Opinión

Cristina y una oferta que no pudo rechazar

Por Jorge Raventos

 

Podía imaginarse que los últimos tramos antes de la oficialización de candidaturas para las PASO serían movidos y estarían cruzados por operaciones. Pero la realidad superó las expectativas: entre el jueves 22 y el viernes 23 el oficialismo archivó dos candidaturas presidenciales anunciadas públicamente y con ellas la perspectiva de una competencia interna en las PASO. En cambio, dio a luz una fórmula única que coloca a la cabeza de la boleta al ministro de Economía, Sergio Massa.

La movida desarticuló jugadas que, desde rincones opuestos del ring, habían urdido Cristina Kirchner y Alberto Fernández. Ella había pedido que la candidatura proyectara a un “hijo de la generación diezmada”, y había indicado sin otros detalles a Eduardo Wado De Pedro, fundador de la organización Hijos y uno de los pocos que acompañan a Máximo Kirchner en el vértice de La Cámpora. Fernández, por su parte, había convertido la realización de unas PASO competitivas en el oficialismo en una bandera de principios. Por el hueco que ayudó a generar esa excepcional intransigencia presidencial penetró la precandidatura de Daniel Scioli, que insistió en su voluntad de participar en la interna.

Desde las provincias (y, a través de ellas, de los municipios y el movimiento obrero) surgió un doble rechazo: a la competencia interna (que los gobernadores consideraron imprudente e inoportuna en las actuales circunstancias) y a la candidatura de De Pedro, que ni siquiera consiguió mantenerse en pie apuntalada por la posibilidad de que Juan Manzur, con los laureles del triunfo electoral en Tucumán, lo acompañara como vice. Los gobernadores (y los otros factores de poder peronistas) consideraron que la fórmula de De Pedro era la antesala de una derrota bochornosa, reclamaron una fórmula de unidad que tuviera potencia. Y propusieron a Sergio Massa.

Se lo dijeron a Fernández y éste, rápidamente (olvidando el reclamo de competencia y sus compromisos con Scioli) compró la idea. “Ustedes propongan a Sergio, yo pongo al vice y tres candidatos a diputados en posiciones expectantes”, les contraofertó, comprometiéndose a pedirle a Scioli que bajara su postulación.

Los gobernadores le comunicaron luego su doble rechazo a la señora de Kirchner, que también terminó aceptando. Así, Massa no llegó a la candidatura por elección de la vicepresidenta, sino de los gobernadores convertidos en voz del peronismo profundo. Una voz que demuestra más alcance que la de la jefa del kirchnerismo.

Los mandatarios del interior tuvieron el gesto político de no presentar el cambio como una imposición, sino como una propuesta que la señora no estuvo en condiciones de rechazar y que, por consiguiente, bendijo y escrituró. Massa, a quien se le había ofrecido el premio consuelo de una senaduría (que no aceptó), se quedó con la candidatura presidencial y dejó la senaduría para que el kirchnerismo premie la fidelidad de Wado de Pedro.

Que los gobernadores hayan exhibido su fuerza discreta y desbataran así las jugadas del Presidente y de la vice tal vez salvó a De Pedro de una eventual derrota ante Scioli, quien en muchas encuestas aparecía a la par de él o incluso superándolo.

La designación de Agustín Rossi como candidato a vice de Massa es un intento de contener a sectores de la izquierda K a los que les resulta extremadamente trabajoso digerir la candidatura de Massa, a quien razonablemente identifican con el motor de los acuerdos con el FMI. Rossi, de origen en el Frente Grande de Chacho Alvarez y kirchnerista de la primera hora, puede ayudar a que apuren el trago y voten disciplinadamente.

Algunos de esos sectores, de todos modos, ya adelantan que no lo harán: el economista Claudio Lozano, ligado a la CTA y dirigente de uno de los partidos que integran la oficialista Unión por la Patria (UP) declaró que “este cambio violenta todas las convicciones de la gran mayoría de los que acompañábamos la esperanza de Unión por la Patria (…) Unión por la Patria desapareció. No vamos a seguir en estos términos”.

Juan Grabois ya había adelantado en su momento que él no militaría por la candidatura de Massa. Probablemente esos sectores hayan conciliado alguna lista unificada de candidatos para presentar alguna alternativa, aunque no tenga gran significación electoral.

Los abanderados del cambio

En Juntos por el Cambio, Patricia Bullrich ya había destapado a su compañero de fórmula, el mendocino Luis Petri, un superduro admirador del salvadoreño Bukele que acompaña la actitud combativa de la Bullrich como la mano a un guante.

