Opinión

Cultive la paz, olvide la épica y gobierne por fin

por Gerardo Gómez Muñoz

El sordo ruido de su épica imaginaria ora lo transporta al intendente Carlos Arroyo a las arenas crueles de Normandía ora a las cumbres de los Andes. Ya sucumbió secundando en el funambulesco desembarco a su estratega José Cano. Ahora la pelea es directamente de liberación total como la de San Martín cruzando la Cordillera aunque sea “en pelotas como nuestros hermanos los indios”. Sus delirios ya no “engrupen” a los marplatenses, como la primera vez en que confundió a Mauricio Macri que al escucharlo quiso ver en él a “un Pepe Mugica criollo”. Más directos y bichos nuestros vecinos comienzan a murmurar que, en realidad parece estar en el gobierno como estaban los indios, a los que se refería el Padre de la Patria.

Ahora, sin salirse una pizca del escenario funambulesco que frecuenta, el enemigo son todos los opositores que osan contradecirlo, porque avalado por el 48 ciento de los votos recogidos y el poder presuntamente total que, en estos casos permitiría la democracia, ha decidido hacer -en criollo- lo que se le cante, les guste o no a los opositores. Su desvaída democracia nada dice de los derechos a reclamar medidas de gobierno, a cuestionar decisiones con las que no se esté de acuerdo, a exigir el debate en aquellas ocasiones en que el interés de los representados lo demande.

Menos se le va a ocurrir a un Arroyo “auténtico” y encolerizado lo que se pueda decir de su amenaza de hacer simplemente lo que él decida por encima de los modos de la democracia y de la sana exigencia de perfeccionarla desde el ejercicio del gobierno y a ejercerla como salvaguarda de los derechos de todos y de la exigencia mínima de la convivencia.

Ha sido Arroyo en toda su trayectoria política un entusiasta seguidor y representante de políticos más castrenses que cívicos como el “carapintada” Breide Obeid, el ex comisario Patti, hoy condenado y algunos otros. Por eso no puede extrañar tampoco que la palabra desestabilización le ronde como excusa cuando llega el trance democrático apurado desde la oposición de discutir y consensuar la acción de gobierno. Esos rasgos autoritarios no sorprende cuando se recuerda que, además de los citados, uno de sus jefes en algún momento político, fue Seineldin quien predicaba que la teocracia debía ser la forma de gobierno porque la autoridad era delegación divina.

La carga de protestas va a seguir, presumiblemente, porque el elenco porteño lo ayuda todo lo que puede, pero no podrá erradicar la tendencia a las bravatas y complejos autoritarios lo que alentará la ola de protestas que ya está en marcha e irá en aumento en estos días. Pero si sigue en este camino podrá llegar en breve a la necesidad de la sanación que a alto precio pagado por el gobierno de CABA, a la que acudió una vez Macri o a la ecuatoriana que una vez desinfectó e hizo la sanación del despacho presidencial para librarlo de las malas ondas que dejó Cristina y que esta semana vuelve para otra brujería.

Guerra de palabras

La insólita postura de Arroyo contra la oposición porque se le exige desde todos los sectores la renuncia de la secretaria de Educación Ana Crovetto, no apaciguó a nadie. Tampoco abrió cauces su posterior ofrecimiento de que se discuta el tema con otros funcionarios del gobierno, sin la presencia de la cuestionadísima de Educación.

Logró sí que los docentes municipales con el secretario general del sindicato, Antonio Gilardi, a la cabeza de una columna de tres cuadras de adherentes se encaminaran hasta la Municipalidad demandando la renuncia de Crovetto.

La amenaza de descuento salarial por los días de huelga originó otro traspié al jefe comunal por parte del la mayoría del Concejo Deliberante que votó el rechazo a tal quita y simultáneamente alentó una andanada política que incluso horada la coraza de irreprochable ética con la que quiere lucirse Arroyo.

El concejal del Frente Renovador Lucas Fiorini le tiró plomo pesado, no sólo a la falta de gestión y al desempeño indefendible de Crovetto sino que apuntando al pecho denunció “la pyme de familiares y parientes que ha instalado en la administración municipal, donde la suma de esos conchabos ronda los 500 mil pesos mensuales, es decir unos 12 millones de pesos anuales y que haya designado hasta hoy a unos 80 funcionarios políticos”.

Agregó que eso amerita también indagar qué hacen esos novísimos beneficiados del erario comunal para qué están los técnicos y asesores que han sido designados desde Buenos Aires. Cerró con una conclusión de peso: “¿Para qué se hizo, entonces, la emergencia económica?”. También minimizó la importancia de lo que haya hablado con el ministro de Aranguren “si nunca se puso al frente al reclamo de todo Mar del Plata, nosotros en una semana o poco más colectamos 10 mil firmas de vecinos que peticionan y, además, la Cámara habilitó el recurso de amparo contra las facturas que había rechazdo el juez López”.

