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Cristian Cadillac: “Tengo mucha confianza en que vamos a poder revertir la serie”

El "Tolita" , actual base de Unión de Mar del Plata, a fondo con LA CAPITAL en la previa a la definición del play-off ante Racing Club por la Liga Federal.

Por Marcelo Solari

A veces, llevar un apellido ilustre, con un padre célebre que ha practicado el mismo deporte, puede ser un carga. No lo ha sido para Cristian Cadillac, hijo del “Tola” Eduardo Cadillac, uno de los mejores bases de la historia del básquetbol argentino.

El “Tolita” (apodo asignado por herencia directa) ha llevado adelante bastante bien su propia carrera. Y a los 38 años, el actual base de Unión de Mar del Plata, sigue dando batalla en la Liga Federal. Ese y otros temas, en la previa de la definición del play-off ante Racing Club, tratados a fondo con LA CAPITAL:

-¿Por qué no seguiste en Unión después de haber hecho una buena temporada y de haberte adaptado muy bien al equipo y a la ciudad?

-En Unión la había pasado bárbaro. Estaba muy cómodo en el club y quería seguir. Pero la pandemia hizo que los tiempos fueran distintos. Unión todavía no sabía qué iba a hacer. Me llegó una oferta de Sportivo Suardi, donde yo también había estado muy cómodo. Y como había pasado un año sin trabajar, me quise asegurar. Pero sinceramente no tenía ganas de irme de Mar del Plata. Por eso mismo, cuando se dio la chance de volver, no lo dudé.

-¿Y qué representa Unión a esta altura de tu carrera?

-Si bien en lo personal había tenido un buen desempeño, deportivamente no nos había ido tan bien en aquella primera temporada. Pero yo sentía como que había jugado toda la vida en Unión. Me sentía como en casa. Tengo una excelente relación con Ezequiel Santiago Medina (N. del R.: el entrenador de Unión) y el club, con Leonardo Cordeiro y Rodrigo Otamendi como referentes, se portó muy bien conmigo. Quería volver, quería estar acá.

-La ciudad también ayuda…

-Me encanta Mar del Plata. Es un detalle que no se puede dejar de lado. Se dio todo. Ojalá pueda quedarme acá en los últimos años de mi carrera. Como ya estoy desde hace varios años ya hice muchos amigos, estoy cerca de Buenos Aires y tengo a mi familia cerca. Son todas cosas que suman.

-¿Para qué está Unión en esta temporada?

-Hicimos una gran fase regular. Histórica para el club, quedamos primeros en la División Bonaerense. Perdimos solo dos partidos y, lo más importante, pudimos plasmar la idea del entrenador en la cancha. No es poca cosa.



-En el primer cruce de play-off les tocó perder el primer partido. ¿Cuál es la conclusión?


-Creo que fue nuestro peor partido. Colectivamente no jugamos bien y si bien reaccionamos al final, lo hicimos demasiado tarde. Estuvimos a un tiro libre de forzar el suplementario y no hubiera sido justo porque Racing jugó mejor. Pero tengo mucha confianza en que vamos a poder revertir la serie como locales. Y podemos llegar lejos en el torneo.

-Viniendo de donde venís, es raro que nunca hayas jugado en Obras…

-Es verdad. Nunca se dio. En un momento, todavía mi viejo estaba en Obras en la Liga Nacional. Yo salía de San Andrés y tenía un par de ofertas. Me acuerdo que en ese momento, Fabián Borro me quiso llevar. Pero mi viejo no quería saber nada. Hubo ahí una especie de discusión familiar y terminé en Gimnasia y Esgrima La Plata, entonces nunca se dio lo de Obras. A mí me llevó a Gimnasia el entrenador Gonzalo García, pero se fue antes de cumplir los dos años de contrato y contrataron al “Tola” (su padre). Ahí sí tuve la experiencia de haber jugado con él. Yo no quería, pero al final terminó siendo una linda experiencia.

-¿Es cierto que no influyó para nada en tu carrera?

-No es que no influyó. Pero siempre fue una persona que me dejó hacer mi carrera. Cuando me tenía que dar un consejo, me lo daba. Pero siempre muy tranquilo. Nunca me metió presión. Creo que en eso también fui inteligente al no compararme con él, porque claramente iba a salir perdiendo. La carrera de mi viejo fue para mí un orgullo, por todo lo que se habla de él, como jugador y como persona. Yo pude hacer mi carrera. Mala, regular o buena, pero mía. Fue una gran ayuda mi viejo. Hasta el día de hoy seguimos hablando mucho pero más como padre e hijo que como jugadores.

-Al jugar en el mismo puesto, alguna sugerencia te habrá dado…

-Seguro. Cuando me dirigió, no sé si lo sufría, pero me costaba. Porque él veía cosas en el puesto que me marcaba y yo lo miraba como diciendo: “¡No soy Pepe Sánchez! Soy tu hijo y puedo hasta acá”! (risas). Siempre lo escuché. Toda la vida fue muy crítico. Incluso cuando yo estaba en formativas y por ahí marcaba alguna diferencia, nunca me dijo: “jugaste bien” o “la rompiste”, sino que encontraba el lado para corregirme cosas. Cuando fui creciendo entendí por qué me lo hacía. Siempre le voy a estar agradecido, más que nada por lo que ha sido como padre.



-Más allá de condiciones técnicas y de jugar en el mismo puesto, tenés un biotipo diferente al de tu padre. Sos un base muy alto…


-Sí, pero siempre cuento que hasta los 16 o 17 años yo era un base más bien bajito. En dos años pegué dos estirones de 10 centímetros cada uno. Y pasé de ser un pase de un metro setenta y pico a ser uno de un metro noventa y pico. Esos centímetros me ayudaron y mucho más ahora.