Horacio Rodríguez Larreta anunció que Miguel Pichetto será primer candidato a diputado por la provincia de Buenos Aires y, de ganar la interna y la general, le ha prometido la presidencia de la Cámara de Diputados. Pichetto es un hábil y experimentado tejedor parlamentario y, en tal caso, se convertiría en un artífice central de la política de acuerdos que Larreta tiene como eje. Larreta prolongó más de lo esperado el relativo secreto sobre su acompañante para confoirmar finalmente lo que todo el mundo descontaba: que se trataba de Gerardo Morales. Larreta probablemente quiso abrir un paréntesis para el anuncio hasta que Morales contuviera una situación jujeña que se desordenó en parte por cierta torpeza del gobernador. Entretanto, Facundo Manes declinó su precandidatura presidencial por el radicalismo. Así como Scioli no pidió nada a cambio de su renuncia a competir en la interna de la UP, Manes tampoco aceptó el premio de ninguna candidatura por dejar a su partido liberado de una primaria propia, cuando la mayoría de sus cuadros dirigentes consideró más práctico acompañar la lucha de facciones del PRO.

Hoy, domingo 24, en tanto, se dirime la elección cordobesa, prólogo de una ofensiva de Juan Schiaretti en el plano nacional. Su mirada sobre el “frente de frentes” y la convergencia política de fuerzas moderadas -en la que encontró oídos receptivos en la mayoría de los integrantes de Juntos por el Cambio pero que muchos analistas han dado sin embargo por agotada-, ingresará después de la elección cordobesa en una segunda fase.

Chaco y el silencio de los corderos

Entretanto, el domingo 18 de julio se votó en Chaco para dirimir las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, que nominaron candidaturas a gobernador y vice y a 16 bancas de diputados provinciales, además de algunos municipios. La situación política provincial estuvo inevitablemente contaminada por la desaparición y lo que se entrevé como el turbio asesinato de la joven Cecilia Strzyzowski, que se imputa a personajes que crecieron y financiaron su actividad política a la sombra del poder de Jorge Capitanich. El gobernador llegó al comicio jaqueado por acusaciones y por una activa movilización (principalmente en Resistencia) que se tradujo en las urnas.

Si bien en los comicios de 2019 el gobernador había hecho una elección de casi el 50 por ciento, superando a su adversario radical, Carim Peche, por poco más de 20 puntos, en estos cuatro años muchas expectativas que despertó su candidatura se han frustrado. Resistencia, la capital de la provincia, se ha convertido en la segunda ciudad con mayor pobreza de la Argentina (54 por ciento). El domingo 18, Juntos por el Cambio superó a la coalición de Capitanich tanto en la PASO provincial como en la de Resistencia.

Si bien en este caso se trataba de pujas internas y comicios primarios, es difícil que Capitanich consiga modificar sustancialmente la relación de fuerzas con la coalición opositora de aquí al 17 de septiembre, cuando tendrán lugar las elecciones “de verdad”, en la que estarán en disputa el Ejecutivo y el Legislativo de la provincia. Tendrá que pujar no sólo con sus adversarios directos, sino con la indiferencia y la hostilidad silenciosa de una amplia porción de la sociedad chaqueña que “vota con los pies” y se aleja de las urnas.

La elección chaqueña volvió a poner de manifiesto el descenso de la participación ciudadana que se ha observado en otras provincias. Sobre 993.000 empadronados y en condiciones de sufragar solo 528.545 (un 53 por ciento) concurrieron a las urnas, y de ellos, 47.906 votaron en blanco.

El desapego ciudadano ha crecido, por comparación con 2019, en diez de las provincias que ya votaron, pero ha descendido en cuatro (Tucumán, La Rioja, Misiones, Salta). Con todo, la mayoría (8) de esas provincias contabiliza una no-participación inferior al promedio (35 por ciento). En rigor, las que levantan marcadamente el índice de no-participación son Corrientes (47,7 por ciento), Chaco (47 por ciento), Tierra del Fuego (45,6 por ciento), Mendoza (42,5 por ciento) y Río Negro (38,4 por ciento).

El ausentismo electoral puede coexistir con el activismo y la movilización. Capitanich sufrió por las dos vías. El crimen de Cecilia Strzyzowski (un “tema policial”, según el gobernador, pero íntimamente ligado a la política por el involucramiento de sectores protegidos por el poder) y el reclamo de esclarecimiento de la sociedad chaqueña no recibieron respuesta oportuna ni de Capitanich ni del gobierno nacional, cuyos funcionarios “de género” y de derechos humanos, para algunos asuntos muy diligentes, se mantuvieron en este asunto discretísimos o desaparecidos, o se consideraron no incumbentes.

