Arte y Espectáculos

Daniel Ruggiero, el músico que busca universalizar el bandoneón

Daniel Ruggiero lanzó su segundo disco, "Bandoneón de concierto", en el que resume el estudio sobre un instrumento sensible pero nuevo para la historia de la música. La relación con Piazzolla y su padre, también bandoneonista.

Hijo del músico Osvaldo Ruggiero, quien fue parte de la Orquesta de Osvaldo Pugliese, Daniel Ruggiero es un estudioso del bandoneón y también compositor. En 2004 debutó en el terreno de la composición con Quasimodo Trío y desde entonces, recorre su camino con un lenguaje propio y la impronta de empujar una evolución del tango. Fruto del arduo trabajo con un instrumento sensible y amplio en matices es el segundo disco que acaba de ver la luz: “Bandoneón de concierto”.

 


Escuchá el disco acá:

 

 

 


“Este disco es el corolario de años de experiencia como bandoneonista y compositor y de mis estudios de dirección orquestal”, reconoció el artista a LA CAPITAL. “Profundicé mis conocimientos en la música académica en todas sus épocas y sentí esa íntima necesidad de dejar el testimonio de estas experiencias y la intención de dar otro relieve al instrumento”, agregó.

Si bien se mueve en los sonidos del tango, el material de estudio busca mostrar las enormes potencialidades del bandoneón, un instrumento que para Ruggiero espera tener aún su rol trascendente en otros ritmos populares, más allá de la música ciudadana.

“Creo que el bandoneón es muy valorado en el mundo por su rol fundamental en la historia, evolución y presente del tango, pero no es considerado de la misma manera en el resto de las músicas populares, salvo el chamamé, o la música académica. Quizás por su carácter de instrumento ‘nuevo’, con poco más de 150 años de existencia”, explicó.

En esta entrevista, el músico analizó la relación con su padre a través de este mismo instrumento, su legado, al tiempo que recayó en la figura de Astor Piazzolla a la hora de bucear en la búsqueda de su estilo personal.

-En el disco se percibe una leve necesidad de desvincular el bandoneón del tango, de universalizarlo. ¿Puede ser?

-Sin dudas el disco, entre muchos significantes, busca darle un tratamiento no tan usual a este instrumento, intentando ponerlo en el plano de solista frente a un marco orquestal y con un lenguaje profundamente tanguero y elementos de la música universal.

 


 

 


 

-¿Cuánto influyó Piazzolla al momento de buscar tu propia manera de tocar, tu estilo?

-Por supuesto. Astor Piazzolla, como tantos otros grandes del bandoneón y el tango, ha influido en mi forma de tocar y de hacer música. En el caso particular de Piazzolla, siento la necesidad de realzar su legado más importante a mi entender, que es tan enorme que trasciende su inabarcable y bellísima obra. Es la de un músico incansable en su búsqueda de manifestar su particular visión del género, alguien que estudió con compositores de música académica para hacer su tango, alguien que dejó cientos de composiciones, que formaba un grupo con repertorio nuevo cada vez y a los pocos años lo disolvía y armaba otro, y donde siempre dejó entrever su capacidad de trabajo, además de la cantidad y calidad de sus conocimientos.

-¿Heredaste el amor por el bandoneón de tu papá, Osvaldo? ¿Cómo fue esa relación de padre e hijo atravesada además por tocar el mismo instrumento?

-La relación con mi viejo fue algo muy lindo, siempre nos decía a mí y a mi hermano, lo bueno de trabajar con la música. Ese amor por lo que hacía, esas ganas de seguir avanzando. En el momento de su fallecimiento estaba trabajando para grabar y editar un nuevo disco. Una frase que siempre recuerdo es la que nos decía: “Si ustedes viven de la música, van a trabajar en un lugar donde la gente quiere pasarla bien”. Esta frase ha quedado marcada a fuego en mi memoria, junto con inolvidables encuentros, cenas, partidos de truco junto a sus grandes amigos y sobre todo con Osvaldo Pugliese, con quien compartimos sus últimos momentos. Estrictamente en lo musical, pocos momentos; nosotros éramos chicos y la música y el bandoneón llegaron algo después. En un punto siento haberme rebelado de esa especie de mandato, que también fue su enseñanza. En el año 1968, junto a seis compañeros de la Orquesta de Osvaldo Pugliese, formaron el Sexteto Tango, uno de los más impresionantes grupos de la historia, injustamente relegado. La tradición del género es innovar. Hoy le agregaría que ser auténtico y ser actual también forman parte de la tradición de un género con algo más de un siglo de existencia, que en su corta pero intensa historia abarcó tantos estilos que esa condición evolutiva es parte de su ADN. Siento que ese es uno de los legados más importantes que mi padre me ha dejado.

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