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Opinión 16 de junio de 2026

Cuando moverse se vuelve un privilegio

Por Facundo “Apache” Villalba (*) 

 

 

Durante la última década, el valor del boleto de colectivo en Mar del Plata creció muy por encima de los ingresos de los trabajadores, haciendo que viajar por la ciudad sea cada vez más caro. Si tomamos como punto de partida la llegada de la alianza Cambiemos al gobierno municipal, los números son contundentes. En diciembre de 2015 el boleto costaba $5,90. Hoy cuesta $1.922. Esto representa una suba superior al 32.000%. Sin embargo, el dato más preocupante aparece cuando esa evolución se compara con los ingresos. En el mismo período, el Salario Mínimo, Vital y Móvil creció alrededor de un 5.970%. La diferencia es evidente. Hace diez años, un salario mínimo permitía comprar más de mil viajes en colectivo. Hoy alcanza para apenas 180. En otras palabras, la capacidad de compra de quienes dependen del transporte público se redujo drásticamente. Esta realidad impacta especialmente sobre trabajadores, estudiantes, jubilados y miles de vecinos que todos los días necesitan trasladarse para acceder al empleo, la educación, la salud o realizar cualquier trámite. Porque el transporte no es un gasto más. Es una condición indispensable para ejercer derechos y participar plenamente de la vida económica y social de la ciudad. Por eso, comparar la evolución de los salarios con la tarifa del transporte resulta fundamental para dimensionar el verdadero impacto de los incrementos sobre el bolsillo de los usuarios.

Ahora bien, en un contexto de alta inflación como el que atravesó nuestro país durante estos años, también es válido preguntarse si semejante aumento puede explicarse por la evolución de otros precios de la economía. Tomemos como ejemplo la nafta súper. A comienzos del período analizado, el litro se comercializaba en Mar del Plata en torno a los $15,10. Actualmente ronda los $2.138. Esto representa un incremento acumulado cercano al 14.030%. Es decir, la nafta aumentó menos de la mitad de lo que aumentó el boleto de colectivo. Por supuesto que sostener el sistema de transporte tiene costos crecientes. Pero los datos muestran que la tarifa evolucionó muy por encima de variables clave como los salarios e incluso por encima del propio combustible. También resulta útil comparar la tarifa con ciudades de características similares a la nuestra.

De esa comparación surge que Mar del Plata se encuentra entre las ciudades con el boleto más caro de la Argentina, por encima de ciudades como Córdoba, Rosario, Bariloche o Mendoza, una situación que vuelve todavía más gravoso el acceso al transporte público para miles de vecinos. En una ciudad que enfrenta problemas de empleo, caída de la actividad económica y centros comerciales con cada vez más locales vacíos, cada nuevo aumento del boleto profundiza una dificultad cotidiana para miles de marplatenses. La discusión de fondo no debería limitarse a cuánto cuesta sostener el sistema. La verdadera discusión es cómo garantizar que los vecinos puedan seguir accediendo a él. Porque cuando viajar se vuelve un privilegio, también se restringen las oportunidades de quienes más necesitan moverse para trabajar, estudiar, acceder a la salud o simplemente disfrutar de nuestra ciudad. El transporte público no puede analizarse únicamente como una ecuación de costos. Debe ser entendido como una herramienta de integración social y desarrollo económico. Y cuando el precio de un derecho crece mucho más rápido que los ingresos de quienes lo necesitan, vale la pena preguntarse si el rumbo elegido es el correcto.

(*) Referente del Movimiento Evita y director del IPAC (Instituto Provincial de Asociativismo y Cooperativismo)

 



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