Jujuy y los profetas del odio

Los sucesos de Jujuy – 170 heridos, 60 detenidos por movilizaciones, cortes de rutas, agresiones y choques violentos entre manifestantes y fuerzas policiales, intento de incendio de la Legislatura, en el marco de dos conflictos paralelos: un reclamo de los docentes y una protesta contra la reforma de la Constitución provincial- vinieron a disimular ese mutismo. Aquí sí, el secretario de Derechos Humanos se movilizó inmediatamente en avión a la provincia, le reclamó al gobernador Gerardo Morales por la represión y gestionó una declaración de circunstancias del representante para América del Sur de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, Jan Harab, quien desde sus oficinas en Santiago de Chile instó a las autoridades provinciales y nacionales a investigar “todo indicio de violaciones de derechos en el contexto de las manifestaciones contra la reforma constitucional en Jujuy”.

El gobernador jujeño, nominado para acompañar a Rodríguez Larreta en uno de los binomios que competirán por la fórmula presidencial de Juntos por el Cambio, suele ser catalogado como un moderado, “una paloma” de la coalición opositora, seguramente por su proximidad al jefe de gobierno porteño. En todo caso, Morales canta la misma letra que Larreta (dialoguismo, ampliación de las bases de sustentación, etc.) pero con otra melodía.

En principio, Morales aplica un tempo acelerado: la reforma, que debía debatirse durante tres meses, fue despachada en 25 días. Él aplicó la idea del diálogo y el consenso en el marco de la Convención Constituyente (que, insólitamente, presidió en persona) y consiguió que el nuevo texto fuera votado por su bloque y también por el bloque peronista (los escasos convencionales trotskistas abandonaron las deliberaciones, con lo que la reforma no tuvo votos en contra).

Pero ese consenso de cúpula no tuvo consistencia, dada la densidad de los derechos y obligaciones que pretendía reglar. Dar ese consenso por bueno es como tratar de alzar una cacerola tomándola por la tapa. Si hubiera escuchado con atención a Rodríguez Larreta, lo habría oído insistir sin descanso en que no se trata de aprobar reformas en base a una mayoría circunstancial, porque eso no dura. Se trata de conseguir una amplia base social para que los cambios tengan larga vida. Por cierto, dialogar y consensuar supone estar dispuesto a renunciar a algunas pretensiones propias, hacer concesiones a las otras partes.

Morales no lo hizo de primera y tuvo que borrar con el codo algunos de los puntos de la reforma que había dado por aprobada. Esa concesión muestra que no es terco, pero probablemente no es el final del proceso. Tendrá que hacer al final y a un costo mayor lo que debe hacerse al principio.

La violencia que estalló en Jujuy ha sido considerada, tanto desde el campo kirchnerista como desde el bloque político-cultural-mediático de la oposición como “una muestra de lo que ocurrirá si Juntos triunfa en las elecciones de octubre/noviembre”. Esa coincidente pretensión adivinatoria es una amenaza, declamada desde el presunto victimario y también desde la presunta víctima. Si en el primer caso se le puede asignar un objetivo extorsivo (“prepárense, si votan a la oposición”), en el segundo no se termina de comprender el propósito: ¿se trata acaso de anticiparle a la ciudadanía que ante esa resistencia que se prevé en un kirchnerismo derrotado habrá que imponer –como teme Elisa Carrió- “ un orden que no proviene de la Justicia, de la República o de la represión respetando los derechos humanos, sino de la noción de un orden en el que hay que reprimir hasta matar si es necesario”?

Las dos caras de esa frase son una profecía de guerra

En ese sentido, la melodía que interpretó el gobernador Morales en Jujuy, por más que la letra tenga fragmentos memorables, es esencialmente contradictoria con el proyecto que dibuja Larreta, no ha sido funcional a la búsqueda de un consenso y acuerdos en el centro del espectro político, sino a la lógica polarizadora de los halcones de ambos campos de la grieta. No trabaja para la armonía, sino que extiende el desorden.

Las tensiones que se observan en el país, donde el espíritu faccional o corporativo prevalece y alimenta la fragmentación y la desarticulación, subrayan lo que es indispensable alcanzar: una autoridad central fuerte y representativa, asentada en el encuentro, en un número de coincidencias básicas y en un espíritu de unidad nacional y justicia. Sólo de allí puede emanar un orden estable y un poder con capacidad real de hacerlo respetar.

Habrá que atravesar las PASO para descubrir, quizás, la primera emergencia de liderazgos dispuestos a debatir constructivamente ese programa de acción.

 

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