La Ciudad

Cuando las familias pioneras entraron en disputa por el título de “fundador”

En 1920 un nieto de Patricio Peralta Ramos y un hijo de Pedro Luro confrontaron por medio de cartas enviadas a LA CAPITAL. El rol en la fundación de Mar del Plata de los dos grandes pioneros de la ciudad fue el eje de la discusión.

Por Fernando del Rio

De un lado, la pluma precisa y dolida de Arturo Peralta Ramos. Del otro, el cuidado estilo para la réplica de Pedro Olegario Luro. En el medio, un intercambio epistolar con el propio diario LA CAPITAL como foro de discusión y en el que las acusaciones cruzadas apuntaron a honrar los roles en la fundación de Mar del Plata, aquél de su abuelo y éste de su padre.

El 1° de marzo de 1920 en el diario LA CAPITAL se reprodujo la nota que una “Comisión Pro Homenaje a don Pedro Luro” envió al Concejo Deliberante para fundamentar que, el 10 del mismo mes, se autorizara la colocación de la piedra fundamental para un futuro monumento en la entonces plaza Pedro Luro, que antes había sido la plaza América y que luego adoptaría su nombre definitivo de plaza San Martín.

El motivo de la conmemoración era nada menos que el centésimo aniversario del nacimiento de Luro, pionero en el desarrollo de Mar del Plata y gran impulsor de todo tipo de actividad comercial y social.

Esa nota se publicó al día siguiente en el diario La Razón de Buenos Aires y fue allí donde Arturo Peralta Ramos la leyó con gran indignación a raíz de una frase que entendió injusta e inexacta. La frase cuestionada decía textualmente: “La fecha del centenario de su nacimiento señala al pueblo de esta ciudad, surgida de la nada al soplo de su genio creador”. Para peor consideración de Peralta Ramos, ese pasaje de la nota correspondía al discurso que Pedro Olegario Luro había dado el 28 de diciembre anterior en el marco del acto de colocación de una placa de bronce en el lugar en donde ahora se iba a levantar el monumento.

Ejemplar de LA CAPITAL en ocasión de la celebración por el centenario del nacimiento de Pedro Luro.

Obligado a defender a su abuelo Patricio Peralta Ramos de lo que él calificaba como una afrenta a la historia y a su condición de “fundador de Mar del Plata”, Arturo, de por entonces 43 años, se decidió a escribir una carta enviada con tono vehemente y asertivo para responder a “una nota que nadie firma”. Era cierto, en las publicaciones periodísticas nadie más que la Comisión Pro Homenaje se acreditaba la autoría del texto.

“Bien pues: este pueblo no ha surgido de la nada gracias al genio creador del señor Luro. Consta, al contrario, en instrumentos públicos, debidamente protocolizados, que, cuando el señor Pedro Luro vino al puerto de Mar del Plata, existía en él un pueblo fundado, trazado y delineado, “con un templo de piedra, un molino harinero, un saladero (que se le cedió con todos sus útiles y enseres al señor Luro, gratuitamente), escuela, botica, casas de comercio, un muelle y numerosas habitaciones de piedra, madera y ranchos”, señaló Peralta Ramos.

La misiva continuaba: “El terreno, su edificación, como toda la comarca, pertenecía a mi finado abuelo don Patricio Peralta Ramos, quien donó gratuitamente a la provincia, dentro del área del pueblo, todos los terrenos necesarios para edificio y servicio públicos. El pueblo fue trazado de su peculio, con calles de caudrante y veinte varas de ancho y con siete plazas de 200 varas de lado”.

Tras referirse al decreto del 10 de febrero de 1874 firmado por el gobernador Mariano Acosta que autorizó la fundación, Arturo Peralta Ramos concluyó en que quedaba “solemnemente rectificado el concepto equívoco de que este pueblo surgiera del ‘genio creador’ del señor Pedro Luro, cuya aseveración ante esta municipalidad es una falta de respeto a la misma, pues tiende a complicarla en el designio injustificable y odioso de despojar de sus legítimos títulos la memoria de un argentino generoso y progresista”.