Además, Daniel Rodríguez edil del FpV, tras insistir una vez más que el intendente se decida a gobernar, luego de seis meses de inacción, protestó “porque no dialoga con nadie, ni atiende, ni escucha a nadie”. Concluyó Rodríguez con un tiro venenoso “la única emergencia que aquí hace falta es la emergencia de gestión del gobierno”.

Por su parte Claudia Rodríguez también sumada a la protesta educacional hizo referencia a la falta de atención de los problemas de la comunidad. Y por primera vez -otro logro de la bravuconada- se manifestaron hombres del radicalismo, socio del gobierno, como el concejal Luis Rech, socios en disconformidad pública con actitudes de su intendente.

Vacío de los partidos

Las necesidades y las angustias de la gente, derivadas de la situación económica y de medidas desacertadas o insuficientes de los gobiernos, en nuestro país tradicionalmente y tras el primer paso por los títulos e imágenes periodisticas, recalaban en lo más íntimo de los partidos populares para traducirse inmediatamente en movilizaciones en búsqueda de soluciones.

Hoy es de lamentar, que si no existiesen las ONGs, las entidades sociales, la prensa y las organizaciones libres del pueblo como decía el general Perón, algunos concejales, algunos diputados, algún funcionario, los dramas diarios y por la subsistencia de los desvalidos pasarían lejos de los que deben acudir de urgencia como es su obligación. Esto está sucediendo ostensiblemente en nuestra ciudad.

El peronismo en su variopinta conformación suple con sus agrupaciones sectoriales la ausencia del partido como organización que con el peso de su estructura se pusiera al servicio de los necesitados y presionara urgiendo a los gobernantes. Obviamente esa dirigencia inactiva, desmemoriada e indolente vuelve a la hora anunciada para la pelea por los cargos.

Tan lastimosa por lo menos es la imagen que brinda la formación más que centenaria y de origen nacional y popular, la UCR, obvio. Pero más abajo esta página de hoy analizará largamente su situación. La tercera fuerza el Frente Renovador, ni siquiera tiene a la vista autoridades orgánicas. Pero, menos mal, cuenta con concejales que suplen con largueza a un FR virtualmente acéfalo. Especialmente Lucas Fiorini, Alejandro Carrancio y el grupo del gremio gastronómico con Mercedes Morro a la cabeza y “La Carrillo”, prácticamente lideraron los inicios del reclamo por el tarifazo, por los recortes presupuestarios en educación y salud y otros desbandes de la dupla Cano-Arroyo, más el rechazo inicial al cobro del ingreso a los polideportivos barriales y a la falta de pago a las asociaciones de fomento.

Acción Marplatense que después de un comprensivo descanso para lamer las heridas y reorganizarse, tuvo en la concejal Claudia Rodríguez y en Débora Marrero el esfuerzo de jugarse con un recurso de amparo que luego del inexplicable rechazo del otras veces muy generoso juez López, la decisión de Cámara reabrió el camino a favor de la gente avasallasada por el tarifazo del gas .

Pero todos los partidos estuvieron lejos de ponerse al servicio y al frente de una lucha que significara un apoyo sustancial a las necesidades de la gente puesta entre la espada y la pared por un poder insensible y abusivo.

Holgada y felizmente las entidades sindicales, sociales, vecinales y hasta empresarias, suplieron y siguen haciéndolo, a los partidos políticos que no casualmente, están muy lejos de lo esperable como mostrando síntomas de una crisis que parece cercana.

La gallina distraída

“Provoca cierta indignación ver que los radicales hacen como si no fueran gobierno”, se dice entre las bancadas de oposición. “Ya sabemos que en el pasado han conspirado para quedarse con los sillones que no supieron ganar con votos en la calle, pero es una vergüenza que no se hagan responsables”, señalaba en el café de la esquina alguien que sueña con que habrá futuro gubernamental para él y los de su partido.

Resulta ser que en los últimos días ha empezado a ejecutarse un maniobra de diferenciación de la UCR con Arroyo. Como si no fueran parte de la alianza que ganó las elecciones el 25 de octubre, describen a veces los problemas del gobierno municipal hablando de “ellos”. Según se ve, ni la educación, ni la salud, ni la cultura, ni la seguridad interpelan desde el plano de sus responsabilidades a los concejales radicales. Parece que Cambiemos, desde esa perspectiva, fue una alianza para juntar votos, no para generar soluciones. La pretenden sacar barata pidiendo autocríticas que no hacen ellos mismos y buscan una diferenciación ilegítima con los actos de un gobierno que los tiene como responsables irrenunciables.

“Ellos invitaron a la gente a sumarse a esta aventura, ahora lo que tendrían que hacer es trabajar para que Mar del Plata no siga paralizada y a los tropezones” insistía el aspirante que hasta ahora sólo consolidó sus sueños. Habrá que ver que ocurre, pero lo cierto es que no se ve a nadie por el centenario partido con ganas de hacerse cargo de responder por el presente griego. Mas bien lo contrario: si llueve es el clima, si hay crisis son lo otros y si no pasa nada (de nada) ellos miran el techo.

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