitió hallar la laptop sustraída a Othondo. Según se estableció, ambas habían sido entregadas por Cáceres.
Con esos elementos -la huella de la zapatilla, el ADN hallado en prendas del acusado, la recuperación de objetos robados y su vínculo laboral previo con las víctimas- la fiscalía logró reconstruir el recorrido del agresor y sostener la acusación que terminó con su condena a prisión perpetua.