Eso sí, antes de despedirse con el objetivo cumplido del “deber filial”, Arturo Peralta Ramos fue lapidario: “Que el señor Pedro Luro fuese ‘el más grande benefactor y un precursor de las ideas y tendencias sociales modernas de confraternidad humana y filantropía’, creo poder asegurar que no hay ningún documento público que pruebe tales cosas”.

La respuesta

Pedro Olegario Luro contaba en esa época con 59 años y ya había sido director del Banco Provincia, diputado provincial y diputado nacional. Además, junto a Gregorio de Laferrère y Honorio Luque había fundado en 1911 la ciudad de Gregorio de Laferrère, en el partido de La Matanza. Era médico también. Tenía un recorrido social imponente.

Frente a la oposición de Arturo Peralta Ramos a que su padre sea considerado el fundador de Mar del Plata, envió a LA CAPITAL una carta, el doble de extensa que la otra.

Patricio Peralta Ramos

“Me propongo demostrar -escribió- a la luz de antecedentes cuyo valor probatorio apreciará el lector, que hay en el remitido del señor Peralta Ramos además de un tono airado que no alcanza a disimular la corrección de la forma, un cúmulo de apreciaciones erróneas y de afirmaciones de flagrante inexactitud”.

“Ni yo ni los que llevan mi apellido han salido nunca a la palestra para reivindicar títulos a la consideración pública por lo poco que hayan podido hacer en bien del país y sus progresos. Si me aparto hoy de esta actitud invariable, es tan solo porque el señor Arturo Peralta Ramos ha elegido precisamente las dos ocasiones recientes en que el pueblo de Mar del Plata ha querido consagrar definitivamente la obra de mi padre en este lugar, para discutirla y aún negarla en los términos más rotundos y agraviantes para la verdad y la justicia”, agregó con el ímpetu de quien enarbola el derecho a la réplica.

En un pasaje de la respuesta, Luro mencionó a cierta revista publicada siete años antes y en la que, en un capítulo titulado “Antecedentes históricos sobre los orígenes y formación de Mar del Plata” se había incorporado un retrato de su padre con el epígrafe “El verdadero fundador de Mar del Plata”. En ese texto de consulta, en donde no se desconocía el antecedente de que en el año 1874 Peralta Ramos había solicitado al gobierno provincial la autorización para fundar “en un campo de su propiedad con frente al mar un pueblo que se llamaría ‘Puerto de Mar del Plata'”, finalizaba con un segmento que Luro transfirió a su carta, asegurando que “hemos registrado archivos, leído periódicos y crónicas y recogido referencias de personas respetables para establecer la historia verdadera de la fundación de la hoy floreciente ciudad atlántica. Su origen legal no debe confundirse con su origen real. Solicitar de acuerdo con las leyes de la Provincia la formación de un centro urbano no importa en todos los casos un derecho legítimo e indiscutible para ser considerado como su verdadero fundador. Este es precisamente el caso respecto de Mar del Plata”.

Un dato clave que Luro utilizó para contraponer las afirmaciones de Peralta Ramos fue una transacción inmobiliaria por una legua y un quinto de tierra, en el ejido de Mar del Plata. Esas extensiones habían sido vendidas por Peralta Ramos y terminado en poder de Luro, en condominio con Jacinto Peralta Ramos para, luego, lotearse y ser comercializadas.

La pugna por una

justicia histórica

Arturo Peralta Ramos se halló nuevamente en la necesidad de contestar y para evitar que el tiempo que le demandaba escribir su nueva carta conspirara contra el interés general, se presentó en la redacción de LA CAPITAL. Su intención era avisar que estaba en proceso su descargo final.

Un par de días más tarde, una nota que abarcó la extensión de casi una página llegó a todo lector marplatense y capitalino. En ella Arturo Peralta Ramos se enfocó a documentar con fechas todo el historial de su abuelo en la región hasta remarcar que “el 14 de noviembre de 1873 inició ante el gobierno de la Provincia de Buenos Aires el expediente para que se reconociera al pueblo ya pujante como pueblo de Mar del Plata”. Arturo Peralta Ramos transcribió todo el petitorio para demostrar que quien fundó la ciudad fue su abuelo y en uno de sus párrafos decía: “La localidad de este pueblo irá sobre el puerto, llevando su nombre Mar del Plata. En él hay agua potable en abundancia y vertientes naturales”.

