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La Ciudad 3 de septiembre de 2026

El alemán que cruzó el océano, compró una casa que “flota en el bosque” y quiere vivir 20 años de diversión en Mar del Plata

Thorsten Hilker se instaló en una singular residencia en Chapadmalal el pasado diciembre y, desde entonces, no regresó a su país natal. A casi un año de su llegada, conversó con LA CAPITAL sobre sus motivaciones para elegir la ciudad como su lugar de vida, sus pasatiempos e impresiones de su nuevo hogar.

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Argentina, con sus costumbres y paisajes inigualables, ha sabido conquistar a un sinnúmero de extranjeros, profundamente enamorados de nuestro territorio en todas sus expresiones y latitudes. Mar del Plata y sus alrededores no son la excepción: así ocurrió en el caso de Thorsten Hilker, un alemán de 59 años que llegó por primera vez a la ciudad en octubre de 2025 y decidió, incluso antes de asentarse definitivamente, que este era el lugar en el que quería pasar el resto de su vida. 

A casi un año de su llegada, Thorsten conversó con LA CAPITAL sobre sus impresiones de la ciudad y la gente que la habita. “Siempre me gustó Argentina, no sé por qué. Tenía este… sentimiento. Nunca había estado acá, pero por el fútbol, por la gente, por la diversidad climática… Siempre sentí simpatía por Argentina. También por Maradona y Messi”, confesó.

Oriundo de Drebber, un pequeño pueblo de no más de tres mil habitantes situado al norte de Alemania, Thorsten comenzó a evaluar otros lugares para vivir motivado por lo que describió como “la crisis que afecta a la Unión Europea”. 

“Primero busqué en Chipre, aunque las propiedades son muy caras allí. Luego consideré Namibia, que de alguna manera es como Alemania, porque hablan el mismo idioma… pero no quería vivir en el desierto. Y entonces, de repente, pensé: ‘Wow, Argentina podría ser una opción’”, contó.

Fue entonces que el algoritmo de las redes sociales lo condujo hasta un video publicado por la inmobiliaria Robles Casas & Campos, en donde se recorre la residencia que lo convencería de establecerse a más de 12.000 kilómetros de su país natal. Se trata de Casa Moro, un proyecto del arquitecto Guillermo Elgart, del Taller de Arquitectura Mar del Plata (TAM). 

Sentir el bosque, los pájaros, ese clima de vivir entre los árboles, el sentarte bajo su sombra, escuchar las hojas rozarse en los días de viento. En ese ambiente se construyó Casa Moro”, describió el estudio.

Construida en Barrancas de San Benito, Chapadmalal, por decisión de Thorsten la vivienda mantuvo la denominación de sus comitentes, Cristina y Germán Moro, quienes pasaron tres años convirtiendo aquel espacio en su hogar antes de emigrar a Estados Unidos. Entre risas, sostuvo: “No puedo entender cómo no quisieron quedarse acá, pero mejor para mí. Además, ‘Casa Hilker’ no sonaba tan bien”.

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El edificio parece estar elevado con un efecto flotante, sostenido por esbeltas columnas que permiten que el paisaje fluya con naturalidad por debajo. La construcción se emplaza en 274 m2 sobre un terreno arbolado. La visión de los arquitectos y de sus clientes priorizó la integración de la casa con el entorno, sin alterarlo. Por sobre todas las cosas, prima el respeto por la naturaleza, puesto que “ella estaba ahí antes de que llegáramos”, describió TAM. 

Finalmente, en septiembre de 2025 Thorsten decidió tomarse tres semanas de vacaciones para conocerla, y conocer el país. Con el inglés como su segundo idioma y sin hablar español, atravesó el proceso de migraciones gracias a la ayuda de Robles. “Nunca había estado en Argentina antes. Fui a Buenos Aires, Mar del Plata, Uruguay… por supuesto, recorrí esta casa. Y dije: ‘Ok, la compraré”. 

El nombre de su anterior dueño —Germán, palabra que en inglés significa “Alemán”— también representó una suerte de presagio para Thorsten. Motivado por lo que describió como “la crisis que se instaló en Europa”, decidió “huir de la Unión Europea”, se instaló definitivamente en el país en diciembre del año pasado y, desde entonces, no volvió a Alemania. 

“Ya no pude soportar la crisis económica y energética inducida por las locas decisiones de los políticos. Producir se volvió muy costoso, por lo que las compañías dejan Alemania para irse a China o Hungría, por ejemplo. Y además tenemos una enorme crisis migratoria, en la que cada año ingresan miles de inmigrantes desde Siria o el norte de África… se volvió un gran problema. La Unión Europea es extraña”, manifestó. 

En la región germana aún viven su hermana y dos primas. Allí, tiempo atrás, se desempeñó dentro del área informática como consultor de IT. Hoy vive de lo que en alemán se conoce como “privatier”, es decir, alguien que se sustenta de los ingresos que generó durante su vida.

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Luego de sus breves vacaciones para conocer el país, volvió a su pueblo, “organizó sus cosas” y regresó el 20 de diciembre. “Compré la casa y en enero organicé una fiesta de bienvenida al vecindario a la que asistieron cerca de treinta personas. Treinta amigos. Tengo muchos amigos, los argentinos son tan abiertos”, se alegró. 

Si bien casi todos hablan inglés como su segundo idioma, Thorsten aseguró que planea aprender español. Además de disminuir la barrera comunicacional con sus nuevas amistades, durante uno de sus viajes a Buenos Aires encontró otro motivo para introducirse aún más en la cultura argentina: en julio conoció a Claudia, su pareja, con quien planea casarse en los próximos meses. 

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Instalado en la tranquilidad que ofrece la casa y el barrio en el que fue construida, Thorsten cuenta entre sus pasatiempos el golf y el tenis aunque, menciona, tuvo que abandonar este último por una reciente lesión. 

Las características del entorno fueron valoradas por Thorsten a la hora de decidirse por la casa. “Cuando me contacté con Martín Bussetti —uno de los agentes inmobiliarios de Robles—, me dijo que el lugar quedaba en un barrio privado de Chapadmalal, un poco alejado de Mar del Plata. Pensé: ‘Perfecto’. Es una zona tranquila, y si deseo ir a algún lugar más concurrido, puedo llegar en quince, veinte kilómetros en auto”. 

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Sobre los atractivos de la ciudad, destacó la Peatonal San Martín, de la que se declaró fanático: “Me encanta la peatonal, me gusta lo turístico… y también el Casino Central, su ambiente, la ruleta…”. Quizás por su cercanía geográfica, su playa preferida es Luna Roja. “Hay otras muy lindas en Mar del Plata, pero aquella es la mejor”, aseguró.

Sin embargo, señaló el estado de la vía pública como una de sus preocupaciones. Según expresó, las calles marplatenses “tienen muchos agujeros, huecos”, por lo que se le dificulta manejar. “La ruta hacia Mar del Plata no está tan mal, pero hay algunos sectores…”, agregó, con gesto de desaprobación.

“Una de las cosas que más me gustan de este país es que todo el mundo quiere ayudar. Podés ir al supermercado, o a donde sea, y todos querrán ayudarte, no sé si porque soy el ‘alemán loco’ o por qué… pero en Alemania esto no ocurre de esta manera, no son tan amables como en Argentina”.

Sobre la edad en la que llegó a Mar del Plata, a sus 59 años, bromeó: “Muy tarde… pero, por otro lado, serán veinte años de diversión en Argentina”.



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