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Opinión 9 de mayo de 2019

Cuidándonos en las calles

por Roberto Benzo
[email protected]

Imaginemos un país en el que los siniestros de tránsito que dejan más muertos que treinta y ocho catástrofes como la de “Cromagnon” o diez Guerras de Malvinas cada año. Ahora adicionemos a los datos anteriores los miles de parapléjicos, lisiados y discapacitados múltiples que han quedado postrados para toda la vida. Si en medio del espanto aún queda en nosotros alguna capacidad de asombro pensemos que se trata de una realidad que se refleja idéntica a sí misma en los últimos años.

Pués bien, sin quitar ni agregar nada, allí tenemos la dramática realidad del tránsito hoy en la Argentina en general y en Mar del Plata en particular. Sin ir más lejos en este fin de semana.
Pero como además no está nada bien eso de consentir el horror, todo esfuerzo por modificar el panorama debe ser bienvenido.

En el año 2018 fallecieron en la República Argentina 7.274 personas cifra que se mantiene estable desde hace una década. Ciertamente no constan en el estudio las decenas de miles de heridos e incapacitados involucrados.

Aunque más no sea, por aplicación de aquel principio tomado de los orígenes del derecho: “no dañar a otro”, la prioridad debería desplazarse entonces a la protección de la integridad física y patrimonial de los terceros absolutamente inocentes, víctimas en cada siniestro..

En esa línea de pensamiento es necesario sancionar con la mayor decisión las actitudes de desprecio por la vida y los bienes ajenos y muy particularmente situaciones como las que siguen:

Uso del teléfono celular durante el manejo. Práctica extendida a niveles de pandemia. No sólo viola la obligación para el conductor de conducir con toda la atención y la idoneidad necesarias como lo exige el art. 51 inc.3)-Ley 11.430, -por cierto que, aunque resulte elemental, manejando con las dos manos sobre el volante- sino que representa un radical desplazamiento del centro de atención del conductor desde las circunstancias del tránsito hacia el tenor de la conversación que está manteniendo, con gravísimos riesgos potenciales para terceros inocentes. Se trata de una conducta intencionalmente dolosa y así debe ser considerada, sea con celulares convencionales o “manos libres”. La patología reconoce un agravante letal en los “mensajes de texto” y similares.

Exceso de velocidad. Cualquier marplatense puede identificar avenidas y arterias que representan verdaderos circuitos de carrera. La velocidad máxima de 60 km./h en avenidas, 40 km./h en calles y 20 km./h en intersecciones no semaforizadas, debe ser escrupulosamente respetada y, naturalmente, vigilado su cumplimiento.
Alcoholemia, drogadicción, etc. Ciertamente, y aunque resulte obvio de toda obviedad, los comportamientos suicidas de una parte de los conductores no puede ni debe involucrar bajo ningún aspecto a persona ajena alguna.
Vehículos con vidrios polarizados. Prohibidos expresamente por la ley nacional y provincial de tránsito, integran una numerosísima categoría de automóviles que circulan por nuestras calles. Más allá de los graves problemas que generan a otros conductores al dificultar la visión del tránsito, de entorpecer la práctica plena del manejo defensivo y de la virtual imposibilidad de verificar otras infracciones (vg. el uso del teléfono celular durante el manejo), conducir “encapuchado” por la ciudad es un mensaje claro para las autoridades y para la comunidad: 1) Se puede violar la ley de manera sistemática y notoria (infracciones de ejecución permanente) y 2) La impunidad es absoluta. “Que lo vean todos, total no pasa nada”.

Automotores sin seguro de responsabilidad civil hacia terceros vigente (art.92-Ley 11.430). No es justo que a las incontables y gravísimas penurias sufridas por las víctimas en atención a los daños físicos y psíquicos padecidos, se las revictimize con un severo perjuicio patrimonial porque el responsable de las tropelías es alegremente “irresponsable e insolvente”. De acuerdo a los estudios de las aseguradoras aproximadamente el 50% de los vehículos circulan sin seguro por las calles de la ciudad.

Conductores de motovehículos y bicicletas sin el casco reglamentario. El remanido argumento “total es mi cabeza”, no tiene el menor asidero. La cabeza será del motociclista pero las consecuencias las paga toda la sociedad. En primer lugar el mismo y toda su familia pero luego la comunidad toda cuando las guardias de los hospitales se ven colapsadas por politraumatizados en siniestros de tránsito (el Hospital Regional, particularmente) que privan o demoran la atención de otros pacientes, idéntica situación se verifica en los centros de recuperación (el INA.RE.P.S, por ejemplo), etc.

“Una transgresión sin sanción–mucho más si es pública y evidente- es una incitación irresistible para el conductor desaprensivo a cometer otra más grave y así en una espiral sin fin”.

V.-Algunas humildes ideas

Ante la evidente ignorancia de la ley de tránsito sería conveniente realizar una instrucción sistemática y eficaz de unas pocas nociones básicas sumamente trascendentes para el resultado buscado:

1) La prioridad del conductor que avanza desde la derecha en una intersección de calles no semaforizada es absoluta respecto del vehículo que viene desde la izquierda, salvo las excepciones contempladas por la ley

2) La prioridad del peatón que atraviesa la calzada por la senda peatonal (demarcada o imaginaria) es absoluta con relación al tránsito vehicular.

3) El conductor debe anunciar en todo tiempo (día y noche) con antelación necesaria (p.ej. aproximadamente 50 metros en calles y 100 m. en avenidas) la maniobra a realizar mediante la utilización de la luz de giro, balizas, etc.

4) Respetar estrictamente las velocidades permitidas y conducir con toda la atención puesta en el tránsito realizando “manejo defensivo”.

5) Mantener siempre la distancia reglamentaria con el vehículo de adelante.

En principio, alcanzaría con “grabar a fuego” en los conductores (por ejemplo reiterándolas en todo tiempo en los cursos de manejo y de obtención de la licencia, con campañas específicas, obleas adheridas obligatoriamente al parabrisas frente al conductor, en las audiencias en los Juzgados de Faltas, etc.) aunque más no sean únicamente esas modestas cinco nociones básicas para comenzar a mejorar el tránsito ciudadano.

Quien sabe, transitando estos caminos y seguramente otros más que cada lector pueda imaginar, es posible que lleguemos a mejorar este flagelo en el que nos va la vida.
* Abogado-Docente universitario
Facultad de Derecho-Universidad Nacional de Mar del Plata