Al final ya de su última carta, Peralta Ramos, casi en tren de conclusión, señaló que “en mi exposición no he hecho cargo ni al pueblo ni a las autoridades de Mar del Plata: me he limitado a llamarles la atención sobre la propaganda sistemática que se hace con el propósito de complicar en el designio injustificado y odioso de despojar de sus títulos la memoria del fundador de Mar del Plata, don Patricio Peralta Ramos. Quedan así, pues, suficientemente aclarado por ahora los motivos que me indujeron a publicar mi carta en reclamo de títulos que la posteridad consagra solo cuando la actuación de los hombres se ha destacado con claridad meridiana”.

En el medio de la discusión se sumaron dos miradas externas, la del escribano Manuel Canata y el ingeniero Carlos Chapeauroge.

Canata, que integraba la “Comisión Pro Homenaje a don Pedro Luro”, resaltó que “hace cuarenta años que estoy radicado aquí y en mi escribanía, la primera abierta al público para guardar sus actos notariales y recoger las primeras palpitaciones de su organismo económico, se registran todos los antecedentes relacionados con los orígenes de Mar del Plata”.

Para Canata, el mérito de Luro era total al calificarlo “sin hipérbole, el padre de los pobres y, como tal, muy querido por ellos. En la colocación de la piedra fundamental de su monumento el miércoles de la presente semana figurarán como testigos vivos de su temple excepcional los sobrevivientes de aquellos años ‘en que no hubo más acción que la suya’, como precursora de la acción vigorosa de sus hijos y de cuantas personas prestigiosas han elaborado posteriormente la grandeza actual de Mar del Plata”.

El monumento de Pedro Olegario Luro cuando estaba en la rotonda del Golf y la calle Don Arturo, en el Bosque Peralta Ramos.

Chapeauroge, en tanto, explicó que “en 1873 fui autorizado por el señor Peralta Ramos a instancias mías, para proyectar la traza del pueblo, con sus quintas y chacras, dándole, él mismo, el nombre de Mar del Plata” y luego agregó que después de 1874 ” Jacinto Peralta Ramos y su cuñado, Juan Barreiro, compraron a don Patricio Peralta Ramos casi todo el ejido. Más tarde, Barreiro vendió su parte a Pedro Luro y fue en el año 1879 cuando practiqué la división de los lotes de pueblo, quintas y chacras entre los dos condóminos, don Jacinto Peralta Ramos y don Pedro Luro, comenzando desde entonces el gran desarrollo de la localidad”.

“A Patricio Peralta Ramos le corresponde la idea y creación de la ciudad, contestando todos los gastos inherentes a su fundación; a Pedro Luro, el fomento y realización de obras en la población que le dieron resonancia; corresponde, pues, a ambos el mérito de la fundación y desarrollo de esta importante ciudad, sin excluir la parte que en ellos corresponde a Jacinto Peralta Ramos”, concluyó.

LA CAPITAL, a manera de salomónico cierre publicó que “la opinión que se ha dividido en dos bandos, o sea, los peraltistas y los luristas, se define simplemente por razón de simpatías, porque en realidad los ‘leaders’ de uno y otro hacen reposar sus alegatos en documentos públicos, que en su caso atribuyen el acto al señor Peralta y otros al señor Luro, quienes en todos aparecen respectivamente como dueños de la tierra y generosos donantes”.

La historia y la ciudad terminaron por reconocer ampliamente a Patricio Peralta Ramos y a Don Pedro Luro. Pero no solo a ellos, el recuerdo también alcanzó a los dos confrontantes epistolares. La calle principal del Bosque Peralta Ramos lleva el nombre de Don Arturo, mientras que una estatua de Pedro Olegario Luro durante años se sostuvo en un pedestal de la “Rotonda del Golf” y actualmente se la puede ubicar en la Villa Mitre.

 

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