-Tuviste un breve paso por Brasil. ¿Qué tal fue esa experiencia?

-Estuve un par de meses en Caxias do Sul, después de una Liga Nacional con Central Entrerriano. Me gustó haber estado en otro país, estuvo bueno. El contacto me lo hizo el “Negro” Carlos Romano. Y cuando estaba jugando allá, el propio Romano me llamó para venir a Quimsa y me volví. Otra vez estuve cerca de irme a jugar a Bolivia, pero me llegó una oferta de Argentino de Junín y me quedé.

-¿Te quedó como algo pendiente haber jugado un poco más en el exterior?

-Cuando era chico, a los 17 o 18 que jugaba el TNA para San Andrés, tuve una oferta para irme a jugar al Ferrara de Italia. Pero por una cuestión de que no tenía el pasaporte comunitario, no se dio. Me hubiera gustado pero no pudo ser.

-Sos uno hijo de la Liga Nacional. ¿Sentís que después de tantos años no ha evolucionado como debería haberlo hecho?

-Seguro. Es más, creo que en estos momentos se puede decir que ha involucionado. Por ahí voy a repetir mucho de lo que se dice. El sistema de juego a la mayoría no le gusta. Lo dicen todos. Los jugadores y los técnicos que estamos en esto. Lo vemos pero sabemos que no va a cambiar. Ahora tambié en la Liga Argentina y en la Liga Federal se juega de una manera con la que nadie está contento, pero los jugadores lamentablemente no tenemos peso y hay que aceptarlo como es.

-¿Se puede cambiar?

-Hoy por hoy, no parece factible. He visto y leido entrevistas con gente que tiene mucho peso como Sergio Hernández, Rubén Magnano, Julio Lamas, que opinan igual y nada cambia. Mientras el básquet lo siga manejando la misma persona, esto va a seguir así.

-Los jugadores, los entrenadores, el público y la prensa entienden que este sistema no es el adecuado. ¿Cuál te parece que es la razón de la dirigencia para mantener ese formato?

-Sinceramente, no lo entiendo. Los primeros años que yo jugué en la Liga, íbamos a jugar de visitantes y todas las canchas estaban llenas. Hoy no se ve público en las canchas. Obviamente que hay una cuestión económica del país. Pero también es falta de sentido común. Si un equipo juega tres o cuatro partidos por semana, la gente no puede acompañar porque el bosillo no le da. Antes eran dos veces cada dos semanas, viernes y domingos a la noche, que son días más amigables porque la gente tiene más tiempo libre. Tendrán sus razones, aunque uno no las entienda. Yo creo que no está bien, pero es mi opinión. Ojalá alguna vez se cambie.

-De aquel pibe que recién empezaba a este jugador actual de gran recorrido, ¿qué pensás que cambió o evolucionó en tu juego?

-Creo que el gran cambio que hice en los últimos años, como todo deportista que fue evolucionando, tiene que ver con la alimentación, ese cambio físico. Me comparo con mí mismo hace seis o siete años atrás, cuando todavía comía pastas, harina, e increíblemente, yo me siento mejor ahora. A los 38 años me siento bárbaro. Juego 35 minutos y al otro día estoy entero. Ese es un buen cambio. También, a medida que fue pasando el tiempo fui aprendiendo a hacer diferencias en el poste bajo, cosa que en mis primeros años no hacía. Y después, la madurez que te da el juego con la cantidad de años y partidos acumulados. Eso sí, un defecto que no pude mejorar demasiado a lo largo de mi carrera es el tiro. Hasta el día de hoy tengo esa carga. Me voy a retirar con esa falencia (risas).

-Al margen del sistema de disputa, ¿es una línda categoría la Liga Federal?

-Sí, a mí me gusta. Hoy por hoy, por la edad que tengo, la prefiero antes que la Liga Argentina, que tiene más partidos y muchas giras desgastantes. Eso no me vendría bien. Disfruto más el hecho de jugar uno o dos partidos por semana, algo más parecido a la Liga de antes, que te permitía entrenar bien durante la semana, descansar mejor y hacer buenos scoutings. Creo que el Federal es un lindo torneo. Ahora con tantos equipos, por ahí bajó un poco el nivel comparado con dos o tres años atrás. Es irremediable que pase eso en un campeonato con más de 100 equipos.

-¿Qué recuerdos tenés de tu paso por Quilmes?

-Me parece que tuve uno de los mejores años de mi carrera a nivel personal, por todo lo que viví. Todo el año fue espectacular y lo coronamos con el ascenso. Formamos un gran grupo y un excelente entrenador como Leandro Ramella, con quien aún hoy tengo una gran relación. Tuve la suerte de ascender en un club con mucha mística. Es diferente. Guardo un gran recuerdo y le tengo un gran amor por Quilmes.

-¿Jugar en Once Unidos significaba algo tan especial?

-Sin dudas. Creo que eso Quilmes lo está sintiendo. Jugar en el Polideportivo, en un estadio tan grande, no es lo mismo. Siempre cuento que el día que ascendimos, contra San Martín de Corrientes, dos horas fui a tirar al aro y las tribunas ya estaban casi llenas. Eso tiene Quilmes que lo hace muy distinto al resto de los equipos.

-¿Cuál es el superclásico de la Liga Nacional?

-Me ha tocado jugar varios. River-Boca; Quimsa-Ciclista Olímpico; Regatas-Belgrano en San Nicolás. Pero creo que como Quilmes-Peñarol no hay. Yo no lo pude jugar, pero viéndolo de afuera, ha sido el gran clásico. Ojalá en poco tiempo pueda volver porque esa rivalidad le hace muy bien a la Liga.

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